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Location: Cordón, Montevideo, Uruguay

Thursday, May 21, 2026

 La sociedad que construimos, ¿o destruimos?


Los “pistolas locas”, acaban de cometer otro asesinato en Montevideo. Y es tan o más vergonzante que los anteriores. ¡Esta vez le tocó a una bebé de un año y medio de edad! “Un homicidio de un niño de un año y medio causó conmoción en la noche de este lunes”, informa la prensa.  El ministro del Interior, Carlos Negro, que sin ser negro debe enfrentar, un oscuro problema social, en su país, emitió un mensaje en su cuenta de X: "Movilizado por una profunda indignación, que jamás será impotencia, sepan que ninguno de nosotros va a detenerse hasta dar con los responsables del homicidio de un niño de apenas un año".

Pero el 8 de mayo, sucedió otra vez: “Durante la balacera contra una vivienda en Malvín Norte resultó herido de gravedad un bebé de seis meses que quedó con un proyectil alojado en su cráneo y está grave”. Y seguirán habiendo, varios más. Mientras mantengamos la basura escondida bajo la alfombra, nos disculparemos y acusaremos, unos a otros, de no haber hecho lo que pudimos hacer. Y esos grandes señores que supuestamente nos representan a todos en el parlamente -la mayor caja de resonancia de nuestras reivindicaciones – seguirán calentando con sus culos los cómodos sillones de las cámaras de senadores, y la de diputados, ¡sin que se les caiga una puta idea!

Recientemente, y en Montevideo, una madre fue a buscar a su hija a la UTU, quedó en medio de tiroteo y la balearon. La víctima cayó al suelo y llamó a una familiar. El proyectil ingresó por la espalda y actualmente está internada. ¿Qué locura es ésta? Veamos otro caso reciente. “Adolescente grabó torturas, mutilaciones y colaboró en disparar a un bebé de dos años”, nos relata el 07.05.2026, Montevideo Portal -El menor de edad fue condenado a diez años de internación en el Inisa luego de comprobarse los delitos. Según la información emitida por la Fiscalía, los hechos incluyen torturas grabadas y un homicidio cometido frente a una menor de edad. El ahora condenado utilizó su celular para filmar el secuestro y tortura de una persona que permaneció cautiva varias horas. Mientras captaba las imágenes, el adolescente insultaba al hombre herido.

¡Mi Dios! ¡Cuánto odio, cuánto resentimiento social, en un menor de edad! ¿De qué hogares sale toda esta descomposición social?

¡Además, hoy, en este bello país, parte de sus ciudadanos roban todo, y a todos! Desde a modestos compatriotas que con sacrificado esfuerzo, abren un precario local comercial, en medio de un barrio necesitado para brindar un servicio, ganando apenas lo suficiente para poderse alimentar, hasta   los sacrificados delyveres, que para nuestra mayor comodidad, arriesgan su salud, y su vida, noche a noche y día tras día, dando un servicio social. Tampoco los comerciantes establecidos, que ven como día a día unos inadaptados, envalentonados en el número de cómplices motorizados, destrozan sus vidrieras y vitrinas para llevarse perfumes y objetos ¡de valor. Desde los que roban el cobre de las estatuas más representativas de la cultura, nacional e internacional; o los cables de cobre revestidos que llevan los servicios de comunicación y energía a toda la población. ¡Y esto no es hambre, esto es vandalismo!

Como el reciente caso (entre muchos otros) de un hogar desvalijado cerca del Parque Rivera. "Se tomaron todo el tiempo del mundo y se llevaron absolutamente todo", relató Ximena, "Cosas que nos costaron mucho conseguir".  Y los ladrones hasta "se cocinaron" durante el robo”. Además, y quizá lo más lamentable, es que ahora sus hijas tienen medio de dormir en sus cuartos. ¿Acaso asimilamos la denigración social detrás de todo esto?  ¡Y si no nos pueden robar, matan a quien sea para llevarse tres monedas y lo que puedan revender, para seguir alimentando su -y nuestra -destrucción social! ¡Por tan bajo beneficio económico, y tan alto costo en vidas humanas! Hay una percepción de impunidad cómplice, en esta sociedad actual.

Mientras tanto, según con el último ranking del Numbeo Quality of Life Index, una base de datos colaborativa por demás consultada a nivel mundial sobre condiciones de vida, Uruguay reafirmó su posición como “líder en la región en lo que respecta a la calidad de vida”. Ya nos habían destacado anteriormente. Es algo irónico ¿no? Este país recibe a miles de extranjeros, desde diversas partes del mundo, que han venido, y siguen viniendo, a compartir sus vidas y sus ahorros en este hermoso pedacito de la América del sur.  Y este país es uno de los más admirado por sus políticas de bienestar social. ¡Mucha es la inversión de nuestros ciudadanos, en planes de ayuda para salud, vivienda, educación, seguridad personal, a sus compatriotas!

