La Tercera Opinion

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Location: Cordón, Montevideo, Uruguay

Saturday, May 20, 2023

 Bielsa, el agua, los niños, y nuestros fanatismos.


Según informa la prensa, Marcelo Bielsa, el reconocido DT argentino, cobrará US$ 4 millones al año más un plus mensual de US$ 330 mil, que se repartirán con todos sus colaboradores, para llevar a nuestra celeste selección de fútbol a la máxima gloria posible, durante el Mundial de Estados unidos, México y Canadá, 2026. En caso de cumplir los 39 meses completos, el entrenador de 67 años recibirá US$ 13,6 millones. Se trata del contrato más caro en la historia para un seleccionador de Uruguay, duplicando la cifra con respecto al salario que tenía Oscar Washington Tabárez (maestro y prócer de La Celeste).

Inversión generada por los ingresos, y desde el bolsillo sacrificado, de todos y cada uno de los uruguayos que tanto se quejan por otras cosas, pero se fanatizan con el fútbol. Emocionalidad pura pues, una vez más, ante la racionalidad que tanto nos cuesta aceptar. Y si; es inútil negarlo; los uruguayos vivimos persiguiendo sueños y éxitos, dentro de los cuales nos sintamos todos “más uruguayos que nunca”. Pero sintiéndonos, a su vez, más diferentes que nunca. Y lo grave es que esas diferencias, en lugar de canalizarlas a través de razones intelectuales, las canalizamos a través de emociones viscerales.

Y yo no pretendo ser “aguafiestas”, de nada ni de nadie, pero veamos otras realidades que se juegan, al mismo tiempo, dentro de nuestra sociedad. Ante la actual -he histórica -crisis de agua potable que afecta a buena parte del país, la Institución de Educación Primaria, autorizó la compra de agua mineral embotellada en las escuelas de Montevideo y Canelones. Las partidas de dinero son exclusivas para la elaboración de alimentos, de la copa de leche y el vaso de agua de los niños que tienen el almuerzo incluido. Pero la racionalización del agua incluye -y esto es para reflexionar -que “en el almuerzo el agua se brindará a requerimiento y no se servirá en forma previa”. Y cuidado; porque en ese sentido, ¡el cálculo estimado es de un solo vaso de agua por niño, a la hora de la ingesta!

Sin embargo, ante esta crucial realidad, nuestros brillantes parlamentarios se destratan, unos a otros, haciendo un show entre ellos mismos, de ¡12 (si, doce) horas de interpelación a los jerarcas gubernamentales, para convencernos si tenía la razón el anterior gobierno con un proyecto de represa que hubiera costado U$S 100 millones, financiado por la CAF, o si es mejor el presentado por el actual gobierno, por (finalmente ajustado) U$S 210 millones, ejecutado por empresas privadas, y por el cual el estado pagará durante 28 años una cuota fija de US$ 39,8 millones anuales. O sea, en definitiva, nadie nos regala nada, nos financian, pero deberemos pagarlo todos los uruguayos. 

Bueno; ¡es algo así como que, en lugar de pagar la obra al contado, la metemos en la tarjeta de crédito a 28 años! Financieramente, pienso que es un buen negocio. Porque lo que arriesga la empresa con sus millones, en un mundo tan dislocado como el actual, es un problema de ellos.

Y es que verdaderamente somos raros los uruguayos. Fíjense que nadie se queja de que, para traer al Señor Bielsa a dirigir unos geniales muchachos que patean una pelota, los uruguayos pagamos millones de dólares en entradas, para ver los partidos, allí donde sean; las empresas pagan millones por promocionar sus productos, la Intendencia Municipal y el Estado, ganan millones para poder brindar sus servicios, mientras que hoy, a nuestros niños, en nuestras escuelas, debemos brindarles un solo vaso de agua por niño, y a la hora de la ingesta.

Quizá con esos U$S 13,6 millones que pagamos al Bielsa por tres años y poco, para enseñarnos a patear una pelota en equipo, y durante siete años más (10 en total) lo cual haría unos U$S 136 millones, más algún pequeño préstamo internacional, tendríamos agua hasta para regalar, por muchos años, financiando gran parte de una de nuestras represas, para no dejar sin agua potable a nuestros niños. ¿Se han puesto a pensar? ¿Es o no, una responsabilidad de todos?

Nota: Una recomendación extra que a nadie se le ocurrió aportar, recomiendo recoger y utilizar, los cientos o miles de litros de agua producida por los aires acondicionados, y que diariamente,  inundan las aceras de nuestras calles y hasta molestan a los transeúntes. Es un agua ideal para regar las plantas (no tiene agregados químicos), para lavar los baños, los patios, las mismas aceras, ropa, y otros menesteres. Y con esos litros ahorrados, y bien utilizados, pagan el consumo del aire acondicionado. ¿Qué tal?

