La Tercera Opinion

Tuesday, February 22, 2011

El “efecto Túnez”: ¿hasta dónde llegará?

Para nosotros los occidentales es muy difícil entender ese mundo islámico que resuelve sus conflictos de convivencia cortando manos, narices, orejas o lo que sea, como forma de castigar los desmanes contra la moral y las buenas costumbres, o la osadía que lleva a algunas féminas a meter la nariz donde no deben, andar tocando lo que no pueden, o desobedecer al amo al cual se deben. Y mucho menos prenderse fuego para protestar ante el gobierno de turno. Si eso sucediera por aquí, Montevideo, Uruguay, no darían abasto los camiones del aseo para mantener las calles limpias de manos, narices, orejas o cabezas lapidadas, y la Intendente Olivera se vería obligada a declarar la esencialidad permanente frente a los conflictos con el sindicato de Adeom.

Aisha es afgana: la mutilaron por
desobedecer a su esposo.
No se si es que nosotros estamos demasiado liberados o ellos demasiado atrasados; pero pienso que ni la mano ni la nariz ni la oreja son culpables, por quien decide hacer de ellas un instrumento de la liberación o la perversidad. Mutilar a un ciudadano nos devuelve un discapacitado, por más que algunas exitosas experiencias como la de la “Sociedad de Pintores con la boca y el pie” nos recuerden que aunque le cortemos todas sus extremidades, siempre y cuando le dejemos su cerebro, el ser humano se las arreglará para seguir viviendo, creando, y marcando su impronta frente a los demás. Y en última instancia aún, cuando ni siquiera le permitan utilizar su cerebro, le queda esa opción de inmolarse prendiéndose fuego y con ello incendiar la mente de otros miles de conciudadanos, hasta lograr la renuncia de un presidente.

Una muestra de ello lo simboliza la reciente revolución en Túnez, la cual empezó con ese tipo de acto desesperado, cuando el joven vendedor de comida Mohamed Bouazizi se prendió fuego hasta morir, después de que la policía le confiscó su mercadería y lo humilló. No están muy claras las circunstancias por las cuales Faida Hamdy, de 45 años, la hija de un policía e inspectora municipal en Sidi Bouzid, trató de confiscar la fruta de Bouazizi y lo abofeteó.












El abuso de la autoridad.

Algunos compañeros dijeron que Bouazizi, avergonzado y enojado luchó con Hamdy por recuperar lo suyo, y dos colegas de ella lo golpearon y se llevaron su balanza. "Ella lo humilló", dijo su hermana, Samia Bouazizi. También aseguran que luego de caminar unas cuadras hasta el edificio del ayuntamiento exigiendo su propiedad, lo volvieron a golpear. Después, Bouazizi caminó hasta la oficina del gobernador, demandó una audiencia y se la negaron. Entonces, cerca del medio día, frente a la enorme reja del gobernador, el vendedor se empapó con solvente para pintura y se prendió fuego. Para cuando murió, el 4 de enero, las protestas que habían comenzado por este trato dado a Bouazizi en Sidi Bouzid se habían propagado a ciudades de todo el país. Y el 14 de enero, el presidente Zine el Abidine Ben Ali, huyó del país.

A los 26 años, como vendedor de frutas, Bouazizi había ganado el dinero suficiente para alimentar a su familia y soñaba con tener una camioneta. Sus sueños se quemaron con él. Pero encendieron en Oriente pasiones mucho más fundamentales, unificadoras y concretas, como las demandas para terminar con la corrupción gubernamental, instituir el imperio de la ley, disminuir el sufrimiento económico, protestar contra los gobiernos autoritarios, y la falta de empleo. El ejemplo se ha propagado desde entonces por todo el norte de África y el Oriente Próximo. Un hombre en Arabia Saudita murió luego de que se inmolara, constituyendo el primer caso de su país, y en Egipto, al menos cinco hombres se prendieron fuego o trataron de hacerlo.












El triunfo de la dignidad.

