Thursday, April 04, 2013

El poder, ya no es lo que era.


El 19 de marzo del 2013, en el diario El Nacional de Caracas, Moisés Nahím (en la actualidad  asociado experto del programa de economía internacional del Fondo Carnegie para la Paz Internacional) explica magistralmente, en un artículo corto, conciso y sumamente esclarecedor, buena parte de lo que ciertos seres humanos observamos, analizamos, y quisiéramos entender, ante los sorpresivos, acelerados, y violentos cambios ocurridos en el panorama internacional. Quizá podremos no estar siempre de acuerdo con las opiniones de Nahím; pero en este caso en especial, creo que hace una gran contribución.

En su artículo “La degradación del poder también plantea amenazas”, Nahím afirma: “El poder ya no es lo que eraSe ha vuelto más fácil de obtener, más difícil de usar y mucho más fácil de perder. ¿Por qué el poder es cada vez más fugaz? Porque las barreras que protegen a los poderosos ya no son tan inexpugnables como antes. Y porque han proliferado los actores capaces de retar con éxito a los poderes tradicionales”. ¡Brillante reflexión! 

Luego de referirse brevemente a la lucha de Obama para introducir mediante el presupuesto nacional, cambios relevantes en la sociedad norteamericana, Nahím aclara que “El resultado de los comicios en Italia ha sumido al país en una crisis aún mayor de ingobernabilidad, y en Israel y Reino Unido, Benjamín Netanyahu y David Cameron se han visto obligados a forjar complejas coaliciones para poder gobernar. Las victorias electorales con grandes mayorías son cada vez menos frecuentes. La comunidad internacional no logra actuar para detener las matanzas en Siria o el calentamiento global”. 

Y más adelante prosigue: Los Estados soberanos se han cuadruplicado desde 1940 y no sólo compiten entre sí, sino también con organismos internacionales, fondos de inversión, carteles de la droga y ONG transnacionales. En 2011 había 22 países gobernados por déspotas, frente a 89 en 1977, una clara señal de lo difícil que es hoy retener el poder. Y dentro de cada país, el poder también está más disperso”. 

Y vean que interesante esta cita. Un estudio realizado en 2001 por el politólogo Ivan Arreguin-Toft descubrió que, en las guerras asimétricas que estallaron entre 1800 y 1849, el bando más débil alcanzó sus objetivos en 12% de los casos. En las guerras de ese mismo tipo libradas entre 1950 y 1998, el bando presuntamente débil venció 55% de las veces. El poder militar tampoco es lo que era. Como no lo es el poder empresarial”. 

Las nuevas tecnologías de la información son herramientas importantes –aclara Nahím - pero para que ejerzan algún efecto necesitan usuarios, y los usuarios necesitan dirección y motivación. Lo que está erosionando el poder tradicional son las transformaciones de aspectos básicos de la vida: cómo vivimos, cuánto tiempo y con qué calidad. Cómo trabajamos, nos movemos o nos relacionamos con nuestro entorno. Estos cambios se pueden agrupar en tres revoluciones simultáneas: 

La revolución del más: El siglo XXI tiene más de todo: más gente, más urbana, más joven, más sana y más educada. Y también más productos en el mercado, más partidos políticos, más armas y más medicinas, más crimen y más religiones. La pobreza extrema se ha reducido más que nunca y la clase media crece. Una clase media impaciente, mejor informada y con más aspiraciones está haciendo más difícil el ejercicio del poder. 

La revolución de la movilidad: No sólo hay más personas con mejor nivel de vida, sino que además se mueven más que nunca. Las diásporas étnicas, religiosas y profesionales están cambiando el reparto de poder entre las poblaciones y dentro de ellas. Personas, tecnología, productos, dinero, ideas y organizaciones tienen más movilidad, y por ello son más difíciles de controlar. 

La revolución de la mentalidad: Una población que consume y se mueve sin cesar, que tiene acceso a más recursos y más información, ha experimentado también una inmensa transformación cognitiva y emocional. El World Values Survey ha descubierto que existe cada vez más consenso en todo el mundo sobre la importancia de las libertades individuales y la igualdad de género, así como más intolerancia al autoritarismo. 

La insatisfacción con los sistemas políticos y las instituciones de gobierno también es global. Juntas, estas tres revoluciones erosionan las barreras que protegían a los poderosos de sus rivales. La revolución del más ayuda a estos últimos a asediar esas barreras, la revolución de la movilidad les ayuda a rodearlas y la revolución de la mentalidad las socava. 

¿Debemos celebrar este declive del poder tradicional? Claro que sí. Se han abierto más oportunidades para votantes, consumidores, jóvenes, mujeres y otros grupos tradicionalmente excluidos. Pero no todo es positivo. La degradación del poder también plantea amenazas para nuestro bienestar, nuestras familias y nuestras vidas. Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios amenazan con transformar a muchos gobiernos en gigantes paralizados. 

El tamaño ya no significa fuerza. La burocracia ya no significa control. Y los títulos ya no significan autoridad. Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? Sí. Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder”

Mi opinión. Les confieso que, aun estando muy de acuerdo con el excelente análisis de Nahím, me reservo la posibilidad de creer hoy, mucho más que ayer, en la humanidad. Lo que creo que tenemos que entender, definitivamente, es que la humanidad toda se enfrenta hoy a verdaderos cambios de paradigmas. Y como bien lo advertía Einstein “Es más fácil desintegrar un átomo que superar un prejuicio”, lo cual  significa que cuando una persona conceptualiza y genera un concepto o un juicio sobre algo o alguien, es difícil hacerle cambiar de opinión. Y creo que ha habido –y todavía hay –muchas personas equivocadas que simplemente no quieren entender las nuevas exigencias del mundo actual. 

“Ante el fin del poder tal como lo conocemos, nuestros tradicionales sistemas de controles y equilibrios amenazan con transformar a muchos gobiernos en gigantes paralizados”, afirma Nahím. Y creo que ello explica buena parte del fracaso de los partidos políticos tradicionales, principalmente en nuestra propia región. 

Y si el futuro del poder está en la subversión, los bloqueos y las interferencias, ¿podremos recuperar algún día la estabilidad? –se pregunta Nahím. Sí; contesta- Pero eso requerirá entender mejor las mutaciones del poder”. ¿Y dónde está el secreto para esto? pregunto yo.
Pues sencillamente en entender mejor las necesidades de la humanidad. ¿Un claro ejemplo? Venezuela; la propia tierra de Nahím, la cual antes del fenómeno  Chávez, llegó a amontonar en sus cerros casi un 80% de pobreza. 

Argenta
Abril, 2013

Moisés Naím es un reconocido escritor y columnista venezolano. Fue Ministro de Comercio e Industria en Venezuela desde 1989 hasta finales de 1990. Tiene un Ph.D. y una Maestría del Instituto Tecnológico de Massachusetts. En abril del 2011 le fue concedido el Premio Ortega y Gasset de Periodismo. Desde 1996 a 2010 trabajó como editor en jefe de la revista Foreign Policy, y bajo su liderazgo la revista ganó el National Magazine award for General Excellence tres veces, y se convirtió en un referente de las publicaciones internacionales en asuntos intelectuales. En la actualidad es asociado experto del programa de economía internacional del Fondo Carnegie para la Paz Internacional.

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