Wednesday, December 02, 2009

Uruguay: no ganó el más bonito.


Si: es cierto. El próximo presidente de los uruguayos no es el más “bonito”, según él mismo lo asegura, ni tampoco el más académico en su oratoria, ni el más elegante en su forma de vestir, ni el más acicalado en su forma de peinarse. Es, en todo caso, la representación del hombre común, jugado a sus ideas, que con sus errores y sus virtudes, más se identifica con algo más de la mitad del pueblo uruguayo. El hombre que por parecer tosco, resulta sincero; el hombre que por vivir modestamente, resulta honrado; el hombre que por haberse jugado hasta terminar preso y torturado, por su forma de pensar, resulta creíble y consecuente. Por eso, ganó. El Presidente Tabaré Vázquez, sin duda, le tendió la alfombra. El mismo lo reconoce: “la mejor agencia de publicidad que tuvimos, fue el gobierno de Tabaré”.

También es cierto que mucha gente que ha seguido su trayectoria política, y en especial sus dichos y entredichos, se agarra la cabeza tratando de comprender como es posible que este chacarero sin mayor preparación académica, y que hasta hace unos meses atrás lanzaba sapos y culebras cada vez que abría la boca, haya llegado a este sitial. Y es que para analizar este fenómeno de masas, es necesario dejar de lado esa primera imagen tosca, irreverente, y chabacana, que nos arroja su espejo personal, y analizarlo en el entorno que le da identidad dentro del Uruguay y los uruguayos por igual. La primera lección, sería entonces: “No piense en Mujica; piense en el Uruguay, y dentro de él ubique a Mujica”. Porque nadie puede quitarle los méritos a este ex –guerrillero, hoy devenido en Senador de la República. En mi artículo anterior “Mujica: ¿intimaciones o manipulaciones?”, hago una brevísima reseña del cómo y el porqué él y sus compañeros del MLN Tupamaros y el Frente Amplio, a lo largo de los últimos treinta años se fueron ganando la confianza, no sólo de una gran mayoría de los uruguayos, sino también de organismos internacionales e inversores privados por igual. ¡No es poca cosa! Como no es poca cosa que haya ganado las elecciones con algo más del 52% de los votos, superando la unión de los dos partidos tradicionales.
Celebración del triunfo de Mujica en la Rambla
Un análisis de Ramy Wurgaft, en “El mundo” de MADRID, nos arroja algunas luces: “Descontando la década de los 70, cuando surgió la guerrilla de los Tupamaros y el período de la dictadura (1973-1979) los uruguayos siempre han compartido los valores de la clase media que para este caso consisten en dirimir los conflictos por vía pacífica y en esperar el fin de semana para preparar una buena barbacoa. Uruguay posee uno de los mayores PIB per cápita de Sudamérica aunque su economía, comparada con la de Brasil, sea del tamaño de un garbanzo. ( ) El parque tecnológico de las afueras de Montevideo es la envidia del vecindario. Pero en lo que más destaca es en ser el tercer país de las Américas con el mayor índice de desarrollo humano y con menor desigualdad entre el 10% más rico y el 10% más pobre, según los estudios del Programa para el Desarrollo de la ONU (PNUD)”, agrega El mundo.

