La Tercera Opinion

Monday, April 22, 2013

Venezuela, Chávez, Capriles y Maduro.



En estos momentos a Venezuela le hace falta un gran mediador. Como están planteadas las cosas, no hay voluntad de diálogo y de entendimiento por ninguna de las dos partes. Y esto es algo que yo ya lo venía advirtiendo durante mis últimos años en aquel querido país, trabajando muy estrechamente con las comunidades vecinales. Comenzaré por aclarar que la oposición nunca quiso reconocer a Chávez como nuevo representante de una parte –gran parte –de una población excluida, olvidada, y peligrosamente desconocida por el resto de la sociedad. Grave error. Y ello, como consecuencia, llevó al movimiento chavista a radicalizarse ante los ataques de la oposición. Los resultados, están a la vista.


El error de la oposición, es que dejó de ser opción. El error del modelo chavista, es que produjo otra exclusión. Inspirado en el modelo cubano, excluye la participación de la actividad privada y pretender erigirse en la única opción de distribución de una riqueza, mayormente originada y sustentada en el petróleo, y no en el potencial creativo de la gente. La opción de Henrique Capriles, su opositor, es más abierta y participativa; él se ha sabido ganar tanto la aceptación de obreros y empresarios, como de ricos y pobres por igual, consolidando un liderazgo en el Estado Miranda, uno de los más grandes, más desiguales e inequitativos de Venezuela.

¿Quiénes son Capriles y Maduro?

Henrique Capriles representa una opción más que interesante. No viene de los vicios de los fracasados partidos nacionales. Se trata de un grupo de jóvenes, mayormente profesionales, que desencantados del sistema tradicional, fundaron un nuevo partido: Primero Justicia, que comenzó por rechazar el establishment, antes de Chávez, y atacar las causas y orígenes de un país avergonzado de sus fracasos, tanto económicos como sociales. Henrique es un profesional joven, con una destacada trayectoria política que lo llevó a responsabilidades de relevancia en el quehacer político Venezolano. Fue el último y más joven Vicepresidente del extinto Congreso de la República y Presidente de la Cámara de Diputados entre 1999 y 2000, hasta la disolución del congreso bicameral y la entrada en vigencia de la Asamblea Nacional.

Fue electo alcalde del Municipio Baruta del Distrito Metropolitano de Caracas en julio de 2000 con el 62,99% de los sufragios, y reelecto en 2004 con el 78,83% de respaldo popular. Posteriormente se postuló con el apoyo de todos los partidos políticos de oposición a las elecciones regionales del 2008 a Gobernador del estado Miranda, venciendo al oficialista Diosdado Cabello, con el 53,11% de los votos. Fue reelecto al cargo para el período inmediato a finales de 2012 con el 51,83% de apoyo.

Durante 2012, como precandidato en unas elecciones primarias elaboradas por la Mesa de la Unidad para escoger al abanderado de la oposición para la elección presidencial de ese año, resultó favorecido con 64,2% de los votos totalizados; unos 1.9 millones de sufragios. Tras varios meses de campaña y con el apoyo de una treintena de partidos políticos, en las elecciones del 7 de octubre de ese mismo año, obtuvo el 44,31% de los sufragios frente al 55,07% de Hugo Chávez. En 2013, ante el fallecimiento de Chávez y un nuevo llamado a elecciones nacionales, acortó su diferencia con el chavismo a tan sólo 1,80 % de los votos. Con todos estos antecedentes, ¿es como para desconocerlo? ¡Tiene tan sólo cuarenta años de edad! Vaya si hay madera de liderazgo para tallar!

Nicolás Maduro es un político y sindicalista venezolano, actual Presidente de Venezuela. Anteriormente ocupó los cargos de Ministro de Relaciones Exteriores (2006 - 2013) y Vicepresidente ejecutivo (2012 - 2013). Durante su gestión como ministro de Exteriores, contribuyó a tender puentes que estrecharon los vínculos del gobierno de Chávez con varios países, participando de forma activa en la firma de acuerdos bilaterales con China, Rusia e Irán, así como en el ingreso de Venezuela en Mercosur.