Abdo Abdel Moneim Hamadah, el primer egipcio que se prendió fuego emulando a Bouazizi, lo hizo frente a oficinas gubernamentales en el centro de El Cairo, echándose nafta sobre la cabeza y encendiendo un fósforo. Hubiese muerto si agentes de seguridad no lo hubieran apagado con un extinguidor. Su historia es similar a la del joven vendedor de alimentos de Túnez. Hamadah tenía una pequeña tienda de sándwiches en Ismailia, y la burocracia gubernamental repentinamente le negó acceso a un estipendio mensual de pan barato, subsidiado por el Estado. Aunque las autoridades del gobierno egipcio afirmaron que era un suicida, un familiar afirmó que su protesta no se trataba del pan, sino de la dignidad, el mismo bien intangible que impulsó a Bouazizi a prenderse fuego. Dijo que Hamadah reaccionó cuando un funcionario gubernamental acordó regresarle el pan- no porque tuviera derecho a él - sino por caridad. "Le hablaron como si fuera un mendigo", dijo el familiar, que habló en forma anónima por temor a represalias del gobierno. Después de que Hamadah se inmolara, agregó, el gobierno entregó el pan barato. "Consiguió sus derechos”, finalizó.













Pero así como Hamadah ganó sus derechos, el que perdió los suyos fue nada menos que el presidente egipcio Hosni Mubarak, al cual en medio de multitudinarias protestas sus conciudadanos le exigen ahora su renuncia, tras 30 años en el poder. Como corolario de estos acontecimientos, Emad Shahin, un académico egipcio en el Instituto Kroc para Estudios Internacionales sobre la Paz en la Universidad de Notre Dame, afirmaba convencido: "Esto es exactamente lo que nos muestra el caso tunecino”. "Ya no es la era de la ideología. Realmente ya terminó esta preocupación por la ideología y ciertas orientaciones políticas del islamismo. Hay problemas más apremiantes en los que están interesados ahora y con los que tienen que lidiar todos los actores, incluidos los islamitas".

La revolución de la opresión, no tiene ideologías.

Y es que la "Revolución de los Jazmines", como se llamó a la de Túnez, creó una fuerte onda expansiva, no solo en Egipto, donde las revueltas contra el presidente Mubarak paralizaron al país, sino en otros varios países del mundo árabe. Por ejemplo, el furor llegó a Yemen, donde miles de ciudadanos se rebelaron para pedir la cabeza del presidente Alí Abdalá Saleh, quien ostenta el poder desde hace 32 años. Ben Alí "se fue tras 20 años; y 30 años en Yemen, ya basta", coreaban los manifestantes. “la hora del cambio ha llegado".


En tanto, las sublevaciones también llegaban a Turquía, donde cientos de estudiantes se manifestaron a pedradas contra el gobierno islamista-conservador. Y hay muchos lugares más, llenos de desilusión por el fracaso de los partidos y organizaciones políticas formales, que no han podido producir el cambio. Los expertos estiman que en países como Túnez, Egipto y Yemen "se terminó la preocupación por la ideología islamista", y ahora se protesta contra los gobiernos autoritarios y por la falta de empleo. "La ideología ha tomado un segundo lugar hasta que nos podamos deshacer de esta pesadilla que confrontan todos", señaló Megahed Meligi, de 43 años, por mucho tiempo integrante de la Hermandad Musulmana en Egipto. "Esa pesadilla es el partido gobernante y el régimen actual", sostuvo.

Según un artículo de The New York Times y AFP, aunque la ideología aún tiene un poderoso arraigo en la imaginación de la gente en toda la región y sigue alimentando con combatientes a los movimientos yihadistas, ni el arabismo y el socialismo anteriores, ni el islam político del ayatollah Jomeini, de Irán, o la ideología radicalizada de Al Qaeda y Osama bin Laden han tenido resultados, en forma práctica, para la gente de Oriente Próximo que vive en bastiones autocráticos. Esas fallas -y ahora el inesperado éxito de los tunecinos en el derrocamiento de su gobierno (al cual se suma el reclamo egipcio) -parecen estar en el centro de la reconsideración sobre cómo efectuar mejor el cambio en el mundo árabe.

A los tunecinos los unió el enojo por la opresión y la corrupción en lugar de cualquier filosofía generalizada, mientras que en Egipto, la organización autodenominada Movimiento Juvenil 6 de Abril, quien asegura no tener ideología, afirma en su Web: "Nada nos une excepto nuestro amor por este país y el deseo de reformarlo". Por su parte, Abdel Halim Qandil, dirigente de otro movimiento de protesta, autodenominado Kifaya, dijo: "La gente en Occidente habla de la amenaza religiosa y no entiende el tipo de infierno en el que estamos ahora. El país está congestionado y las personas no pueden confrontar al régimen".

