La Tercera Opinion

Monday, January 11, 2010

Argentina: una gran oportunidad.


Argentina está perdiendo la oportunidad de hacer de un tonto conlicto interno, un éxito que le permita brillar con luz propia en el gran escenario internacional. Como resultado, los perros de la guerra -o sea todos aquellos que esperan agazapados para sacar una mordida de cualquier conflicto aún por más intrascendente - se están haciendo una fiesta. El motivo es tan tonto como trascendente, de acuerdo a los ojos de quien y cómo lo quieran mirar, y sobre todo, de quien lo quiera entender. Tonto, por cuanto, en definitiva, ninguna de las dos partes tiene intereses encontrados en el fin último por el cual se produce este conflicto. Trascendente, en todo caso, por la relevancia de los objetivos de ese fin que se persigue.

La presidenta argentina Cristina Fernández quiere cancelar unas viejas cuentas que enturbian el panorama de la credibilidad de la nación ante quienes –sin poner en juego el cuándo y el por qué –en su momento apostaron sus dólares a la credibilidad del país. Y que son quienes, en esos momentos delos cuales nadie está libre, representan la posibilidad de volver a tenerlos si se los necesita. El Presidente del Banco Central de la República Argentina Martín Redrado, a su vez, y estoy seguro de ello por tratarse de un economista reconocido, aceptado y respetado por el mundillo de las finanzas internacionales, tiene tanto interés como la presidenta en que esas deudas se paguen. ¿Dónde está pues el problema si el objetivo es el mismo? Pues en lo que siempre nos friega la vida –en especial -a los latinoamericanos: el cómo.

El cómo hacerlo respetando la constitucionalidad y las leyes, y a su vez, a quienes estando en los cargos institucionales, son responsables de que se mantenga ese respeto institucional. En este marco, y dentro de las alternativas de que dispone la nación argentina, la presidenta ha preferido acudir a un par de decretos especiales encuadrados dentro de las facultades que le brinda la Constitución (el artículo 99 que permite que el Poder Ejecutivo haga uso de decretos de necesidad y urgencia en carácter excepcional), para tomar los proventos de un fondo creado especialmente por uno de esos decretos, y que faculta garantizar el pago de deuda externa con reservas del Banco Central. Y aquí sucedió lo que era previsible que podía suceder en un país en donde, por suerte, todavía no se acatan las resoluciones presidenciales aplaudiendo como focas lo que –aún con las mejores intenciones –debe contemplar el respeto a un orden institucional.

El disparador del conflicto.

El Sr. Martín Redrado, sintiendo vulnerados sus derechos, sintió que de hecho le estaban invadiendo el rancho, sin siquiera preguntarle si prefería que entraran por la puerta, por las ventanas, o por el techo. Y se sintió en la obligación y en la responsabilidad de defender la autonomía de una institución que, por algo se decidió también en la Constitución, que fuera autónoma. De lo contrario ¿para qué el mismo equipo gobernante lo instaló allí? ¿Para obedecer órdenes como un soldado? ¿O para gestionar el desempeño de una de las instituciones más emblemáticas del país? Indudablemente, el Sr. Redrado también dispone de los derechos que la Constitución pone al servicio de la Institución cuyo desempeño le fuera encomendado. Y por ello, se resistió a acatar la norma.

Que la presidenta argentina tiene sus atribuciones constitucionales? Nadie se lo duda ni pone en discusión. ¿Que su intención era y es, algo altamente positivo para la imagen /credibilidad de la nación? Tampoco. ¿Qué este tipo de decisiones, inteligentemente administradas, puedan darle a la Argentina enormes réditos ante los inversores nacionales e internacionales que son los que le están cambiando la historia, tanto al mas gigante delos países como China, hasta el mas pequeño, como su vecino, el Uruguay? Tampoco hay dudas. Personalmente, opino que el hecho en sí es un maravilloso desafío de alta institucionalidad, en un país que forma parte de una región que ha mostrado enormes fracasos, precisamente, por la debilidad de sus Instituciones. Argentina tiene aquí una enorme oportunidad para demostrar que los intereses nacionales están por encima de caprichos autoritarios y apetencias sectoriales, resolviendo sus diferencias en el respeto a las normas constitucionales que rigen la vida de la nación.