Ex-militante de la Liga Socialista, trabajó entre 1991 y 1998 como conductor en el Metro de Caracas, donde llegó a dirigir su sindicato y como tal fue miembro de la junta directiva de esa empresa pública. Está casado con la ex procuradora general de la República y expresidenta y diputada de la Asamblea Nacional de Venezuela por el Distrito Capital, Cilia Flores, a quien conoció cuando ella fue la abogada de Hugo Chávez después de la rebelión militar de 1992 y ésta gestionara un indulto ante Rafael Caldera. Maduro conocería a Chávez en 1993, cuando lo visitó en la cárcel, y desde entonces se volvería un activista por su liberación.

En la década de 1990 pasó a formar parte de las filas del MVR, partido con el que participa en la campaña presidencial de 1998 en la que Hugo Chávez resulta electo Presidente de Venezuela. Fue elegido diputado de la Asamblea Constituyente de 1999 que redactó una nueva Constitución ese mismo año, para posteriormente ser elegido diputado para la Asamblea Nacional en 2000, cargo en el que fue reelegido en las elecciones legislativas de 2005, logrando poco después ser designado presidente del parlamento.[

Como vicepresidente, Maduro asumió las funciones administrativas []y económicas durante la enfermedad del presidente Hugo Chávez. Al morir Chávez el 5 de marzo de 2013, Maduro asumió la jefatura de Estado y de Gobierno como «presidente encargado de Venezuela» hasta la celebración de elecciones presidenciales, cargo que juró el día 8 del mismo mes. [Finalmente, el hombre al cual Chávez nombró como su sucesor político ante una eventual desaparición física, es elegido Presidente de la República Bolivariana de Venezuela en las elecciones celebradas el 14 de abril de 2013. Tiene 51 años y fue elegido con el 50,6% de los votos. Y no hay duda de que representa a media Venezuela.

Habla Venezuela.

Pero aquí no se trata de mirar a los personajes, sino a las personas involucradas. Ni Henrique Capriles puede ignorar a ese 50,6%, (7.575.506) de los venezolanos que creyeron y creen en el sueño que les vendió Chávez, ni Nicolás Maduro puede excluir al 48,9%, (7.302.641) que ve el futuro del país de una forma distinta. El desafío para Venezuela es encontrar, urgentemente, un puente, una visión común que integre los sueños, intereses y necesidades de ambas partes. Para unir a los venezolanos es necesario hacerles entender que para incluir a todos, no es necesario excluir a nadie.

Existen dos hechos, a esta altura, que hablan bien claro acerca de las preferencias de los venezolanos. En el referéndum del 2 de diciembre del 2007, en el cual se consultó a la población sobre un cambio en la Constitución que permitiera introducir el sistema socialista y la reelección indefinida, el pueblo, y entre ellos buena parte de los mismos chavistas, votaron NO. Es cierto, fue la única elección que perdió el chavismo; pero era sin duda la más trascendental para la revolución de Chávez. Chávez echó chispas, insultos, recriminaciones y groserías, “Sepan administrar su victoria pero ya la están llenando de mierda, es una victoria de mierda y la nuestra, llámenla derrota, pero es de coraje, es de valor, es de dignidad” –dijo ante las cámaras tragándose su propia..¿bilis? Lo mismo que podría decirle hoy la oposición a su heredero político, Nicolás Maduro.

Algo quedó claro en aquel momento; la mayoría de los venezolanos –aún los simpatizantes de Chávez -no quería el modelo socialista cubano que quería implantar su líder. Por más que él siguió despotricando contra esa mayoría de su pueblo, y se las ingenió, mediante una Asamblea Nacional cautiva, para implementar las medidas habilitantes que le permitieron seguir desconociendo esa realidad.

El otro hecho concreto es que, después de haber votado mayoritariamente por él en octubre del 2012, 7.444.082 venezolanos, contra 6.151.544 de la oposición (una diferencia de 1.292.538); en abril del 2013, le restaron el voto a su heredero político ¡más de 1.000.000 de votantes! (Diferencia: 272.865)

Mi opinión.

Nunca más cierta aquella expresión de que a veces perdiendo, también se gana. Y de que a veces ganando, también se pierde. El chavismo está perdiendo aceleradamente adherentes, y esto, sumado al hecho anteriormente mencionado, compromete su viabilidad a futuro. Con seguridad, muchos de ellos seguirán luchando por defender los beneficios que el expresidente les otorgó. Y eso no está mal. Lo importante es tener en cuenta que si Maduro pretende, como lo ha manifestado, profundizar el modelo socialista, simil del comunista cubano, excluyendo la participación del esfuerzo privado y todo lo que ello puede aportar al país en materia de empleos de calidad, producción, impuestos, modernización, divisas por exportaciones, etc. etc., encontrará cada vez no sólo menos adherentes ideológicos, sino también menos recursos económicos para mantener esas fidelidades.

