¿Antiargentinos, o Antihermanos? ¡Viva la estupidez carajo! (I)
"No nos une el amor, sino el espanto", escribió Jorge Luis Borges, como si hubiera adivinado lo que podría originar en nuestros hermanos del Mercosur, este estúpido acto de Milei, en Brasil. Y bueno, nuestro hermano latinoamericano y mercosuriano, Javier Milei, fiel a sus locuras y extravíos existenciales, se dio el gusto. Viajó a Brasil y se dio un baño de populismo de extrema derecha radical, insultando y ofendiendo a la institucionalidad de nuestro país hermano. Si: a lo más sagrado de la institucionalidad de Brasil; porque insultar groseramente a un presidente en ejercicio, elegido democráticamente, dos veces, y además, a un máximo representante de la suprema justicia de ese país, es un acto cobarde, estúpido, y sin sentido.
Con
su participación en la convención del Partido Liberal (PL) que
convirtió a Flavio Bolsonaro, hijo
de Jair Bolsonaro (encarcelado por la justicia), en candidato a presidente
de Brasil para las próximas elecciones, Milei busca profundizar
el mapa conservador de la región. Para ello, irrumpió con la potencia de
un rockstar en el Arena Pacaembú, un gimnasio con capacidad para 3.000 personas,
con los brazos en alto y saltando como un desaforado, desatando el delirio de
miles de bolsonaristas que lo aclamaron “¡Milei! ¡Milei!”.
En
su discurso, llamó a los brasileños a respaldar a Flavio Bolsonaro para frenar
el avance de Lula da Silva y lo que definió como “los zurdos de mierda”, en una
alocución de 25 minutos contra el “socialismo latinoamericano”. ¡Una brutal injerencia,
y una total impertinencia! Llamó, con ironía, “Don Lula”, “el zurdo”, “ladrón”
y “el presidiario”, al presidente brasileño, advirtiendo que Brasil corre el riesgo de
sufrir un colapso si no da un “golpe de timón” en las urnas en octubre. (Le
recordaría que ya lo intentó, con su candidato preso, y no le funcionó)
Milei
acusó a Lula de haber intentado torcer a su favor las elecciones de 2023,
cuando enfrentó a Sergio Massa. “Tenía un vecino que se metía en la política de
Argentina para tratar de torcer la historia en favor de los zurdos de mierda”,
disparó. ¡Mentira tipo Trump! Y exportando
su chabacana jerga política al terreno brasileño, acusó al gobierno de Lula de
provocar un descalabro fiscal para retener el poder. “Si en la Argentina
tenemos como factor económico lo que llamamos el ‘riesgo Kuka’, acá, en Brasil,
hoy tienen el ‘riesgo Lula’”, exclamó.
Acto
seguido, cargó contra Alexandre de Moraes, el juez del Supremo Tribunal Federal
que bloqueó su encuentro con Jair Bolsonaro. Milei lo llamó “la basura calva”,
lamentó no poder visitar a su “amigo injustamente encarcelado”, y cerró su
alocución con el mismo grito con el que abrió: “¡Viva la libertad, carajo!”.
¡Totalmente improcedente! ¡Mereció que lo sacaran a patadas en el
culo!
Ir a meter su nariz en algo tan
delicado como la soberanía de nuestros hermanos brasileños al elegir sus
gobernantes, apoyando directa e indirectamente a un golpista condenado por la
justicia brasilera, e insultando a sus autoridades y a sus instituciones, me
avergüenza como hermano/argentino. Pero para Milei, como para su maestro “narcisista
maligno”, Donald Trump, la constitución, las leyes, y el orden democrático, no
valen nada. Solo su mesiánica interpretación de un mundo bajo el capricho de su
jurisdicción.
¡Defender a individuos condenados
por la justicia de sus países como delincuentes políticos organizados, es tan
grave como defender a los narcotraficantes y terroristas del crimen organizado!
¡Digámosles entonces de una vez por
todas a nuestros hijos, y a nuestra sociedad organizada, que los principios y
valores defendidos con sangre, y miles de compatriotas muertos, no han servido
para nada! Regocijemos pues, en el mundo
del anarquismo liberal, y la libertades absolutamente liberadas, dentro las cuales un delincuentes
financiero vale más que un pendejo delincuente de barrio, pendenciero. Milei nunca asumió que es el presidente de
todos los argentinos; el poder le quedó grande. Se conformó con ser una triste y
mala versión de Donald Trump, en su peor versión capitalista, Igual que Chávez,
de Fidel Castro, en su peor versión comunista.
Como
conclusión, le aclaro, señor presidente de la “antimierda socialista”, que en
este país hermano, pegadito a sus costillas fronterizas, los socialistas y
comunistas y todas esas expresiones radicales, conviven dentro de un gran pacto
social dentro del cual, o nos enriquecemos todos, o nos jodemos todos. ¿Y sabe
qué? Nos ha funcionado. ¡Y ustedes mismos lo reconocen! A los uruguayos, el
mundo nos distingue por nuestro acertado “crecimiento económico” con “inclusión
social”. Usted, apenas está en la primera
etapa.
No
despierte entonces un sentimiento, más que anti-argentinos, anti-hermanos. ¡Para
que no viva la estupidez, carajo!



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