El suceso de Túnez lanzó en la región el surgimiento de la inmolación como un símbolo de la dinámica política no ideológica. Sus reivindicaciones nada tienen que ver con la ideología, sino más bien con las necesidades reales de los ciudadanos; con su bienestar, con el respeto a sus derechos, a su libertad de elegir, y a su dignidad. Y según señalan los expertos, el "efecto Túnez" recién comienza. Pienso que es un buen comienzo: en lugar de seguir divididos por ideologías que solo les han llenado la cabeza, es mejor unirse para luchar por lo que debería llenarles el estómago.

Nota: Finalizando este artículo, y luego de haberse producido la renuncia de Mubarak, los medios informativos anuncian graves disturbios en Libia y la desaparición del líder libio Muanmmar al Gaddafi, quien durante la tercera cumbre entre los países de la Unión Europea (UE) y las naciones africanas realizada en Trípoli en noviembre del 2010, advirtió que si Europa no le apoya con medios económicos y técnicos para contener la inmigración ilegal, el continente “blanco y cristiano”, se convertirá en “negro”. Ahora, a menos de tres meses, el que enfrenta un ”negro” panorama es él mismo..

Conclusiones: Creo que estos sucesos, por provenir de países con convicciones tan radicales y dogmáticas, están dando un gran ejemplo al mundo entero –y a ellos mismos –de que sus problemas y diferencias deben resolverse en forma democrática y constitucional, de acuerdo a la voluntad de las mayorías excluidas. Y siguen siendo un alerta para aquellos gobernantes que – amparados en la fuerza pública y algunos adulantes de su entorno - se erigen a si mismos en únicos referentes habilitados de por vida, para interpretar y manipular a su antojo, las necesidades y deseos de sus pueblos.

Argenta
Febrero, 2011
Fuente: The New York Times y AFP

Nota 2: Todo esto me trae a la mente el artículo del mes de diciembre, 2010, de Jeffrey Sachs, titulado “La lucha de clases política de Estados Unidos”. En él, y refiriéndose al acuerdo alcanzado entre el presidente Barack Obama y los republicanos en el Congreso para extender los recortes fiscales -de cara a la crisis histórica que golpea al país - Sachs afirma: “Estados Unidos está en curso de colisión consigo misma”. Y aclara: “El déficit presupuestario de EE.UU. es enorme e insostenible. Los pobres son exprimidos por los recortes en programas sociales y un mercado laboral débil. Uno de cada ocho estadounidenses depende de cupones de alimentación para comer. ( ) Sorprendentemente, los más ricos del 1 por ciento de los hogares estadounidenses tienen ahora un valor neto más alto que la parte inferior del 90 por ciento. La renta anual de los 12.000 hogares más ricos es mayor que la de los 24 millones de hogares más pobres”( ) Y luego predice: “.. cuando el proyecto de presupuesto se haga realidad, habrá una reacción cada vez mayor. Con la espalda contra la pared, predigo, los estadounidenses pobres y de clase trabajadora comenzarán a manifestarse a favor de una mayor justicia social”.

( ) “Si esto sigue así –prosigue Sachs - una tercera opción saldrá, comprometida con la limpieza de la política estadounidense y la restauración en alguna medida de la decencia y la justicia”. Y finaliza profetizando que, aunque llevará su tiempo: “.. el tiempo para el cambio vendrá. Los republicanos creen que tienen la ventaja y se puede pervertir más el sistema a favor de los ricos. Creo que se demostrará que están equivocados”.

Mi opinión: Si bien Estados Unidos no tiene ideologías para dividirse, cada día tiene más pobres y excluidos con una causa para unirse..

Friday, February 11, 2011

Para entender y enfrentar la criminalidad.

La criminalidad en América Latina.

Marcelo Bergman, un investigador del CIDE (Centro de Investigación y Docencia Económicas) de México, que se ha dedicado a estudiar la criminalidad en varios países de América Latina en el contexto del aumento registrado en su país, comenzó por observar que brasileños y argentinos, guatemaltecos y mexicanos, todos experimentaban súbitos ascensos en los índices de criminalidad y, aunque cada país ofrecía explicaciones lógicas que desnudaban las realidades locales de sus poblaciones, lo que le sorprendió fue que el problema había brotado en un gran número de países prácticamente al mismo tiempo. En la perspectiva de Bergman, el mundo cambió en los años 90 creando espacios de oportunidad para el surgimiento de la criminalidad, como no habían existido por décadas.