Las experiencias que hoy conocemos todos, son contundentes. Los países que progresan no prosperan cambiando una exclusión social por otra; sino a través del ejercicio inteligente que permita lograr la mayor inclusión entre los ciudadanos. Tanto Capriles como Maduro deben dejar de lado la absurda confrontación personal, quizá efectiva a la hora de radicalizar a sus seguidores, pero absolutamente ineficaz a la hora de captar nuevas voluntades. Deben hablarle al pueblo, a ese gran pueblo venezolano conformado por chavistas y opositores, que siguen pagando errores del pasado y del presente, esperando algo tan simple como el poder vivir en paz. Algo que hasta ahora, se les ha negado.

Coincidencias: La madre de Henrique Capriles, Mónica Cristina Radonski Bochenek, proviene de una familia judía ruso-polaca sobreviviente del Holocausto nazi, mientras que su padre, Henrique Capriles García, desciende de una familia de judíos sefardíes de Curazao.

A su vez, si bien un registro de Identificación de Colombia establece que la madre de Nicolás, Teresa de Jesús Maduro de Moros, nació en Cúcuta, Colombia, y se afirma que su padre, quien lleva su mismo nombre, se graduó en un colegio del Norte de Santander, lo curioso es que durante una reunión entre líderes judíos con el entonces canciller Maduro y el presidente Chávez,[ se aseguró que parte de la familia de Maduro también es de origen judío sefardí.


Argenta
Abril, 2013 


Thursday, April 04, 2013

El poder, ya no es lo que era.


El 19 de marzo del 2013, en el diario El Nacional de Caracas, Moisés Nahím (en la actualidad  asociado experto del programa de economía internacional del Fondo Carnegie para la Paz Internacional) explica magistralmente, en un artículo corto, conciso y sumamente esclarecedor, buena parte de lo que ciertos seres humanos observamos, analizamos, y quisiéramos entender, ante los sorpresivos, acelerados, y violentos cambios ocurridos en el panorama internacional. Quizá podremos no estar siempre de acuerdo con las opiniones de Nahím; pero en este caso en especial, creo que hace una gran contribución.

En su artículo “La degradación del poder también plantea amenazas”, Nahím afirma: “El poder ya no es lo que eraSe ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. ¿Por qué el poder es cada vez más fugaz? Porque las barreras que protegen a los poderosos ya no son tan inexpugnables como antes. Y porque han proliferado los actores capaces de retar con éxito a los poderes tradicionales”. ¡Brillante reflexión! 

Luego de referirse brevemente a la lucha de Obama para introducir mediante el presupuesto nacional, cambios relevantes en la sociedad norteamericana, Nahím aclara que “El resultado de los comicios en Italia ha sumido al país en una crisis aún mayor de ingobernabilidad, y en Israel y Reino Unido, Benjamín Netanyahu y David Cameron se han visto obligados a forjar complejas coaliciones para poder gobernar. Las victorias electorales con grandes mayorías son cada vez menos frecuentes. La comunidad internacional no logra actuar para detener las matanzas en Siria o el calentamiento global”. 

Y más adelante prosigue: Los Estados soberanos se han cuadruplicado desde 1940 y no sólo compiten entre sí, sino también con organismos internacionales, fondos de inversión, carteles de la droga y ONG transnacionales. En 2011 había 22 países gobernados por déspotas, frente a 89 en 1977, una clara señal de lo difícil que es hoy retener el poder. Y dentro de cada país, el poder también está más disperso”. 

Y vean que interesante esta cita. Un estudio realizado en 2001 por el politólogo Ivan Arreguin-Toft descubrió que, en las guerras asimétricas que estallaron entre 1800 y 1849, el bando más débil alcanzó sus objetivos en 12% de los casos. En las guerras de ese mismo tipo libradas entre 1950 y 1998, el bando presuntamente débil venció 55% de las veces. El poder militar tampoco es lo que era. Como no lo es el poder empresarial”. 

