Tuesday, February 22, 2011

El “efecto Túnez”: ¿hasta dónde llegará?

Para nosotros los occidentales es muy difícil entender ese mundo islámico que resuelve sus conflictos de convivencia cortando manos, narices, orejas o lo que sea, como forma de castigar los desmanes contra la moral y las buenas costumbres, o la osadía que lleva a algunas féminas a meter la nariz donde no deben, andar tocando lo que no pueden, o desobedecer al amo al cual se deben. Y mucho menos prenderse fuego para protestar ante el gobierno de turno. Si eso sucediera por aquí, Montevideo, Uruguay, no darían abasto los camiones del aseo para mantener las calles limpias de manos, narices, orejas o cabezas lapidadas, y la Intendente Olivera se vería obligada a declarar la esencialidad permanente frente a los conflictos con el sindicato de Adeom.

Aisha es afgana: la mutilaron por
desobedecer a su esposo.
No se si es que nosotros estamos demasiado liberados o ellos demasiado atrasados; pero pienso que ni la mano ni la nariz ni la oreja son culpables, por quien decide hacer de ellas un instrumento de la liberación o la perversidad. Mutilar a un ciudadano nos devuelve un discapacitado, por más que algunas exitosas experiencias como la de la “Sociedad de Pintores con la boca y el pie” nos recuerden que aunque le cortemos todas sus extremidades, siempre y cuando le dejemos su cerebro, el ser humano se las arreglará para seguir viviendo, creando, y marcando su impronta frente a los demás. Y en última instancia aún, cuando ni siquiera le permitan utilizar su cerebro, le queda esa opción de inmolarse prendiéndose fuego y con ello incendiar la mente de otros miles de conciudadanos, hasta lograr la renuncia de un presidente.

Una muestra de ello lo simboliza la reciente revolución en Túnez, la cual empezó con ese tipo de acto desesperado, cuando el joven vendedor de comida Mohamed Bouazizi se prendió fuego hasta morir, después de que la policía le confiscó su mercadería y lo humilló. No están muy claras las circunstancias por las cuales Faida Hamdy, de 45 años, la hija de un policía e inspectora municipal en Sidi Bouzid, trató de confiscar la fruta de Bouazizi y lo abofeteó.












El abuso de la autoridad.

Algunos compañeros dijeron que Bouazizi, avergonzado y enojado luchó con Hamdy por recuperar lo suyo, y dos colegas de ella lo golpearon y se llevaron su balanza. "Ella lo humilló", dijo su hermana, Samia Bouazizi. También aseguran que luego de caminar unas cuadras hasta el edificio del ayuntamiento exigiendo su propiedad, lo volvieron a golpear. Después, Bouazizi caminó hasta la oficina del gobernador, demandó una audiencia y se la negaron. Entonces, cerca del medio día, frente a la enorme reja del gobernador, el vendedor se empapó con solvente para pintura y se prendió fuego. Para cuando murió, el 4 de enero, las protestas que habían comenzado por este trato dado a Bouazizi en Sidi Bouzid se habían propagado a ciudades de todo el país. Y el 14 de enero, el presidente Zine el Abidine Ben Ali, huyó del país.

A los 26 años, como vendedor de frutas, Bouazizi había ganado el dinero suficiente para alimentar a su familia y soñaba con tener una camioneta. Sus sueños se quemaron con él. Pero encendieron en Oriente pasiones mucho más fundamentales, unificadoras y concretas, como las demandas para terminar con la corrupción gubernamental, instituir el imperio de la ley, disminuir el sufrimiento económico, protestar contra los gobiernos autoritarios, y la falta de empleo. El ejemplo se ha propagado desde entonces por todo el norte de África y el Oriente Próximo. Un hombre en Arabia Saudita murió luego de que se inmolara, constituyendo el primer caso de su país, y en Egipto, al menos cinco hombres se prendieron fuego o trataron de hacerlo.












El triunfo de la dignidad.

