Saturday, January 15, 2011

Midiendo la felicidad: Muera el PIB, viva la FIB..


La última lección de la primera década..

El 21 de octubre del 2010, casi finalizando la primera década de este Nuevo Siglo, el primer ministro de Bután, Jigme Yoser Thinley, clausuró en Madrid el “I Congreso de la Felicidad” organizado por Coca-Cola.. Jigme Thinley es un político butanés que ocupa el cargo de Primer Ministro desde el 9 de abril de 2008. Fue nombrado por el joven Rey Jigme Keshar Namgyal Wangchuck (28 años) tras la victoria electoral de su Partido Paz y Prosperidad de Butan, en las primeras elecciones democráticas en el país, consiguiendo 45 de los 47 escaños en la Asamblea Nacional de Bután. Durante el Congreso en Madrid, Jigme Thinley, ataviado con el traje tradicional butanés, y quien sin duda era la estrella del evento, explicó ante un expectante y variopinto auditorio compuesto por ejecutivos, psicólogos y algún que otro monje, cómo funciona el novedoso concepto de “felicidad nacional bruta” (FNB), concluyendo: “Mi misión es que la gente pueda perseguir la felicidad”.



















Primer Ministro Jigme Thinley





Bután: No más PIB, Si a la FIB (Felicidad Interior Bruta)

Y es que el caso de Bután, que ha logrado últimamente atraer la atención mundial por desafiar el concepto de medir el desarrollo de los países según los parámetros del PIB (Producto Interno Bruto) introduciendo a su vez su modelo basado en el FIB (Felicidad Interna Bruta) - una nueva manera de medir los resultados según la satisfacción producida en los habitante - ha tomado cuerpo en países como el Reino Unido y Francia. Bután es una pequeña nación ubicada al sur de Asia, al oriente de la cordillera del Himalaya, entre la India y China, con un territorio del tamaño de Francia y una población que escasamente alcanza a 700 mil personas, organizadas básicamente en comunidades agrícolas y pastoriles, y una sólida cultura budista. Logró su independencia en 1949, siendo reconocida por Naciones Unidas como nación soberana en 1971, bajo la dirección de su tercer monarca Jigme Dorji Wangchuck, y ha emprendido en las últimas décadas un modelo de desarrollo con profundo sentido humano, que por lo novedoso está siendo observado con interés por los estudiosos de la economía.

Según nos cuenta en AméricaEconomía (05/11/2010), el rector de la Universidad Metropolitana de Venezuela, Ingeniero Químico José Ignacio Moreno León, hasta hace pocas décadas Bután era una nación pobre y aislada, y en la actualidad representa la democracia más nueva del mundo, gracias al impulso de su cuarto rey, Jigme Singye Wangchuck. Educado en el Reino Unido, Jigme inició su reinado en 1974 con apenas 18 años de edad, hasta convertirse, tras la repentina muerte de su padre, en el último soberano del sistema monárquico de ese país. El joven monarca despertó la curiosidad mundial cuando, al momento de su coronación, pronunció un novedoso discurso signado por una frase que encendió las alarmas entre los estudiosos del desarrollo: "La felicidad interior bruta (FIB) es mucho más importante que el producto interno bruto (PIB)". Detrás de ella, se encuentran las tesis y prácticas de gobierno que por sus resultados han suscitado interesantes debates y reflexiones en premios Nobel como Joseph E. Stiglitz y Amartya Sen, en economistas de renombre como Jeffrey Sachs, y entre estadistas como Nicolás Sarkozy, Gordon Brown, y David Cameron.
Jigme Singye Wangchuck y su hijo Jigme Keshar Wangchuck
Precisamente este último, actual primer ministro del Reino Unido, sumándose a una iniciativa compartida con Francia según la cual proyectan calibrar la satisfacción y el bienestar general sobre la base de que el dinero no es todo en la vida, afirmó recientemente recogiendo los conceptos de Singye Wangchuck: "Ha llegado la hora de que admitamos que hay más cosas en la vida que el dinero y ha llegado la hora de que nos centremos no sólo en el producto interior bruto (PIB), sino en una felicidad general". Y por más que la medida comienza a evaluarse en medio de una dura crisis europea, Cameron pedirá a la Oficina Nacional de Estadísticas que incorpore nuevas preguntas a su sondeo habitual en los hogares británicos, para conocer el nivel de bienestar de sus integrantes, según publicó hace días The Guardian.

