Monday, January 04, 2010

“Negociación infinita”: prueba de inteligencia.


Deseo para el Año Nuevo.

Si algo pudiéramos desear del nuevo año que se inicia, más allá de los muy atendibles y tradicionales deseos de paz, salud, amor, y prosperidad, sería un deseo universal de tolerancia, entendimiento, y de respeto hacia los diferentes modos de pensar, de creer, de discrepar , de opinar, y hasta de soñar, de cada uno de nuestros semejantes. Y sobre todo, un espíritu de “negociación infinita” en todo aquello que -afectando directa o indirectamente nuestros intereses, nuestros principios, y nuestras convicciones -también afecten los grandes intereses colectivos. ¡Gran tarea para nuestros dirigentes nacionales, regionales, y mundiales!

Durante la campaña electoral que le permitió reclamarle a la historia el lugar privilegiado que con sus aciertos y errores se ganó, José Mujica fue prisionero de muchos dichos de su particular forma de expresión, que la oposición aprovechó para intentar desacreditarlo ante la opinión pública. El “Pepe” no es un académico, ni se distingue por tener un léxico florido, ni un correcto uso de las mejores y más elaboradas expresiones de la Real Academia del idioma español. Sin embargo, a la hora de las definiciones que hacen la diferencia entre las distintas visiones de la gestión gubernamental, Mujica ha demostrado una claridad meridiana al marcar posiciones frente a los grandes temas nacionales.

El domingo 20 de noviembre, nueve días antes de ser electo presidente de los uruguayos, José Mujica fue entrevistado por la Cadena televisiva CNN en Español. A través de sus declaraciones, el ex -guerrillero tupamaro que pagó sus facturas con la sociedad con 13 duros años de cárcel, dio una clara muestra de que los años le han aportado, más que frustraciones, una enorme cuota de sabiduría popular. Entre otras cosas, aseguró que de ser electo tendrá como principal objetivo impulsar en la región una "negociación infinita" con el fin de afianzar el entendimiento entre los países. Al ser consultado acerca de su relación con el controvertido presidente de Venezuela, Hugo Chávez –algo que también fue demonizado por su oposición -Mujica hábilmente separó “persona” y “problema” al aclarar: "Quisiera que Venezuela hablara menos”. Y mas adelante reflexionó: “Quiero recordarles a todos los latinoamericanos que puedan tener antipatía con Chávez, que Venezuela estaba antes que llegara Chávez y va a seguir estando. Todos tenemos que poner lo que podamos para no perder la paciencia”. Al referirse concretamente a las relaciones binacionales con el país caribeño, indicó: "Para nosotros es un país fundamental porque es complementario. El gran comprador que tenemos para la leche en polvo y además es un formidable proveedor de petróleo".
Con estas aclaraciones, Pepe me recuerda los postulados de dos catedráticos de derecho de la Universidad de Harvard especializados en la solución de conflictos, William Ury y Roger Fisher, quienes en su libro "Getting to Yes", sostienen como esencial para la negociación “de principios”, “separar persona y problema; centrarse en los intereses, no en las posiciones; idear opciones para la ganancia mutua; insistir en criterios objetivos –alguna norma o principios externos –que puedan ser compartidos”. William Ury en especial, ha actuado en la resolución de conflictos en varios escenarios internacionales (Rusia, Chechenia, ex –Yugoslavia, Turquía e Indonesia) y fue llamado especialmente por el Centro Carter para dictar una conferencia en la Universidad Central de Venezuela, el 26 de marzo de 2003, a la cual fui invitado como Directivo de la Coordinadora de Asociaciones Vecinales. En ella, Ury insistía sobre estos conceptos, llamando a reflexión sobre el papel que corresponde a quienes están en “El Tercer Lado”.

Y ahí está la sabiduría práctica de Mujica: reconoce los excesos del presidente venezolano, pero no mezcla “persona” y “problema”; o, en este caso, persona y país. Se centra en los “intereses”, no en las “posiciones”. He insiste en idear opciones para la ganancia mutua a través de criterios objetivos que puedan ser compartidos. Por ello, en otro momento de la entrevista, afirma: "Trataremos de encontrar la salida diplomática, sin perdernos en declaraciones altisonantes que para lo único que sirven es para complicarnos la vida".

Se ha vuelto un lugar común que en el afán de desacreditar a cualquier candidato presidencial que pretenda cambiar los obsoletos paradigmas de la exclusión social - vinculándose en este objetivo con otros líderes de la región que intentan, con distintas visiones, aplicar conceptos sociales de mayor intensidad -deliberadamente se los quiera mimetizar con experiencias extremistas ya superadas por la realidad. Y como en más de una oportunidad, a falta de modelos propios, varios de estos líderes políticos acuden a la fórmula fácil de la radicalización extrema, buscando “compinches ideológicos” para atornillarse en el poder, más que estadistas virtuosos para cambiar la realidad, ello ha llevado al descrédito a revoluciones y revolucionarios por igual. Lo más nefasto de estas experiencias Latinoamericanas, es que a través de esos encompinchamientos ideológicos, se ha pretendido establecer un torneo de ideologías, más que una enriquecedora búsqueda de soluciones. En este sentido, después de haber asistido a tantas experiencias frustradas entre los pueblos de Latinoamérica, fundamentadas y alimentadas en una permanente confrontación entre los distintos sectores de la sociedad, Uruguay, sin duda, se ha convertido nuevamente en un punto de referencia por su seriedad, confiabilidad, respeto a la diversidad de ideas, y políticas de inclusión que conllevan a una mayor equidad entre los uruguayos.

Creo que una de las grandes lecciones de este primer gobierno de izquierda uruguayo ha sido, precisamente, el diálogo permanente y la atención focalizada en las distintas reivindicaciones de sectores aparentemente tan opuestos, como sin duda necesarios: trabajadores, empresarios, profesionales, funcionarios públicos, y todos quienes, de una forma u otra, hacen la dinámica diaria de la nación. No es fácil gobernar con equidad, entendiendo y haciendo entender que los beneficios deben ser compartidos. Centrándose en los intereses comunes, no en las posiciones personales; ideando opciones para la ganancia mutua, e insistiendo en criterios objetivos que puedan ser compartidos, según los postulados de William Ury y Roger Fisher, como forma de desactivar los conflictos propios de los intereses en cuestión. Los conflictos existen y existirán siempre como componente de las sociedades democráticas; la habilidad del gobernante está precisamente en el manejo eficiente de los mismos.

En un excelente artículo publicado en el año 2000, Alvin Toffler, el escritor de los memorables libros “El shock del futuro” y “La tercera ola”, refiriéndose a los vertiginosos y violentos cambios que están ocurriendo a nivel mundial y en todos los escenarios, afirmaba:“El conflicto es el otro lado del cambio -no hay conflicto, no hay cambio -y no vale la pena poner atención a ninguna teoría social o de negocios que ignore el conflicto”. La solución de los conflictos propios de una sociedad, es entonces, una verdadera prueba para la inteligencia de los gobernantes. Y creo que en este sentido, los uruguayos hemos aprendido mucho.

Para todos, un Feliz Año 2010!

Argenta, Enero, 2010

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