Según su análisis, hubo factores que coincidieron en varios países de América Latina: la descentralización del poder, la demanda de bienes de consumo por parte de clases medias bajas, la aparición del crimen organizado dispuesto a satisfacer esa demanda, y la aparición de China como fuente de productos de bajo precio que satisfacían ese mercado. Según él, países como Chile y Uruguay, que tienen sistemas de gobierno centralizado (unitarios como les llama Bergman), no experimentaron la desconcentración del poder y tampoco vivieron súbitos ascensos en la criminalidad. (Lo que quizá entonces Bergman no sabía, era que tampoco Uruguay escaparía del flagelo..).

Una de las conclusiones de Bergman es que en lugar de atacar el problema cuando comenzó, los países que se democratizaron y sus poblaciones estaban “demasiado preocupados con los grandes temas políticos de la transición, y descuidaron lo más elemental: la seguridad de los habitantes. El robo de coches vino seguido por la piratería, ésta del consumo de drogas y hoy estamos endrogados en un mar de violencia para el que los instrumentos del Estado siguen siendo insuficientes o inadecuados”.
Estudio sobre la pobreza en Venezuela
Pobreza, drogas, y algo más..

Complementando conclusiones de Bergman, el Psicoanalista Dr. Luis Bibbó, miembro de la Asociación de Psicoanalistas del Uruguay y de la Asociación Internacional de Psicoanalistas; Director del Instituto Nacional de Criminología desde 2006, y quien fue director del Centro Nacional de Dictámenes Criminológicos del Inacri (2001-2006), aseguraba en una entrevista durante el año 2008: “Debemos tener en cuenta que vivimos en una época de profundos cambios sociales que determinan nuevas condiciones subjetivas, donde el consumo y el placer se nos presentan casi como una exigencia. Existe un aflojamiento de los lazos sociales que tienen especial impacto en los grupos más vulnerados. Hay cambios en el valor de la institución familiar. Ni la pobreza ni la droga, por sí solas, explican el delito y la violencia”.


Otra visión sobre el tema, y más enfocada específicamente en el grupo de los menores infractores -que es el caso que más preocupa a la sociedad uruguaya en la actualidad – la recogí durante mi estadía en Venezuela. En el año 2007, se publicó un estudio coordinado por el salesiano, psicólogo y profesor de la Universidad del Zulia, Alejandro Moreno, en el cual se intentaba responder a una frustrante realidad nacional: ¿Cómo es el delincuente violento, asesino, popular, venezolano? ¿Cuáles son las fuerzas internas que motivan y dirigen a este tipo de personas hacia ese tipo de conductas? El trabajo, basado en el testimonio de 15 homicidas – dentro de los cuales resaltan las experiencias de chicos de 15 años -se publicó bajo un título escalofriante: "Y salimos a matar gente". En el relato de uno de esos chicos de quince años de edad, se aclara que en su primera entrada al INAM ya lo culpaban de haber cometido seis homicidios. "Aquí se caen muchos mitos –aclaran los autores - Y uno es que la pobreza no tiene nada que ver con la delincuencia. Es decir, tiene que ver en cuanto a que son pobres, pero no es por pobres por lo que delinquen. ¿Por qué lo hacen? Delinquen porque quieren sobresalir, quieren adquirir lo que ellos llaman respeto. Y respeto es imposición, miedo”.

Bratton en el Metro de Caracas
La teoría de las “ventanas rotas”.

En su artículo “Ventanas Rotas” -teoría que iluminó el éxito de William Bratton en el combate del delito en Nueva York, junto al Alcalde Giuliani - James Q. Wilson y George Kelling, argumentaban que cuando las ventanas rotas de un edificio no se reponen o reparan, no tardará un vándalo en romper todas las demás, y luego en ocupar la propiedad, y más tarde en convertirla al consumo y distribución de drogas, etc. etc. Con esta metáfora -y apoyados en experimentos realizados con autos estacionados especialmente en zonas tan distintas como el Bronx y Palo Alto - desarrollaron una teoría de la criminalidad que argumentaba que cuando no se atiende o ataca el delito más básico, éste comienza a florecer y a diversificarse hasta convertirse en un fenómeno ubicuo e incontenible.

El resultado es que, frente al común de la población, el permitir y no atacar esta multiplicidad de delitos crea la percepción de que a las autoridades no les importa la protección y la seguridad de los habitantes y de sus bienes, lo cual conlleva a un estado de temor e indefensión.