 

 

Sunday, May 07, 2023

 ¿Qué les pasa, hermanos argentinos?


Soy uruguayo; tengo excelentes amigos y algunos familiares en la hermosa República Argentina. ¿No tengo acaso derecho a expresar, desde mi país, lo que creo, responsablemente, una opinión que, aunque en una milmillonésima posibilidad, pueda aportar algo, simplemente algo, a ese conflicto existencial expresado en torpes políticas económicas, financieras, y sociales, que desde hace demasiado tiempo ya, están denigrando y empobreciendo a ese país hermano, hermoso, productivo, y sobre todo, muy humano?

Si alguien me quiere putear, que me putee, si alguien me quiere negar, que me niegue, si alguien me quiere odiar, que me odie; pero conste que será si no tienen mejores argumentos para contrarrestarme, y, fundamentalmente para desacreditarme, por intentar, modestamente, aportar algo por el cariño que les tengo. No soy un analista internacional de prestigio, ni un representante de altos organismos internacionales que deciden el bien y el mal, según nuestras conductas y necesidades. Tampoco uno de estos nuevos izquierdistas que han proliferado, diciendo ser peronistas.

Soy un simple ciudadano, como cualquiera de ustedes. Y ojalá los que me lean sean simplemente aquellos ciudadanos de a pie, como se dice, y no los que siempre tienen el sartén por el mango. Y que son los que han protagonizado la gran vergüenza, que ha metido a la Argentina en este fango. SI, perdónenme; pero sus representantes políticos no han sido lo que se esperaba de ellos. ¡Y ustedes lo saben mejor que yo!


¡Mi Dios! ¡Tantos y tantos años de fracasos, y tantos y tantos mesías que prometieron lo mejor, y los hundieron cada día en lo peor! ¡Y hay quienes todavía siguen aferrados y enamorados, de esos fracasos! No los entiendo hermanos argentinos. Ustedes son un pueblo culto; no hay duda, y de una y mil manifestaciones -artísticas, culturales, médicas, en innovaciones e investigaciones, en emprendimientos productivos, ya sean agrícolas, tecnológicos, o industriales -lo han demostrado.  ¿Y entonces?

¿Van a seguir eligiendo a aquellos que por más tiempo más los han engañado? Yo no soy quien para atreverme a decirles lo que tienen que hacer. Simplemente, y como hermano, les pido que esta vez, más que con la emoción, piensen con la razón. Promesas y engaños, hubieron demasiadas. Y decepciones también. Sigo atentamente lo que pasa entre ustedes, como ustedes siguen lo que pasa entre nosotros. Hemos tenido diferencias, algunas veces muy duras para nosotros, pero nos hemos respetado.

Y los tiempos nos han dado la razón. Hoy recibimos a muchos de ustedes para convivir entre nosotros, con lo mejor que pueden y saben hacer. Y lo agradecemos. Lo mismo que ustedes recibieron a tantos de los nuestros, y les ofrecieron una vida mejor. Y también lo agradecemos.

Fíjense en los hechos, los números, y los resultados. Analícenlos en los tiempos, y saquen sus conclusiones. Como hicimos nosotros.  Recuerden aquella tonta, pero ilustrativa reflexión, referida a los supuestos beneficios a otorgar a los pueblos; “En lugar de regalarles un pescado, enséñenles a pescar”. Porque así podrán ser dueños de su futuro, independientemente de quien, a través de sus regalos, los quieran dominar.

Está bien; es cierto; no he escuchado últimamente, y cuando más se necesita, un solo político, ni un solo planteo, que ponga sobre la mesa una propuesta creíble que pueda integrar a los argentinos todos, como tal, más allá de pretender mantenerlos, una vez más, en las mismas cuevas, y con los mismos argumentos con los cuales los han decepcionado.

Y si; es cierto; los pueblos se equivocan cuando no tienen verdaderas opciones para elegir. Pero entonces no son los pueblos los culpables del fracaso, sino aquellos a quienes les dieron su confianza. Ustedes están, cerca ya,  de nuevas elecciones que, esta vez, más que nunca, pueden determinar su futuro. Porque ya la arruga se estiró demasiado. Les deseo suerte; mucha suerte. Porque la necesitan, más allá, incluso, de sus decisiones. Más allá de sus emocionales emociones, y sus racionales razones. Ya no hay tiempos para nuevas, y gratuitas, equivocaciones. Los quiero, de verdad, y les envío un muy fuerte abrazo de hermano.

Alberto Rodríguez Genta