Monday, November 23, 2009

El auditorio que resurgió de las cenizas.


“Lo más triste es pensar ahora en que toda una generación de aficionados y especialistas, que constituyeron el público del Estudio Auditorio, ya se ha muerto sin poder ver el renacimiento de la sala y de sus múltiples funciones. Junto con ellos también se han muerto otras cosas cuya reconstrucción será tan difícil como la de esa sala”. JORGE ABBONDANZA, El País Digital (04.10.2009)

En una emotiva gala donde se presentaron obras de Fabini y Beethoven, la majestuosa Sala Eduardo Fabini rinde homenaje a la cultura y al trabajo arduo de generaciones que lucharon por recuperar uno de los principales centros culturales de Latinoamérica, tras el incendio que el 18 de septiembre de 1971 provocó su cierre por casi 40 años. El nuevo Auditorio lleva el nombre de Adela Reta, en homenaje a quien fuera Presidenta e impulsora de la recuperación del SODRE. Reta fue especialista en Derecho Penal y se destacó por ser la primera mujer que ocupó una cátedra universitaria en nuestro país.

Las palabras inaugurales del Presidente Tabaré Vázquez, el pasado 21 de noviembre, lo resumían así: "Pasaron 38 años, desde el incendio (de 1971...) y desde que el esqueleto del edificio entró en esa suerte de catálogo arquitectónico de la ineficiencia, el abandono y la frustración del Estado uruguayo". Ahora, destacó Vázquez, lo que resta como desafío es restablecer la actividad artística como nexo con la sociedad, porque la cultura "no es ni la Cenicienta de los presupuestos, ni un adorno del desarrollo, ni la tilinga de la familia. La cultura es todo y para todos".





El periodista Jorge Abbondanza (El País Digital) nos hace una magnífica reseña de los hechos.
Pasado. A la fecha del incendio, el Estudio Auditorio era no sólo la sala teatral más grande (y más cómoda) de Montevideo, sino además la de actividades más numerosas en un arco que iba desde la música sinfónica y lírica hasta la danza, el cine-arte y el teatro. A medida que pasaban los años sin que se emprendiera su reconstrucción, un público devoto que había colmado sus instalaciones desde la década del 30, comprendió que no existía voluntad política para encarar las obras y luego -cuando la dictadura dio paso a la recuperación institucional- también comprendió cuál era el sitio que ocupaban los hechos culturales y las manifestaciones artísticas en el orden de prioridades de casi toda la casta política.
















Echar ahora una ojeada al nuevo auditorio y comprobar que las 2.000 butacas ya están colocadas en su correspondiente lugar, es un hecho capaz de levantar el ánimo a un testigo de las cuatro décadas de postergaciones. La etapa actual de las obras comenzó a mediados del año pasado, fijándose entonces un plazo de quince meses para su conclusión; pero a juicio de este cronista el dato decisivo que explica el ritmo actual de los trabajos es la presencia de una coordinadora llamada Eneida de León, la arquitecta que hace cinco años también fue responsable de que culminara el enorme emprendimiento de rescatar el Teatro Solís. Dotada de una energía fuera de serie y de una visible capacidad de supervisión, Eneida capitanea desde 2008 la faena de 350 operarios en el Sodre, aunque tiene muchas otras tareas en su calidad de Directora Nacional de Arquitectura en el Ministerio de Transporte y Obras Públicas. Esa mujer cordial y comunicativa, funciona como una máquina sin perder la sonrisa, detalle que la administración pública debería agradecer.


Presente. Una visita a la nueva sala, guiada por Eneida y por su colega Martín Colacce -vinculado a la firma que gerencia las obras- puede ser un impacto para quien ha desarrollado alguna sensibilidad en materia teatral. El ingreso es monumental, desplegado sobre un enorme "foyer" que abarca la esquina de Andes y Mercedes con varias puertas por ambas calles y dos escaleras que se enfrentan desde la planta baja, facilitando un ancho acceso hacia el piso superior en que se entra al recinto. En esos espacios iniciales ya se han colocado los revestimientos de mármol de dos procedencias (Italia y Turquía) pero también las barandas de vidrio y bronce fabricadas en Brasil. Cuando se eleva la mirada, los cinco niveles de balcones integran una perspectiva que la gran fachada de cristal permite apreciar desde la calle pero que dentro del edificio puede disfrutarse más, porque se prolonga a lo largo de una vereda interior hacia la esquina de Florida, trecho en el que se encuentra el acceso a la subterránea Sala Balzo, ya inaugurada hace una década, que respaldará con sus 600 localidades la agenda de actividades del complejo cultural.

El teatro grande se llamará con toda justicia Sala Fabini, y entrar en él puede ser un impacto. Conviene tener en cuenta que su capacidad duplicará la del Solís, pero a eso debe agregarse la amplitud de los espacios circundantes que envuelven su platea y sus tres pisos de tertulias. El impacto deriva no solamente de la propia sala sino de la colosal boca del escenario y aún del foso de la orquesta, que podrá ampliarse a expensas de la platea hasta albergar a 120 instrumentistas, pero que además podrá elevar su piso mecánico hasta quedar al nivel de esa platea o seguir subiendo hasta el plano del escenario, para ampliarlo o hacerlo avanzar cuando el espectáculo lo requiera.