El semanario The Economist, a su vez, afirma que junto con Costa Rica, Uruguay es el país más democrático de América Latina, mientras que para la organización “Periodistas Sin Fronteras”, es un país donde la libertad de prensa está tan arraigada como la yerba mate.” Y es bueno recordar que mientras todo esto se cocinaba, desde 1971 hasta la pasada elección de 2004, el Frente Amplio ha aumentado permanentemente su caudal electoral, pasando de ser el "tercer partido", hasta recibir la mayoría absoluta de los votos válidos en la pasada elección (51,7%) y alzándose con la Presidencia de la República. Y que desde entonces, el partido de José “Pepe” Mujica dentro de este colectivo, ha sido siempre el más votado. Sin olvidar que Mujica fue el primer tupamaro en lograr una banca en el Parlamento, primero como diputado y luego senador; el primero en pasar revista al Batallón Florida; el primero en presidir la Asamblea General, y el primero en ser ministro. Y ahora, el primero en ser presidente.
Mujica en el dormitorio de su chacra.
Estereotipos, y algo más. Por ello, a lo mejor es hora de revisar nuestros estereotipos y, ¿por qué no? hacernos a la idea de un presidente sin corbata, que le gusta cosechar acelgas en su modesta chacra, que dos por tres se le escapa alguna “nabada” por tratar de ser sincero, o algún desafuero por tratar de ser honesto. Sabemos que esas son las cosas que los medios no perdonan y de donde los opositores sacan astillas, pero también sabemos que la hoguera de las vanidades ha consumido a más de un prosista refinado, cuando sus palabras no coinciden con sus intenciones. Y él mismo está consciente de ello: "Sé que no encajo en el estereotipo que tienen. Les resulto intolerable", confesó en algún momento a los medios. En otro momento, incluso expresó: "Mujica, ese bicho raro, tan removedor de los esquemas tradicionales. Tengo todo a contrapelo. Por lo menos estamos rompiendo los clichés. Me voy a ufanar de volver a romper ese cliché y tener un gobierno por lo menos tranquilo". Pero ahora, tiene el desafío de romper también los clichés propios -algo que ya ha comenzado a hacer - y adaptarlos y adaptarse a la formalidad necesaria para representar a los uruguayos, en esa enorme responsabilidad que le han encomendado.

Al fin y al cabo, Mujica ha sido un aprendiz constante y consecuente, y no tiene reparos en reconocerlo: "Nunca se es demasiado viejo para aprender. Estoy tomando dos cursos acelerados: para aprender a callarme la boca un poco más, y para aprender a no ser tan nabo". (Su blog, pepetalcuales, septiembre 2009). Hoy, Mujica y sus compañeros Tupamaros disfrutan la alegría de haber logrado los objetivos que como movimiento se plantearon, aunque por otro camino. Un camino muy distinto y muy distante al de la guerrilla urbana de los años sesenta, con la que pretendían alcanzar la "revolución", la “liberación nacional”, y el “socialismo”, por medio de las armas. Lo importante, además, es que Mujica no necesitó reformar la Constitución, ni vestirse de rojo ni vestir de rojo a sus seguidores, ni cambiarle el nombre a la República. Ni tampoco necesitó enarbolar la imagen del Che Guevara, ni adoptar consignas altisonantes y desafiantes, ni apoyarse en ideologías radicales.