El dinero no hace la felicidad..
Es que el creativo enfoque Butanés se basa en el concepto de que el desarrollo de la sociedad no debe valorarse sólo en función del crecimiento económico, sino en la medida que éste conduzca o no a la felicidad de su población, lo cual se sustenta en los cuatro pilares que soportan su modelo de “Felicidad Interior Bruta” (FIB): desarrollo socio-económico sostenible y equitativo, preservación y promoción de la cultura, conservación del medioambiente, y buen gobierno. En Bután miden la felicidad con arreglo a un panel de 72 variables agrupadas en nueve apartados: renta per cápita, salud, acceso a la educación, bienestar emocional y psicológico, diversidad cultural, empleo del tiempo, capacidad de la comunidad para sobreponerse a situaciones límite, vitalidad de la sociedad y calidad de gobierno.

En contraposición, si bien el PIB (Producto Interno Bruto) recoge, a grosso modo, los bienes y servicios que produce un país, siendo el indicador más internacional, cada vez es mayor el número de teóricos que lo cuestionan como termómetro de progreso de nivel de bienestar, pues no valora las desigualdades, no descuenta los costos del crecimiento económico en el medio ambiente y la calidad de vida de las personas, y es ciego a elementos como la cultura y salud. Confirmando esta tendencia, Aniol Esteban, jefe de economía ambiental de la New Economics Foundation (NEF), nos da su interesante versión: "El PIB como compás que guía a una nación ha quedado obsoleto. Y cuando un país ya no es una economía emergente, cuando ya ha alcanzado cierto nivel de desarrollo económico, hay que empezar a valorar más datos: renta por habitante, desigualdades sociales, algún ratio que mida los recursos naturales gastados en generar producción para ver si somos cada vez más eficientes... Se ha instalado la idea de que, si el PIB va bien, todo va bien, y en un país desarrollado hay que ir a crecimientos más cualitativos", explica.



El éxito de Bután.

Y es que bajo su modelo, ya para 2007 Bután era la segunda economía con más rápido crecimiento en el mundo, con una tasa real de 8.8%, una tasa de desempleo de 2.7%, un sistema de educación gratuita y en inglés; habiendo reducido sensiblemente en los últimos diez años la tasa de mortalidad y mortalidad infantil, y logrado un notable incremento con las expectativas de vida al nacer, que para el 2000 era de 52 años y en 2008 superaba los 65 años. Las estadísticas señalan que más del 97% de su población se reportaba como feliz y muy feliz; ubicándose en las estadísticas mundiales en el octavo país más feliz entre los 178 estudiados, sólo por detrás de Dinamarca, Suiza, Austria, Islandia, Bahamas, Finlandia y Suecia; todo ello a pesar de su bajo ingreso per cápita que no supera los US$5.500. Por ello, en julio de 2006 se aprobó en Bután una carta magna que establece en su artículo 9.2 que "El Estado se esforzará en promover las condiciones que permitan la consecución de la felicidad interior bruta".
Joseph Stiglitz
Y también por ello Francia, quien ha cuestionado "la religión del número", en palabras de su presidente Nicolas Sarkozy, ha planteado un cambio en los indicadores económicos, tras haber encargado en febrero del 2008 a una Comisión de notables encabezada por Joseph Stiglitz un informe sobre el progreso económico social, para estudiar la creación de un índice de desarrollo basado en el concepto de felicidad. Parecería haberse aceptado entonces que las viejas teorías que consideraban al crecimiento económico como el sinónimo perfecto del bienestar de un país, al igual que la manida interrogante acerca de si el dinero produce la felicidad, han encontrado nuevas respuestas y nuevas implicaciones prácticas.

Bienvenida pues la experiencia de Bután y su joven monarca Jigme Keshar Wangchuck, que vienen a traernos nuevas luces y esperanzas en momentos en que el mundo se retuerce en medio de ideologías y modelos fracasados, cuyo fracaso ha estado precisamente, en confundir números con sentimientos, e ideologías con felicidad.

Argenta
Enero, 2010
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