Las obras respetan el proyecto elaborado por la firma Singer, Vanini, Magnone y Di Pólito, que resultó ganadora en el concurso convocado en 1986. Los trabajos comenzaron en 1988, efectuados por la empresa constructora Álvaro Palenga asociada a Campiglia Construcciones, y en esta etapa el costo es de 18 millones de dólares, suma que incluye el aporte de 2 millones de euros otorgados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para equipamiento de la sala y el escenario. Pero el único desafío no es sólo presupuestal. También cuenta -según lo reconocen los responsables del trabajo- la necesidad de reconocer el papel de la cultura como factor determinante de un capital humano y social, decisivo para el desarrollo colectivo, las transformaciones en la esfera del pensamiento y en definitiva para el mantenimiento de la dignidad del individuo. "Si los ciudadanos no pueden gozar del derecho a la cultura -señala esa fundamentación- el Estado desatiende una de las obligaciones constitucionales de su razón de ser".

Futuro. El edificio, denominado Complejo de Espectáculos del Sodre, abarca con todos sus sectores un área de 25.000 metros cuadrados, que comprenden no solamente los dos teatros sino grandes salas de ensayo para los cuerpos estables del instituto (orquesta, coro, cuerpo de baile) de dimensiones similares a las del escenario de la sala mayor, así como talleres escenográficos, cafeterías, áreas para exposiciones y numerosos camarines, incluidos los destinados a primeras figuras, que tienen las dimensiones de una suite.
















El edificio fue diseñado de manera muy razonada, dispone de un acceso por la calle Uruguay donde pueden desembarcar los contenedores con material escenográfico, que luego suben directamente al nivel de la caja escénica a través de un enorme ascensor montacarga, y tiene asimismo una fachada traslúcida envuelta en la columnata de una pasiva, a través de la cual podrá verse desde la calle la circulación del público y la vida interior del complejo. Dentro de la sala, entretanto, juega la seducción estética (revestimiento de madera de roble, butacas negras) pero también los detalles técnicos, desde paneles laterales para regular la acústica hasta un escenario computarizado con 42 motores de izamiento para remolcar decorados y luces hasta los 27 metros de altura del escenario, sin olvidar varios ascensores para uso del público.















Pero la mayor conmoción para el visitante consiste por el momento en contemplar la sala desde el escenario, una formidable imagen que permite reflexionar sobre los 38 años que pasaron desde el incendio, pero también obliga a pensar que ese teatro resulta una noticia alentadora para estos meses en que se cumplen 80 años de la fundación del Sodre, y sacar conclusiones a medio camino entre la vieja memoria y la nueva esperanza. Como toda iniciativa cultural de importancia, la reconstrucción del auditorio no debe identificarse con un gobierno sino con los trascendentes compromisos del Estado. Claro que al encarnarse en gobernantes de condición dispar, ese Estado puede expresarse según los tiempos a través de gente propicia o gente sorda ante los requerimientos de la cultura. En todo caso, los gobiernos son efímeros y las necesidades artísticas son en cambio perdurables, diferencia que debe entenderse cuando se habla del Sodre, cuyas obras se han prolongado tanto y recién ahora estimulan un poco a los descorazonados. Más vale tarde que nunca”.

La inauguración. Bajo la dirección del maestro Federico García Vigil, se realizó un concierto sinfónico coral que consistió en la ejecución del Himno Nacional a cargo de la Orquesta Sinfónica de Montevideo y el cuerpo coral Posteriormente el violinista Amiram Ganz ejecutó Fantasía para violín y orquesta de Eduardo Fabini (Uruguay 1882-1950), para finalizar con la interpretación de la Novena Sinfonía de Beethoven a cargo de la Ossodre, dirigida por el maestro Federico García Vigil y el coro del SODRE dirigido por Antonio Domenhigini, el cual contó con la participación de los solistas uruguayos María José Siri (soprano), Adriana Mastrángelo (mezzosoprano), Gerardo Marandino (tenor) y Ariel Cazes (bajo).

La apertura de la Sala para el público en general se realizará el 26 de noviembre, fecha en que la Filarmónica de Montevideo brindará un concierto. El sábado 28 se realizará otro espectáculo dirigido por el Maestro José Serebrier, uruguayo que realizó su carrera en EE.UU. y en Europa, y que actualmente dirige la Orquesta de Londres. En este programa también participará la solista Nybia Mariño, oportunidad en la que interpretarán la Rapsodia en Blue de Gershwin.

El hermoso video promocional.

La mezzosoprano Adriana Mastrángelo, puso su magnífica voz y su innegable simpatía para dar vida al video promocional de la inauguración. Si se hubiera realizado un casting para elegir la protagonista de esta promoción, difícilmente el acierto hubiera sido mayor. Porque la idea, según lo relata ella misma, surgió de la propia vivencia de la nueva Institución. Un simple ensayo, sin público y sin orquesta acompañante, en medio de un enjambre de obreros que afanosamente realizaban su labor, encendió la creatividad que dio luz al video promocional. En un momento en que Adriana desafiaba la acústica de la bella Sala Fabini con un pasaje de La Habanera, de la insuperable "Carmen" de Bizet, los obreros detuvieron su labor y comenzaron a aplaudirla. Simplemente así, nació el hermoso video de la promoción.

Adriana Mastrángelo es una cantante de reconocida trayectoria en América. Estudió en la Escuela Uruguaya de Música y en el Instituto Superior de Arte del Teatro Colón. Recientemente interpretó "La favorite" en el Festival Donizzetti de Bergamo. Participó en Buenos Aires en el film Tetro con Francis Ford Coppola y fue distinguida con los premios Konex 2009.

Argenta, noviembre, 2009

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