Si yo estuviera en el lugar de la presidenta argentina (cosa imposible ya que además de ser uruguayo no reúno ni sus cualidades físicas ni intelectuales) llamo a una conferencia de prensa junto al Señor Redrado, al Vicepresidente de la República y al del Congreso, y al Ministro de Economía, y le explico bien clarito a la gran nación de San Martín: ”Señores: Colorin colorado, este cuentito se ha terminado. Agradezco al Presidente del Banco Central de la Nación Argentina, Señor Martín Redrado, por haber cumplido celosamente con la responsabilidad que le encomienda la Constitución, y para la cual lo hemos designado, al frente de una de nuestras principales Instituciones de la Argentina. Quizá en el convencimiento de hacer un bien a la nación, cometimos un error de procedimiento al no consultar a quienes, en definitiva, persiguen los mismos objetivos que nosotros. El objetivo nacional, de todas formas, lo vamos a cumplir; y para ello, consultaremos al propio Señor Redrado y a los demás miembros del equipo económico para identificar los fondos con los cuales vamos a honrar nuestros compromisos. Por suerte, la Argentina dispone hoy de los medios suficientes para demostrarle al mundo entero que somos serios, responsables, y, fundamentalmente, tan celosos en el cumplimiento de nuestras obligaciones como respetuosos de nuestras Instituciones. (Buenos días, buenas tardes, o buenas noches). (Ustedes no se imaginan cuánto les gusta a los pueblos que cada tanto, sus gobernantes pidan perdón por los errores..!)

Uno a cero. Y la presidenta liquida el partido. La misma jueza que ayer le cobró un penal por la falta a Redrado que lo separó del Banco Central, restituyéndolo en el cargo, tendrá que reconocer el espíritu deportivo de acatamiento a las reglas, y guardarse el pito. De lo contrario va a ser un partido monótono, tedioso, aburrido, y simplemente algo más de lo mismo en la escena regional, con muchos perros ladrando y muchos jueces pitando. Y una vez más, un desgaste innecesario para una nación que no lo merece. Hace bien poco en Venezuela, en un triste ejercicio de su autoridad, el Presidente Chávez mandó a encarcelar a una jueza por emitir una sentencia contraria a su capricho personal. Argentina no se merece seguir estos ejemplos.

Un conflicto que no es tal.

Quien ocupa las más altas responsabilidades de una nación, no puede aparecer guerreando públicamente con sus colaboradores y servidores subalternos, en rencillas tribales que ponen en riesgo la credibilidad y la institucionalidad del país. Porque con ello mella la autoestima y la confianza de sus subordinados, convirtiéndolos en simples adulantes sin dignidad ni respeto. Yo apuesto a los argentinos. Y creo que tanto la presidenta Cristina Fernández en su serio afán de devolverle credibilidad a la nación honrando sus compromisos, como el celoso guardián del Banco Central, Martín Redrado, exigiendo que se respeten normas constitucionales que dan garantías a la Institución, tienen entre manos un conflicto que no es tal. Sería maravilloso que la presidenta argentina pudiera leer, entender, y aplicar estos conceptos.
En el artículo anterior, en este mismo blog: “Negociación infinita; prueba de inteligencia” cito unas palabras del presidente recientemente electo del Uruguay, José Mujica, quien, más allá de haber pretendido tomar la justicia por sus manos con un grupo de guerrilleros tupamaros, hace treinta y nueve años atrás, hoy manifiesta la intención de representar a su país ante los conflictos, aplicando el concepto de “negociación infinita”. Los años de lucha, y sin duda también los de cárcel, le han dado al viejo guerrillero la sabiduría de la más grande de las universidades: la vida. Lamentablemente, en el entorno de estas controversias, en lugar de aparecer líderes mediadores capaces de encender –aún a su propio riesgo -la luz que haga posible la visibilidad donde no la hay, aparecen los jinetes de las sombras dispuestos a cabalgar los beneficios del chismorroteo, que solo producen radicalización, intolerancia y división entre la sociedad. Alguien siempre gana con esto: pero el país, siempre pierde!
Argenta, enero, 2009