Por ello, luego de declararle la guerra en Nueva York a quienes bebían y se orinaban en los alrededores, cometían arrebatos contra los transeúntes y otros delitos de los llamados menores, Bratton apuntó al subte. Desde los abusos de quienes se saltaban los torniquetes sin pagar, los frecuentes arrebatos en las estaciones, hasta el anidamiento de quienes tomaban los espacios subterráneos junto a las vías para vivir, pernoctar, hacer sus necesidades, practicar sexo, drogarse, y esconderse de la justicia, todas estas manifestaciones, algunas de mayor y otras de menor gravedad, simbolizaban las ventanas rotas por donde se colaba y multiplicaba la criminalidad. Al atacar esta multiplicidad de delitos, apoyado en un eficiente modelo de gestión policial con fundamento en el concepto de “Tolerancia cero” (una especie de “control de calidad” policial) el mensaje de Bratton quedó claro: “la autoridad llegó para quedarse”. Sus resultados fueron tan espectaculares, que pronto replicarían en otros países. Personalmete, tuve la oportunidad de conocer a este profesional en Caracas.

Uruguay, y sus ventanas rotas.

Personalmente, creo que por aquí esta buena parte de la explicación de lo que nos está pasando en Uruguay. Pese a los grandes e indudables logros en crecimiento económico y a los encomiables esfuerzos en desarrollo humano que en la última década nos convierte en un referente de excepción en la región, no se ha podido entrarle a fondo al tema social. En Uruguay, tenemos aún demasiadas ventanas rotas que arreglar, y hoy, el mismo hecho de tener un gobierno socialista que intenta proteger los derechos de los más desposeídos, suele confundirse con un estado de tolerancia-cómplice, que desconcierta y desmoraliza a la población. Y crea ese estado de temor e indefensión al que la ex -ministra Tourné trataba de justificar calificándolo como “sensación térmica”, el cual no es otra cosa que la percepción generalizada del fracaso en las políticas de seguridad implementadas por las autoridades.

Los cientos de personas, algunas de subida edad y otras muy jóvenes, que toman las aceras de las calles y avenidas para pernoctar, y hasta para instalarse con su núcleo familiar a falta de un techo mínimamente digno; los cientos de jóvenes que diariamente revuelven los contenedores de basura buscando algo para comer o de alguna utilidad; otros, también jóvenes, que deambulan por las calles de la ciudad pidiendo “un peso” para comprar bebida o droga , o los que se autodenominan “cuida coches”, munidos de una varita envuelta en un trapo rojo y un delantal que imita a los funcionarios municipales (muchos de ellos borrachos y adictos) que establecen sus “territorios” en las calles vecinales sin ningún tipo de control ni supervisión, constituyen ventanas rotas que siembran desconfianza y temor en la población.

Como también lo son los “asentamientos” irregulares, que han ido tomando espacios de la ciudad y sus alrededores, convirtiéndose en espejos de exclusión social, con sus miserias y sus carencias de servicios mínimos que garanticen un mínimo de bienestar humano. Esto, aunado a los factores que enumera Bergman, como la demanda reprimida de bienes de consumo por parte de estos sectores marginados de la población, crean las condiciones, tanto para el resentimiento social, como para los “facilitadores de satisfacciones” quienes a través de las distintas modalidades adictivas como la famosa ”pasta base” –última innovación de eficiencia a bajo costo –ofrecen las sensaciones de un viaje por el bienestar que ellos no pueden comprar..

El mayor agravante de todo esto, además de las generaciones perdidas de jóvenes quemados por las drogas, está en que mas allá de sacrificar sus propias vidas, ponen en riesgo con sus actos vandálicos, a los demás componentes de la sociedad. En este sentido, la propia impericia demostrada por el INAU en su tarea de custodio y rehabilitación de los jóvenes –más allá de señalar nombres u hombres, porque el problema es institucional –es otra ventana rota por donde se cuela la ineficiencia gubernamental, y por donde se escapa la confianza de los ciudadanos ante la impunidad de las reiteradas fugas y la repetición de actos criminales de difícil explicación. Si agregamos a ello una interpretación de la justicia no siempre clara, y muchas veces incomprensible al punto de ser percibida como una injusticia, el mensaje que se da a la población en su conjunto, no es necesariamente de protección y seguridad.

Dígase lo mismo de la actual, polémica, y mediática discusión, en cuanto a la baja o no de la edad de imputabilidad de los menores, o el mantenimiento o no de sus antecedentes penales al cumplir la mayoría de edad, lo cual ha tomado un protagonismo desmedido en los medios de comunicación, frente a una población atemorizada que ni entiende ni le corresponde interpretar los aspectos legales que involucran las decisiones de jueces y fiscales por igual. La percepción entonces, es que las autoridades gubernamentales y los encargados de administrar justicia, parecen estar más confundidos aún que la población y los propios delincuentes..

