La Tercera Opinion

Tuesday, December 15, 2015

Decodificando al ser humano…¡y a los uruguayos también!

Oíme: ¿cómo hacemos con esto del cambio del ADN en la Educación? El problema es que el ADN  es un ácido nucleico que contiene las instrucciones genéticas usadas en el desarrollo y funcionamiento de todos los organismos vivos conocidos y algunos virus, y es responsable de su transmisión  hereditaria. ¿Les suena para algo esto, en el desarrollo de nuestra sociedad? Y fíjense que “la función principal de la molécula de ADN es el almacenamiento a largo plazo de información”. Bueno, aquí algo me va quedando claro: primero, que es un ácido (y vaya que de eso los uruguayos tenemos bastante), segundo que tiene una función hereditaria (¿serán esas viejas ideologías que se quemaron en el ácido?), y tercero, el almacenamiento a largo plazo de la información, lo cual, creo yo, que es lo que nos está evitando la actualización.

Y bueno, es que si bien hoy está en discusión  eso de lograr un cambio de ADN en la educación, y ya varias cabezas han rodado sin compasión, yo creo que el problema del cambio de ADN, en el Uruguay de hoy, no es sólo un tema de la Educación, como se ha planteado, sino de toda la población. Y quizá más que nada -pues aquí es donde está radicada la principal oposición -entre simpatizantes del propio partido de gobierno. Si; dentro de este Frente Amplio, que cada día se muestra más ácido, y menos amplio.. Y más oposición.

Los uruguayos somos apenas un puñado más que tres millones de habitantes ¿y no somos capaces de ponernos de acuerdo en cosas tan fundamentales -y hasta elementales -para el presente y el futuro de la nación? Y no hablo sólo de la Educación, sino en temas relacionados con mayores oportunidades de desarrollo y bienestar para toda la sociedad. ¿Dónde buscar, entonces, alguna lógica explicación? Yo, por mi parte,  he echado mano a una conferencia del investigador internacional mexicano Dr. Juan Enríquez Cabot, un especialista en biotecnología del  Centro de Estudios Latinoamericanos David Rockefeller, quien para reflexionar sobre la importancia de la inversión en ciencias de la investigación y la tecnología,   utiliza como titulo  la famosa frase de Winston Churchill “Los imperios del futuro serán los imperios de la mente”.

El artículo es estupendo; y yo les recomiendo a todos, leerlo, porque ahí están las claves para entender el futuro. Y él nos da otras pautas, relacionadas con el ADN, para entender al ser humano. (Aunque no necesariamente a los uruguayos).

El mundo ya cambió -asegura Enríquez - Me estoy refiriendo al mapa de la secuencia genética del ser humano. Ese mapa, que a partir del 12 de febrero del 2001, permite ver de qué estamos hechos. Ahora que tenemos el código genético completo de los seres humanos y de los ratoncitos - prosigue Enríquez - si nos ponemos a pensar cuáles son las diferencias entre ellos, resulta que la diferencia es relativamente mínima. Resulta por ejemplo, que Clinton tiene 30.000 genes -bueno al día de hoy  26.6888 (+ - 12.000, porque todavía no está muy claro el mapa)- y que Bush también, porque la diferencia entre uno y otro, es 0.001 por ciento. Ello se debe a que de los 3.000 millones de letras que tienen adentro de cada célula, solamente codifica el tres por ciento.

De allí -explica Enríquez -que la diferencia real entre un ser humano y otro, aunque parezcan tan distintos o aunque se dediquen a la política, es el 0.001 por ciento multiplicado por el 3 por ciento. Absolutamente mínima. Lo que es sorprendente, es que entre este espécimen (un ratón común) que también tiene 30.000 genes y Bill Clinton, George Bush, o ustedes, la diferencia es mínima( ) La diferencia en número de genes entre lo que tiene el ratón y lo que tenemos nosotros, son 300 genes, sobre un total de 26.588. Por eso, a veces, de vez en cuando, la gente se parece a sus animales”.