Y por eso se afirma que somos un país caro. ¡Si, somos caros porque sin tener ni una gota de petróleo, ni un gramo de acero, aluminio, litio, o lo que sea, logramos el milagro de tener planes sociales que muchos vecinos ricos nos envidian! Es un enorme esfuerzo de toda una población que ha aprendido a vencer obstáculos y dificultades, con sus desgarramientos sociales y sus pérdidas familiares, que la felicidad está en la paz y no en la guerra. En la convivencia humana y no en la bestialidad animal. Pero esta mezcla de delincuentes, mezclados con los indigentes, los más desamparados, y los vivos que se crean bajo ese frondoso árbol de los derechos humanos, nos amenazan, nos roban, nos dañan, y nos denigran cada día.

Hoy, los menos amparados, parecen ser aquellos ciudadanos con más derechos humanos que con su trabajo se los han ganado. ¡Hay gente mala, en este pequeño y hermoso Uruguay! Gente verdaderamente mala; ¡algunos por necesidad, pero otros por decidir ser mala! 

¡Y esto no lo podemos permitir! O nos vamos todos al infierno (¡por no decir a la mierda!) ¿Cuántos seres humanos hay detrás de estos acontecimientos? ¿Padres que no logran, o nos les interesa asumir su responsabilidad social? ¿Los agresores cómplices que se juegan por un par de dosis de pasta base, sirviendo a los intelectuales que manejan la miseria humana?  Son demasiados individuos dedicados a nuestra denigración humana. Y esto ya ha llegado al límite en que no lo podemos ni debemos, permitir. ”Basta con tanta dulzura”, decía un ingenioso comercial de refrescos, hace poco tiempo atrás. ¿Acaso son menos criminales que los dictadores militares que se llevaron tantas vidas, y por los cuales seguimos haciendo manifestaciones anuales?

Hoy, muchos compatriotas están proclives a aceptar una autoridad dictatorial; y un 41% hasta la peligrosa experiencia Bukeliana, que reprime sin contemplar. Y esto es peligroso; muy peligroso, porque nos puede llevar a desviaciones que luego haya que lamentar. Pero algo en profundidad hay que atreverse a intentar. No es solamente un tema de represión para el presente; en un gran tema de formación para el futuro.

Sin duda, nuestra educación está fallando. La otrora maravillosa educación pública, no ha enfrentado -porque no sabe ni quiere - un cambio de paradigma educacional, de acuerdo a las exigencias y necesidades de un mundo tan cambiante como desafiante. Y sin duda, dentro de los desgastados programas que aún rigen nuestra educación, no eran amenazantes ni preocupantes fenómenos existenciales como la drogadicción, el sicariato, y la violencia asesina que nos acompañan hoy. ¿Y qué hace nuestra educación para su prevención? ¿Acaso hay programas, planes, materias, talleres, campañas de concientización y disuasión social, para desestimular sus consecuencias? Cada día convivimos con más violencia; en el fútbol, la política, la calle, y hasta en nuestras residencias. Y nos vamos adaptando, y la vamos incorporando.

¡Y entones, ahora nos vemos aprisionados, entre la dulzura de unas leyes que reivindican nuestro pasado de abusos totalitarios y criminales, hasta ser edulcorados con estos otros criminales que no representan ni les importan las vidas de sus compatriotas! ¡Contra estos, es hoy, nuestra lucha existencial! Lamentablemente, en Uruguay, es más rápida la “descomposición”, que la “recomposición, social”.

¡Podríamos crear una ciudad nueva, más allá de las tantas que tenemos en nuestros 19 departamentos, si tenemos nada menos que a casi 17.000 presos en cárceles insuficientes, que nos crean un enorme presupuesto económico, una inestabilidad social, y una mala imagen como nación, y ahora vamos a construir algunas más! ¡Y si el 70% de los liberados, vuelven a reincidir! ¿La ciudad de los reincidentes? Mientras nuestra aldea de 130 legisladores en el Parlamento Nacional, divididos en 30 miembros en la Cámara de Senadores, y 99 miembros Cámara de Diputados, lo que más nos aportan diariamente, son sus mediocres pases de factura, descalificaciones, discursos y negaciones, sobre lo que unos no hacen hoy, y lo que otros no hicieron ayer. ¡Y es que no estamos construyendo sociedad; la estamos destruyendo!

 

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