Estos mensajes indescifrables, además de mellar la credibilidad en las instituciones y desmotivar a los servidores públicos encargados del orden y la seguridad ciudadana, léase los cuerpos policiales, actúa a su vez como elemento de incitación a la delincuencia (cuando deberían ser de disuasión) frente a la benevolencia y falta de acción del estado de derecho. No se puede estar bien con Dios y con el diablo al mismo tiempo; y es en estas circunstancias cuando las autoridades tienen que arriesgar una elemental cuota política, en defensa de la integridad y la seguridad de las mayorías ciudadanas. Una mayor inclusión social no puede traducirse en una mayor anarquía.

Calidad de vida: calidad de gente.

Varias veces afirmé, y lo sigo afirmando, que aún frente a sus mayores éxitos en crecimiento económico, un país no podrá aspirar a una mayor “calidad de vida” si no cuenta con una suficiente ”calidad de gente”.. Y también afirmé que los mismos conceptos de la Calidad Total utilizados exitosamente en la fabricación de productos de calidad, son absolutamente válidos en la fabricación de “ciudadanos de calidad”. Desde luego, los ingredientes son otros, pero me atrevo a afirmar que el modelo es el mismo. ¿Qué otra cosa podría asemejarse más al modelo de mejoramiento continuo –imprescindible para un exitoso desarrollo productivo empresarial –que el seguimiento y control de las variables que tienden a desestabilizar el proceso de desarrollo productivo de una sociedad?

“Todo proceso de fabricación está sujeto a cierto nivel de variación que probablemente disminuya la calidad”, nos decía el padre de la Calidad Total, Edwards Deming –“La variación es enemiga de la calidad y es tan inevitable y omnipresente como la gravedad. ¿Y acaso no han sido esas variaciones producidas por nuestras ineficaces políticas en educación, en salud, en protección social, en redistribución del ingreso y mayor inclusión y bienestar social, las que hoy están afectando nuestra producción de ciudadanos de calidad? El descuido en la calidad de la educación –que finalmente prendió las alarmas ante los paupérrimos resultados mostrados por el país en las pruebas de evaluación Pisa –es muestra contundente de una variable social fuera de control. La violencia y la delincuencia que han ganado a buena parte de nuestra juventud -produciendo niños asesinos y adictos irrecuperables -como producto de esas necesidades insatisfechas y hábilmente aprovechadas por los carteles internacionales de la droga, son otras variables de difícil control. El deterioro familiar, la pérdida de principios y valores, otros tantos.

En sentido figurado con el modelo de la Calidad Total, el papel que desempeñan hoy los jueces y fiscales que deben juzgar la conducta de los infractores, se me asemejan a los inspectores de calidad apostados al final de la línea de producción, para separar los productos malos de los buenos, cuando el daño ya está hecho. Y al igual que en la actividad empresarial, el problema está en que para fabricar los unos y los otros se invirtió una cantidad de recursos. que no produjeron los resultados esperados. El daño ya está hecho, y con separar los malos de los buenos no estaremos más que resignándonos a aceptar que para que haya de los unos, irremediablemente también deberán existir los otros.

Familias viviendo bajo un puente
¿Y donde van a parar esos productos o ciudadanos “defectuosos” que produce nuestra sociedad? Pues bien, más allá de los que por deformaciones severas van a los hornos de fundición llamados cárceles, otros son los aludidos al referirnos a la teoría de las ventanas rotas; esos seres que deambulan por las calles recordándonos que si bien no son productos desechables, son una muestra representativa de nuestros errores en el control de las variables sociales. El mayor desafío para Uruguay, pues, no está en aumentar exorbitantemente los cuerpos policiales (aún cuando algunos efectivos más sean necesarios) ni en bajar la edad de imputabilidad de los menores, ni en permitir que se arme la población: sin duda está en “fabricar ciudadanos de calidad”.

Argenta, Febrero, 2011

La policía es el último recurso; cuando todas las demás instituciones han fallado –la familia, la iglesia, las escuelas, el Estado –la gente recurre a la policía; pero la solución no está en nosotros”. (Marina Maggessi, Jefe de la Policía Antinarcóticos de Río de Janeiro, Brasil.