Monday, January 04, 2010

“Negociación infinita”: prueba de inteligencia.


Deseo para el Año Nuevo.

Si algo pudiéramos desear del nuevo año que se inicia, más allá de los muy atendibles y tradicionales deseos de paz, salud, amor, y prosperidad, sería un deseo universal de tolerancia, entendimiento, y de respeto hacia los diferentes modos de pensar, de creer, de discrepar , de opinar, y hasta de soñar, de cada uno de nuestros semejantes. Y sobre todo, un espíritu de “negociación infinita” en todo aquello que -afectando directa o indirectamente nuestros intereses, nuestros principios, y nuestras convicciones -también afecten los grandes intereses colectivos. ¡Gran tarea para nuestros dirigentes nacionales, regionales, y mundiales!

Durante la campaña electoral que le permitió reclamarle a la historia el lugar privilegiado que con sus aciertos y errores se ganó, José Mujica fue prisionero de muchos dichos de su particular forma de expresión, que la oposición aprovechó para intentar desacreditarlo ante la opinión pública. El “Pepe” no es un académico, ni se distingue por tener un léxico florido, ni un correcto uso de las mejores y más elaboradas expresiones de la Real Academia del idioma español. Sin embargo, a la hora de las definiciones que hacen la diferencia entre las distintas visiones de la gestión gubernamental, Mujica ha demostrado una claridad meridiana al marcar posiciones frente a los grandes temas nacionales.

El domingo 20 de noviembre, nueve días antes de ser electo presidente de los uruguayos, José Mujica fue entrevistado por la Cadena televisiva CNN en Español. A través de sus declaraciones, el ex -guerrillero tupamaro que pagó sus facturas con la sociedad con 13 duros años de cárcel, dio una clara muestra de que los años le han aportado, más que frustraciones, una enorme cuota de sabiduría popular. Entre otras cosas, aseguró que de ser electo tendrá como principal objetivo impulsar en la región una "negociación infinita" con el fin de afianzar el entendimiento entre los países. Al ser consultado acerca de su relación con el controvertido presidente de Venezuela, Hugo Chávez –algo que también fue demonizado por su oposición -Mujica hábilmente separó “persona” y “problema” al aclarar: "Quisiera que Venezuela hablara menos”. Y mas adelante reflexionó: “Quiero recordarles a todos los latinoamericanos que puedan tener antipatía con Chávez, que Venezuela estaba antes que llegara Chávez y va a seguir estando. Todos tenemos que poner lo que podamos para no perder la paciencia”. Al referirse concretamente a las relaciones binacionales con el país caribeño, indicó: "Para nosotros es un país fundamental porque es complementario. El gran comprador que tenemos para la leche en polvo y además es un formidable proveedor de petróleo".
Con estas aclaraciones, Pepe me recuerda los postulados de dos catedráticos de derecho de la Universidad de Harvard especializados en la solución de conflictos, William Ury y Roger Fisher, quienes en su libro "Getting to Yes", sostienen como esencial para la negociación “de principios”, “separar persona y problema; centrarse en los intereses, no en las posiciones; idear opciones para la ganancia mutua; insistir en criterios objetivos –alguna norma o principios externos –que puedan ser compartidos”. William Ury en especial, ha actuado en la resolución de conflictos en varios escenarios internacionales (Rusia, Chechenia, ex –Yugoslavia, Turquía e Indonesia) y fue llamado especialmente por el Centro Carter para dictar una conferencia en la Universidad Central de Venezuela, el 26 de marzo de 2003, a la cual fui invitado como Directivo de la Coordinadora de Asociaciones Vecinales. En ella, Ury insistía sobre estos conceptos, llamando a reflexión sobre el papel que corresponde a quienes están en “El Tercer Lado”.

