La Tercera Opinion

Saturday, September 08, 2007

A las “Cuentas del alma”.


En la noche del Jueves 7, nos encontramos en la entrada del edificio, con mi amigo Alfredo. Fue otro encuentro casual, producto del proveernos del pan de cada día, en la vecina panadería. Alfredo es un hombre joven y un ser humano sumamente sensible, considerado y respetuoso, con toda la carga emocional y perceptiva que ello lleva a cuestas. Debe ser como un cuarto de Siglo menor que yo, y casi desde el mismo momento en que nos conocimos, establecimos algo que más allá de una simple “simpatía”, se transformó en “empatía”. Luego de hablar casi una hora en la calle acerca de sus temores por los acontecimientos políticos inéditos que se están produciendo en el país, lo invité a tomar un café en mi apartamento, en el cual estaba con mi hijo Sebastián, de 12 años. De la política pasamos al mundo de los libros, de los pensamientos y los pensadores, de los sentimientos y las percepciones, de los seres humanos y sus emociones. Alfredo le regaló unos hermosos consejos a mi hijo, y yo le regalé un poco de lo poco que he aprendido, por el solo hecho de haber vivido. En la madrugada, me regaló por el correo electrónico estos bellos conceptos que quiero compartir, como aporte a las “Cuentas del alma” de cada uno de ustedes.

Estimado amigo Alberto:
De verdad gracias por una velada tan agradable. Gracias por el café, por poder escucharnos, cada cual, sus respectivas ideas. Que agradable el intercambio de pensamientos y de vida viva con gente sensata y buena. Que bonito, compartir contigo y tu hijo, el anochecer de un día. Son estas, las cosas que reconfortan mi alma, aquellas que se acreditan en las "cuentas" de las que te hablé cuando aún estábamos abajo en la puerta del edificio. ¿Te acuerdas? Son las cuentas del alma. Fe, esperanza, confianza... autoestima señalaste tú en ese momento, como otra cuenta necesaria. Fe, esperanza, confianza y autoestima son todas cuentas DE UNA CUENTA MAYOR QUE SE LLAMA "AMOR".
El caballero Sebastián
Envejecemos y dejamos de creer, de tanto coñazo, dejamos de creer. Algunas cuentas se van a cero. Cosa terrible, cuando alguna de las cuentas del alma quiebra. Se pone en juego la vida del ser. Cuando esas cuentas se agotan, el ser humano sensato, sano, bien criado, se seca y muere de tristeza. Por eso es tan importante que esas cuentas del alma permanezcan siempre en positivo. Hoy, tú y tú hijo, hicieron un abono en mis cuentas, en las cuentas de mi alma. Mi fe, mi esperanza, mi confianza en la humanidad se revitalizan con estos encuentros. Me hacen saber que hay gente buena y honorable en la que se puede creer.Un abrazo para tí y el caballero Sebastián. Alfredo

Argenta
Septiembre, 2007