Personalmente, me encantan estos desafíos donde al adversario se lo derrota con ideas, con tolerancia, con buenos resultados, con sabiduría, con inteligencia. Quizá Mujica y los Tupamaros sean hoy una referencia obligada para otros grupos guerrilleros que, desgastados y prostituidos por largas luchas armadas que siguen costando mucho dolor y sangre entre sus pueblos, deberían seguir el ejemplo de cambiar las armas por computadoras y propuestas democráticas, para luchar en el terreno civilizado de las ideas y el debate. ¡Ojalá! Recientemente, miembros del grupo rebelde peruano Sendero Luminoso que cumplieron su condena, anunciaron por medio de los abogados del líder insurgente Abimael Guzmán, en una conferencia de prensa, la formación de un partido político de cara a los comicios presidenciales del 2011. "Vamos a participar en la vida política del país como movimiento a nivel nacional y también de las elecciones, ya sea generales, regionales o municipales". ¡Ojalá! Perú afrontó durante dos décadas una sangrienta lucha contra la guerrilla de Sendero Luminoso comandada por Guzmán, en la que murieron o desaparecieron unas 69.000 personas, según cifras oficiales.
El “secreto” de Mujica”. "La gente tiene que representar ideas en figuras porque para poder vivir hay que creer en algo. La gente necesita creer", afirma Mujica. Y la mayoría de los uruguayos que no tenía otra referencia confiable en la cual creer, creyó en ese "bicho raro", como él mismo se define. Pero Mujica se encargó de construir “esa” figura que representara “esas” ideas en las cuales la gente quería creer. Un dirigente luchador y honesto que desafiara la imagen tradicional del político profesional, corrupto y desgastado. Un dirigente que de verdad, se ocupara de los más necesitados. Aunque, en realidad, con sus errores y omisiones, sus oponentes ayudaron a construirla. Espontáneo, contradictorio, contestatario, comunicador nato, diletante incansable, despreocupado de su apariencia, cultor de la modestia y amante de la humildad, soñador él mismo del sueño de los demás. Un intruso en los paradigmas, al decir de Joel Barker en su libro “Paradigmas”. Un hombre que despierta odios y amores por igual. Ese es Mujica.
Vista de la chacra de Mujica
Por ello, para entender el secreto del éxito de masas de Mujica, es necesario no pensar en Mujica. Hay que pensar en el entorno. Hay que pensar en el bosque, no en el árbol. Hay que pensar en el país, con su ayer y su presente. Con sus necesidades y sus olvidos. Con su gente. Entender que los seres humanos nos sostenemos en un cuerpo compuesto por elementos tangibles, pero nos movemos por cosas intangibles: sueños, deseos, emociones, percepciones, principios y valores. Para vivir, se necesita creer, como dice Mujica, pero para creer es necesario soñar con que es posible. Y Mujica encarna la posibilidad de los sueños reprimidos de esos uruguayos que reclaman lo que él representa. Algunos ven en él únicamente todo aquello que rechazan: el ser desaliñado, grotesco, mal hablado, contradictorio, el guerrillero Tupamaro que se ha abrazado con Chávez y ha mostrado simpatías con la Cuba de los Castro. Otros, ven mucho más allá de todo eso. Ven todo aquello en lo cual creen y lo que representa sus valores, sin importarles los Chávez ni los Castro, porque a través del tiempo y de su andar, Mujica ha demostrado estar por encima de sus ideologías radicales. El hombre más allá del bien y el mal; el hombre honesto que no defrauda por que aunque lo diga mal, dice lo que piensa y lo que siente, y es consecuente con lo que ha dicho, lo que ha hecho, y lo que ha pagado por ello.
Por eso Mujica es creíble hasta para los mas radicales de su partido, los que siguen soñando aún más allá de lo realista, y que necesitan esa figura para seguir creyendo que es posible. Y porque además, se los ha demostrado con los hechos. Por ello lo apoyan, lo respetan, lo escuchan, y lo siguen. Porque es el hombre que ha cohesionado a esa gran parte de los uruguayos que no creían en nadie pero necesitaban creer en algo, y que ante la falta de liderazgo, no respetan los límites necesarios para la convivencia. Mientras Mujica esté allí para escucharlos, para entenderlos, para orientarlos, habrá paz en el país. Ayer, él fue el gran desestabilizador de la nación; hoy, es el gran pacificador.
Mujica y su esposa la senadora Lucía Topolansky
El precio de la historia. Querer negar a Mujica, y aún a los Tupamaros, por falta de empatía personal, es querer negar parte de los hechos y los protagonistas de la historia uruguaya de los últimos cincuenta años. Es pretender ignorar la muerte y el por qué de esos uruguayos que de un lado y de otro, enfrentaron mal, algo que no estaba bien. Pero es pretender ignorar, también, la violencia de quienes agredieron a la sociedad, produciendo crisis, produciendo endeudamiento, produciendo desempleo, marginalidad y empobrecimiento. Produciendo frustración y resentimiento. Es pretender tener la osadía de indicarle a la historia que todo aquello no sirvió para nada. ¿No sirvió? Estamos claros en que no compartimos los métodos. Pero ¿había en aquellos momentos otra forma y otros métodos? Hoy nos parece fácil contestar que si, porque el escenario de lo desconocido, ya nos es conocido. Pero la historia de la humanidad nos indica que el ser humano siempre, para avanzar y progresar, ha debido luchar contra el temor a lo desconocido. Recuerdo una curiosa anécdota: Cierta vez, una joven ciega escuchaba esperanzada las explicaciones, recomendaciones, y advertencias de su médico, ante la posibilidad de una delicada operación quirúrgica para devolverle la vista. En determinado momento, quizá presintiendo los temores ocultos del galeno, ella lo interrumpe: “Doctor: sabe cuál es la ventaja de nosotros los ciegos ante los demás..?” El médico, turbado, no atina a contestar. Y ella prosigue: “No tenerle miedo a lo desconocido, porque para nosotros todo es desconocido”.

Se podrá estar de acuerdo o no con Mujica; se lo podrá rechazar o aceptar; se lo podrá odiar o adorar; pero definitivamente, no se lo puede ignorar. Y la historia continúa.

Argenta, diciembre, 2009

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