Abdo Abdel Moneim Hamadah, el primer egipcio que se prendió fuego emulando a Bouazizi, lo hizo frente a oficinas gubernamentales en el centro de El Cairo, echándose nafta sobre la cabeza y encendiendo un fósforo. Hubiese muerto si agentes de seguridad no lo hubieran apagado con un extinguidor. Su historia es similar a la del joven vendedor de alimentos de Túnez. Hamadah tenía una pequeña tienda de sándwiches en Ismailia, y la burocracia gubernamental repentinamente le negó acceso a un estipendio mensual de pan barato, subsidiado por el Estado. Aunque las autoridades del gobierno egipcio afirmaron que era un suicida, un familiar afirmó que su protesta no se trataba del pan, sino de la dignidad, el mismo bien intangible que impulsó a Bouazizi a prenderse fuego. Dijo que Hamadah reaccionó cuando un funcionario gubernamental acordó regresarle el pan- no porque tuviera derecho a él - sino por caridad. "Le hablaron como si fuera un mendigo", dijo el familiar, que habló en forma anónima por temor a represalias del gobierno. Después de que Hamadah se inmolara, agregó, el gobierno entregó el pan barato. "Consiguió sus derechos”, finalizó.













Pero así como Hamadah ganó sus derechos, el que perdió los suyos fue nada menos que el presidente egipcio Hosni Mubarak, al cual en medio de multitudinarias protestas sus conciudadanos le exigen ahora su renuncia, tras 30 años en el poder. Como corolario de estos acontecimientos, Emad Shahin, un académico egipcio en el Instituto Kroc para Estudios Internacionales sobre la Paz en la Universidad de Notre Dame, afirmaba convencido: "Esto es exactamente lo que nos muestra el caso tunecino”. "Ya no es la era de la ideología. Realmente ya terminó esta preocupación por la ideología y ciertas orientaciones políticas del islamismo. Hay problemas más apremiantes en los que están interesados ahora y con los que tienen que lidiar todos los actores, incluidos los islamitas".

La revolución de la opresión, no tiene ideologías.

Y es que la "Revolución de los Jazmines", como se llamó a la de Túnez, creó una fuerte onda expansiva, no solo en Egipto, donde las revueltas contra el presidente Mubarak paralizaron al país, sino en otros varios países del mundo árabe. Por ejemplo, el furor llegó a Yemen, donde miles de ciudadanos se rebelaron para pedir la cabeza del presidente Alí Abdalá Saleh, quien ostenta el poder desde hace 32 años. Ben Alí "se fue tras 20 años; y 30 años en Yemen, ya basta", coreaban los manifestantes. “la hora del cambio ha llegado".


En tanto, las sublevaciones también llegaban a Turquía, donde cientos de estudiantes se manifestaron a pedradas contra el gobierno islamista-conservador. Y hay muchos lugares más, llenos de desilusión por el fracaso de los partidos y organizaciones políticas formales, que no han podido producir el cambio. Los expertos estiman que en países como Túnez, Egipto y Yemen "se terminó la preocupación por la ideología islamista", y ahora se protesta contra los gobiernos autoritarios y por la falta de empleo. "La ideología ha tomado un segundo lugar hasta que nos podamos deshacer de esta pesadilla que confrontan todos", señaló Megahed Meligi, de 43 años, por mucho tiempo integrante de la Hermandad Musulmana en Egipto. "Esa pesadilla es el partido gobernante y el régimen actual", sostuvo.

Según un artículo de The New York Times y AFP, aunque la ideología aún tiene un poderoso arraigo en la imaginación de la gente en toda la región y sigue alimentando con combatientes a los movimientos yihadistas, ni el arabismo y el socialismo anteriores, ni el islam político del ayatollah Jomeini, de Irán, o la ideología radicalizada de Al Qaeda y Osama bin Laden han tenido resultados, en forma práctica, para la gente de Oriente Próximo que vive en bastiones autocráticos. Esas fallas -y ahora el inesperado éxito de los tunecinos en el derrocamiento de su gobierno (al cual se suma el reclamo egipcio) -parecen estar en el centro de la reconsideración sobre cómo efectuar mejor el cambio en el mundo árabe.