Esto, por otro lado, ayuda a explicarme también por qué, entre nuestra sociedad uruguaya, hay gente que -con unos pocos genes de más -resultan tan brillantes - y otros que, con no tantos menos, resultan bastante menos. Otra aclaración, me la da, en una entrevista que le hicieran poco después de mi regreso al Uruguay,  el reconocido Luis Eduardo (“el sordo”) González, allá en febrero del 2012, donde aclaraba:Acá el tema es que por una cuestión cultural, al que asoma la cabeza se la cortan con un hacha. En Uruguay hacerse ver es espantoso -afirmaba González -y se combate la desigualdad haciéndose parecidos, y no todos, eso siempre fue una hipocresía, por lo menos la mitad que vivía mejor”.

Y ahora, en una entrevista reciente, González, agrega: “Entonces todo este equipo de gobierno, que además era "vazquista", por definición es lo que fuera de este país se llama socialdemócrata. La mitad del Frente dice la palabra como insulto. Para la tradición profunda de la izquierda uruguaya, la socialdemocracia es una traición porque la socialdemocracia en realidad no se propone remplazar al capitalismo sino "aggiornarlo". Para esa gente formada en la escuela de la adhesión a la revolución cubana y todas esas cosas -aclara González - ser socialdemócrata es un pecado. La izquierda no puede ser socialdemócrata”. Y nos lo resume muy bien, el “sordo Gonzalez”: Bueno, ese el fondo del conflicto. Esa es la personalidad dividida de la izquierda o la esquizofrenia, si se quiere, del Frente Amplio. No es algo que nadie haya construido deliberadamente. Es el resultado de años de evolución política que llegaron a ese punto”.

¡Carajo! Volvemos a los conceptos del ADN: un ácido, que además de tener una función hereditaria, también contiene el almacenamiento a largo plazo de la información, la cual, creo yo, es la que hoy nos imposibilita  -tanto una mejor educación -como a su vez, y como país, la imprescindible actualización.

“Quienes controlan su inflación y presupuesto pero no adoptan y generan nuevos conocimientos, se pueden volver irrelevantes y desaparecer. Mientras hay un crecimiento sin precedentes en genética, electrónica, cómputo y micro materiales, la mayor parte de Latinoamérica sigue al margen de estos cambios y su población se vuelve cada día más pobre - afirma Enríquez.  ¿Se habrá enterado del rechazo del PIT CNT a seguir participando de las negociaciones del TISA, cuando ni siquiera saben de qué se trata?

Mario Mora, uno de mis queridos compañeros del Upb B, del Municipio B, durante una pequeña pero fructífera reunión, celebrada hace muy pocos días, nos aclaraba: “ante la imposibilidad de construir, desde la izquierda, hay quienes prefieren destruir, porque les es más fácil, más cómodo, y más redituable”. Y es que en este pequeño país donde todos nos conocemos y en donde todos deberíamos unir voluntades para ser un país más grande, nos enseñan desde chicos, que hay que odiar. O sos de Nacional o sos de Peñarol: o aún de otro cuadro que represente la pertenencia al barrio o a la familia o a los amigos. Pero tenés que ser de algo o alguien y tenés que odiar a algo o a alguien. Y en política, por supuesto pasa lo mismo, pero aún ampliado: o sos colorado, o sos blanco, o comunista, o socialista, o frenteamplista  o anarquista, o simplemente sos uno de los OSOS boludos que pretenden inventar un mundo distinto. Lo importante es que seas algo que odie a alguien! Y de paso, conservamos vigente e intacta, la violencia.

Y yo, como me considero muy respetuoso -tanto de aquellas personas que, además de ser muy valientes, son muy valiosas - como también de aquellas que, siendo muy valiosas no son tan valientes, finalizo estas reflexiones con el cierre de la conferencia del Dr. Enríquez Cabot: “Cierro mi exposición diciéndoles lo que afirmaba Einstein en los años 40, que:

Todos los imperios del futuro van a ser imperios del conocimiento, y que solamente son los pueblos que entienden cómo generar conocimientos y cómo protegerlos, cómo buscar a los jóvenes que tengan la capacidad para hacerlo y asegurarse que se queden en el país, serán los países exitosos. Los otros países se quedarán con litorales hermosos, con iglesias, minas, con una historia fantástica, pero probablemente no se queden ni con las mismas banderas ni con las mismas fronteras, ni mucho menos con un éxito económico”.

Amen.