La Tercera Opinion

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Sunday, December 05, 2021



Chile y Nietszche; entre los apolíneos y los dionisíacos..

Un nuevo y crucial desafío interpela hoy a nuestra realidad sudamericana.  La apuesta de Chile, un país hermano, ante la incertidumbre que significan sus fuertemente polarizadas elecciones presidenciales. Las cuales demuestran que su población -lamentablemente -no ha logrado aún, superar la división que dejó una dictadura.

Los resultados de la primera vuelta de estas elecciones, solo dejó incertidumbre, de cara a la segunda vuelta del próximo 19 de diciembre. Y lo increíble es que, en esta oportunidad, el electorado ha marcado un claro distanciamiento de los partidos tradicionales. Hasta el punto en que un chileno radicado en el exterior, desde allá, y sin siquiera venir a votar, obtuvo el voto de casi un 13% de los electores. Bueno, recordemos que el hartazgo de los partidos tradiciones y el surgimiento de nuevos mesías progresistas y salvadores, marcó la entrada del nuevo siglo.

Con una muy baja votación en general, el ultraderechista José Antonio Kast de 55 años, obtuvo el 27,91% de los sufragios chilenos, seguido muy de cerca por Gabriel Boric, de 35 años, cabeza de la coalición de izquierdas, con el 25,81% de las voluntades. Pero el tercer lugar fue sorpresivo: se lo llevó Franco Parisi, del Partido de la Gente con el 12,82% de los votos. Un candidato producto de una campaña virtual, en el sentido más literal de la palabra, pues no pisó terreno chileno en todo el proceso, ni participó en ningún debate: lo hizo todo sin moverse de EEUU, país en el que reside.

¡Qué quiso decir la gran mayoría del pueblo chileno con todo esto? Que dentro de los partidos tradicionales no hay nadie que los convenza mayoritariamente con una propuesta intermedia, creíble y concreta. ¡Ni demasiados conservadores ya probados, Kast - de padre nazi, admirador de Bolsonaro y considerado un heredero de Pinochet -ni demasiados izquierdistas radicalizados -Boric, 20 años menor, representante del Frente Amplio y el Partido Comunista! Y por eso, muchos prefirieron al no residente Parisi.

Me pongo en el lugar de los chilenos y sus temores, y entiendo por qué no la tienen nada fácil. ¿Volver al pinochetismo con sus brutales métodos dictatoriales que marcaron su historia a sangre y fuego, o lanzarse a las aguas del comunismo con todas las experiencias frustradas, vividas en países hermanos?

Y esto es lo que ha pasado una vez más, cuando las sociedades no se ponen de acuerdo mayoritariamente para seleccionar y designar a sus representantes políticos en base a propuestas creíbles y argumentos razonados, basados en beneficios que lleguen a toda la nación. Superando los mezquinos intereses ideológicos y personales, que terminan favoreciendo a unos pocos y empobreciendo a unos muchos. Y deben tomar decisiones entre candidatos que no merecen su total confianza, viéndose obligados a decidir entre dos males, y actuando por impulsos emocionales, promesas mediáticas, y titulares de prensa.  

Eso pasó en Venezuela, cuando la miopía e ineficiencia de los partidos tradicionales, en los sucesivos gobiernos, mostraron fracasos tras fracasos, y empobrecimiento económico y social en forma endémica. No había partidos ni soluciones intermedias. ¿Y que opción les quedaba entonces a los venezolanos ante tremenda decepción? Bueno, la única.  Confiar en un nuevo Mesías que tuvo el atrevimiento de desafiar el statu quo, amenazando con un golpe de Estado al presidente, y quien, reivindicando la nacionalidad y los valores nacionales, y los derechos de los más perjudicados, terminó glorificado, en prisión. La vieja práctica de crear víctimas y victimarios.

Y a Chávez lo convirtieron en víctima, encarcelado, y a los ayer beneficiados con la confianza del pueblo, los convirtieron en victimarios despreciados. ¡Yaya! ¿Otra vez la historia de Jesucristo? ¡Verdaderamente debería darles mucha vergüenza!

Y si; era lo único que había, aunque pudiera significar un salto al vacío. Un Mesías venezolano más, para después, en su momento, volver a echarlo en la hoguera. Y el nuevo mesías se dedicó en un principio a hacer lo que había que hacer (para lo cual no se necesitaban grandes luces intelectuales) y a complacer a quienes debían ser complacidos. Lo cual ni eran tan complicado, ya que riquezas sobraban.

¡Pero luego Chávez repitió la historia, repartiendo las vestiduras entre los fariseos, cómplices extranjeros ávidos deseosos y necesitados, quienes se hicieron un festín con las riquezas de los venezolanos! Y por algo Nietszche aseguraba que “todo lo ocurrido, volverá a ocurrir“.     

¿Era tan difícil acaso darse cuenta de estas inequidades, de estas fallas sociales, de estas imprescindibles necesidades, que han sido tan comunes dentro de nuestra región?  Y es que algo similar a esto (dentro de otra cultura) se venía incubando (mezclado con algún cuba libre) en la realidad de nuestros hermanos chilenos, y las falencias e inequidades por tanto tiempo postergadas en materia de educación, de salud, y tantos otros beneficios sociales. En un país considerado exitoso por su desarrollo económico, y con suficientes riquezas naturales como para incluirlos a todos.

¿Fueron necesarios los exacerbados, desbordaos, y enardecidos movimientos populares que, hartos ya de la miopía y la mezquindad de no compartir los beneficios, quemaron y destruyeron medio país obligando a ser escuchados en una nueva Constitución?

Por eso yo me resisto contra la estupidez humana. Sea de ultraderecha, de ultraizquierda, o de ultramierda. Y porque esto es una calesita de nunca acabar. Creo que los pueblos se equivocan porque la equivocación, en democracia, es la condición indispensable para alcanzar la madurez cívica y ciudadana. Y porque de sus conflictos se nutre la necesidad de los cambios. Como bien lo expresaba Alvin Toffler, el gran predictor del futuro, ya en los años ’70, y en su libro El shock del futuro, un verdadero best seller, “El conflicto es el otro lado del cambio –no hay conflicto no hay cambio –y no vele la pena poner atención a ninguna teoría social o de negocios que ignore el conflicto”.

No les deseo a mis hermanos chilenos un conflicto entre extremos de apolíneos y dionisíacos, aquellos seres tan extremos entre la virtud y el vicio a los cuales refería Nietszche en su libro “El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música”. Pido simplemente un entendimiento entre seres humanos tan virtuosos como voluptuosos, desde el espíritu de una nación que necesita cambios, para seguir incluyendo y enriqueciendo a su sociedad.

Estoy seguro que lo van a lograr. ¡Viva Chile, mierda!

Alberto Rodríguez Genta

argentaster@gmail.com