A los tunecinos los unió el enojo por la opresión y la corrupción en lugar de cualquier filosofía generalizada, mientras que en Egipto, la organización autodenominada Movimiento Juvenil 6 de Abril, quien asegura no tener ideología, afirma en su Web: "Nada nos une excepto nuestro amor por este país y el deseo de reformarlo". Por su parte, Abdel Halim Qandil, dirigente de otro movimiento de protesta, autodenominado Kifaya, dijo: "La gente en Occidente habla de la amenaza religiosa y no entiende el tipo de infierno en el que estamos ahora. El país está congestionado y las personas no pueden confrontar al régimen".

El suceso de Túnez lanzó en la región el surgimiento de la inmolación como un símbolo de la dinámica política no ideológica. Sus reivindicaciones nada tienen que ver con la ideología, sino más bien con las necesidades reales de los ciudadanos; con su bienestar, con el respeto a sus derechos, a su libertad de elegir, y a su dignidad. Y según señalan los expertos, el "efecto Túnez" recién comienza. Pienso que es un buen comienzo: en lugar de seguir divididos por ideologías que solo les han llenado la cabeza, es mejor unirse para luchar por lo que debería llenarles el estómago.

Nota: Finalizando este artículo, y luego de haberse producido la renuncia de Mubarak, los medios informativos anuncian graves disturbios en Libia y la desaparición del líder libio Muanmmar al Gaddafi, quien durante la tercera cumbre entre los países de la Unión Europea (UE) y las naciones africanas realizada en Trípoli en noviembre del 2010, advirtió que si Europa no le apoya con medios económicos y técnicos para contener la inmigración ilegal, el continente “blanco y cristiano”, se convertirá en “negro”. Ahora, a menos de tres meses, el que enfrenta un ”negro” panorama es él mismo..

Conclusiones: Creo que estos sucesos, por provenir de países con convicciones tan radicales y dogmáticas, están dando un gran ejemplo al mundo entero –y a ellos mismos –de que sus problemas y diferencias deben resolverse en forma democrática y constitucional, de acuerdo a la voluntad de las mayorías excluidas. Y siguen siendo un alerta para aquellos gobernantes que – amparados en la fuerza pública y algunos adulantes de su entorno - se erigen a si mismos en únicos referentes habilitados de por vida, para interpretar y manipular a su antojo, las necesidades y deseos de sus pueblos.

Argenta
Febrero, 2011
Fuente: The New York Times y AFP

Nota 2: Todo esto me trae a la mente el artículo del mes de diciembre, 2010, de Jeffrey Sachs, titulado “La lucha de clases política de Estados Unidos”. En él, y refiriéndose al acuerdo alcanzado entre el presidente Barack Obama y los republicanos en el Congreso para extender los recortes fiscales -de cara a la crisis histórica que golpea al país - Sachs afirma: “Estados Unidos está en curso de colisión consigo misma”. Y aclara: “El déficit presupuestario de EE.UU. es enorme e insostenible. Los pobres son exprimidos por los recortes en programas sociales y un mercado laboral débil. Uno de cada ocho estadounidenses depende de cupones de alimentación para comer. ( ) Sorprendentemente, los más ricos del 1 por ciento de los hogares estadounidenses tienen ahora un valor neto más alto que la parte inferior del 90 por ciento. La renta anual de los 12.000 hogares más ricos es mayor que la de los 24 millones de hogares más pobres”( ) Y luego predice: “.. cuando el proyecto de presupuesto se haga realidad, habrá una reacción cada vez mayor. Con la espalda contra la pared, predigo, los estadounidenses pobres y de clase trabajadora comenzarán a manifestarse a favor de una mayor justicia social”.

( ) “Si esto sigue así –prosigue Sachs - una tercera opción saldrá, comprometida con la limpieza de la política estadounidense y la restauración en alguna medida de la decencia y la justicia”. Y finaliza profetizando que, aunque llevará su tiempo: “.. el tiempo para el cambio vendrá. Los republicanos creen que tienen la ventaja y se puede pervertir más el sistema a favor de los ricos. Creo que se demostrará que están equivocados”.

Mi opinión: Si bien Estados Unidos no tiene ideologías para dividirse, cada día tiene más pobres y excluidos con una causa para unirse..

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