Y ahí está la sabiduría práctica de Mujica: reconoce los excesos del presidente venezolano, pero no mezcla “persona” y “problema”; o, en este caso, persona y país. Se centra en los “intereses”, no en las “posiciones”. He insiste en idear opciones para la ganancia mutua a través de criterios objetivos que puedan ser compartidos. Por ello, en otro momento de la entrevista, afirma: "Trataremos de encontrar la salida diplomática, sin perdernos en declaraciones altisonantes que para lo único que sirven es para complicarnos la vida".

Se ha vuelto un lugar común que en el afán de desacreditar a cualquier candidato presidencial que pretenda cambiar los obsoletos paradigmas de la exclusión social - vinculándose en este objetivo con otros líderes de la región que intentan, con distintas visiones, aplicar conceptos sociales de mayor intensidad -deliberadamente se los quiera mimetizar con experiencias extremistas ya superadas por la realidad. Y como en más de una oportunidad, a falta de modelos propios, varios de estos líderes políticos acuden a la fórmula fácil de la radicalización extrema, buscando “compinches ideológicos” para atornillarse en el poder, más que estadistas virtuosos para cambiar la realidad, ello ha llevado al descrédito a revoluciones y revolucionarios por igual. Lo más nefasto de estas experiencias Latinoamericanas, es que a través de esos encompinchamientos ideológicos, se ha pretendido establecer un torneo de ideologías, más que una enriquecedora búsqueda de soluciones. En este sentido, después de haber asistido a tantas experiencias frustradas entre los pueblos de Latinoamérica, fundamentadas y alimentadas en una permanente confrontación entre los distintos sectores de la sociedad, Uruguay, sin duda, se ha convertido nuevamente en un punto de referencia por su seriedad, confiabilidad, respeto a la diversidad de ideas, y políticas de inclusión que conllevan a una mayor equidad entre los uruguayos.

Creo que una de las grandes lecciones de este primer gobierno de izquierda uruguayo ha sido, precisamente, el diálogo permanente y la atención focalizada en las distintas reivindicaciones de sectores aparentemente tan opuestos, como sin duda necesarios: trabajadores, empresarios, profesionales, funcionarios públicos, y todos quienes, de una forma u otra, hacen la dinámica diaria de la nación. No es fácil gobernar con equidad, entendiendo y haciendo entender que los beneficios deben ser compartidos. Centrándose en los intereses comunes, no en las posiciones personales; ideando opciones para la ganancia mutua, e insistiendo en criterios objetivos que puedan ser compartidos, según los postulados de William Ury y Roger Fisher, como forma de desactivar los conflictos propios de los intereses en cuestión. Los conflictos existen y existirán siempre como componente de las sociedades democráticas; la habilidad del gobernante está precisamente en el manejo eficiente de los mismos.

En un excelente artículo publicado en el año 2000, Alvin Toffler, el escritor de los memorables libros “El shock del futuro” y “La tercera ola”, refiriéndose a los vertiginosos y violentos cambios que están ocurriendo a nivel mundial y en todos los escenarios, afirmaba:“El conflicto es el otro lado del cambio -no hay conflicto, no hay cambio -y no vale la pena poner atención a ninguna teoría social o de negocios que ignore el conflicto”. La solución de los conflictos propios de una sociedad, es entonces, una verdadera prueba para la inteligencia de los gobernantes. Y creo que en este sentido, los uruguayos hemos aprendido mucho.

Para todos, un Feliz Año 2010!

Argenta, Enero, 2010