Las nuevas tecnologías de la información son herramientas importantes –aclara Nahím - pero para que ejerzan algún efecto necesitan usuarios, y los usuarios necesitan dirección y motivación. Lo que está erosionando el poder tradicional son las transformaciones de aspectos básicos de la vida: cómo vivimos, cuánto tiempo y con qué calidad. Cómo trabajamos, nos movemos o nos relacionamos con nuestro entorno. Estos cambios se pueden agrupar en tres revoluciones simultáneas: 

La revolución del más: El siglo XXI tiene más de todo: más gente, más urbana, más joven, más sana y más educada. Y también más productos en el mercado, más partidos políticos, más armas y más medicinas, más crimen y más religiones. La pobreza extrema se ha reducido más que nunca y la clase media crece. Una clase media impaciente, mejor informada y con más aspiraciones está haciendo más difícil el ejercicio del poder. 

La revolución de la movilidad: No sólo hay más personas con mejor nivel de vida, sino que además se mueven más que nunca. Las diásporas étnicas, religiosas y profesionales están cambiando el reparto de poder entre las poblaciones y dentro de ellas. Personas, tecnología, productos, dinero, ideas y organizaciones tienen más movilidad, y por ello son más difíciles de controlar. 

La revolución de la mentalidad: Una población que consume y se mueve sin cesar, que tiene acceso a más recursos y más información, ha experimentado también una inmensa transformación cognitiva y emocional. El World Values Survey ha descubierto que existe cada vez más consenso en todo el mundo sobre la importancia de las libertades individuales y la igualdad de género, así como más intolerancia al autoritarismo. 

La insatisfacción con los sistemas políticos y las instituciones de gobierno también es global. Juntas, estas tres revoluciones erosionan las barreras que protegían a los poderosos de sus rivales. La revolución del más ayuda a estos últimos a asediar esas barreras, la revolución de la movilidad les ayuda a rodearlas y la revolución de la mentalidad las socava. 

¿Debemos celebrar este declive del poder tradicional? Claro que sí. Se han abierto más oportunidades para votantes, consumidores, jóvenes, mujeres y otros grupos tradicionalmente excluidos. Pero no todo es positivo. La degradación del poder también plantea amenazas para nuestro bienestar, nuestras familias y nuestras vidas. Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios amenazan con transformar a muchos gobiernos en gigantes paralizados. 

El tamaño ya no significa fuerza. La burocracia ya no significa control. Y los títulos ya no significan autoridad. Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? Sí. Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder”

Mi opinión. Les confieso que, aun estando muy de acuerdo con el excelente análisis de Nahím, me reservo la posibilidad de creer hoy, mucho más que ayer, en la humanidad. Lo que creo que tenemos que entender, definitivamente, es que la humanidad toda se enfrenta hoy a verdaderos cambios de paradigmas. Y como bien lo advertía Einstein “Es más fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio”, lo cual  significa que cuando una persona conceptualiza y genera un concepto o un juicio sobre algo o alguien, es difícil hacerle cambiar de opinión. Y creo que ha habido –y todavía hay –muchas personas equivocadas que simplemente no quieren entender las nuevas exigencias del mundo actual. 

“Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios amenazan con transformar a muchos gobiernos en gigantes paralizados”, afirma Nahím. Y creo que ello explica buena parte del fracaso de los partidos políticos tradicionales, principalmente en nuestra propia región. 

Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? –se pregunta Nahím. Sí; contesta- Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder”. ¿Y dónde está el secreto para esto? pregunto yo.
Pues sencillamente en entender mejor las necesidades de la humanidad. ¿Un claro ejemplo? Venezuela; la propia tierra de Nahím, la cual antes del fenómeno  Chávez, llegó a amontonar en sus cerros casi un 80% de pobreza. 

Argenta
Abril, 2013

Moisés Naím es un reconocido escritor y columnista venezolano. Fue Ministro de Comercio e Industria en Venezuela desde 1989 hasta finales de 1990. Tiene un Ph.D. y una Maestría del Instituto Tecnológico de Massachusetts. En abril del 2011 le fue concedido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Desde 1996 a 2010 trabajó como editor en jefe de la revista Foreign Policy, y bajo su liderazgo la revista ganó el National Magazine award for General Excellence tres veces, y se convirtió en un referente de las publicaciones internacionales en asuntos intelectuales. En la actualidad es asociado experto del programa de economía internacional del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.