Saturday, October 20, 2012

¿Por qué ganó Chávez?

La nueva victoria de Chávez, en Venezuela, ha despertado nuevamente esas interrogantes que –tanto los partidos tradicionales de nuestra región, al igual que los medios de comunicación que los sustentan - se niegan a contestarse a si mismos. Porque en verdad, las respuestas ya sobran por su evidencia.
 
Para no hacerla muy larga, y tratando de encontrar en este fenómeno algo que nos sirva de reflexión a los uruguayos, citaré dos versiones que tocan las puntas del tema en cuestión.  El diario El País, de Uruguay, lo resume así en uno de sus craneados editoriales: “ Final del formularioLa contundente victoria de Hugo Chávez en Venezuela el pasado domingo no debería sorprender a nadie. Primero porque se trata de un mandatario a quien la riqueza petrolera de su país le da un formidable manejo de "caja", la cual ha usado sin ningún tipo de timidez para montar un monstruoso aparato clientelístico. Segundo, porque la mayoría de las encuestas auguraban un resultado muy parecido al que finalmente se dio, con una ventaja del actual presidente sobre su rival Henrique Capriles de unos 10 puntos”.

 
“¿Qué pasó entonces? –Se pregunta El País: ¿Por qué se generó tanto revuelo a nivel continental sobre una posible derrota del mandatario venezolano? La respuesta hay que buscarla en un proceso de degradación del debate político en nuestra región, donde lo que priman son las consignas y los eslóganes fáciles, por sobre los conceptos y el razonamiento profundo. Algo que varios analistas han coincidido en llamar la "futbolización" de la política latinoamericana. No importa tanto por qué desprecio o defiendo a determinado líder, sino que éste "gane", se imponga a como dé lugar al odioso rival de turno”.
 
Hasta aquí, y como yo viví en Venezuela los dieciocho años durante los cuales se gestó y luego se puso en marcha la Revolución Bolivariana, me voy a permitir discrepar con la craneoteca de El País. En primer lugar, porque si bien es cierto lo de que el mandatario venezolano ha contado con la ventaja del manejo de una formidable “caja” dada por la riqueza petrolera del país, yo le recordaría que a los políticos venezolanos anteriores a Chávez nunca les faltó esa  mágica “caja” que hoy, en manos del mandatario, parecería producir milagros para ganar elecciones. Y que ellos muy mal utilizaron en su momento, pues de lo contrario, no estaría hoy un desconocido golpista como Chávez, en el poder. O sea, algo más debe haber..
 
En segundo lugar, me permito destacar que lo de la “futbolización” de la política, no es ni un fenómeno nuevo, ni mucho menos  exclusivamente latinoamericano. Basta ver campañas anteriores en nuestro propio país, o más allá la actual contienda electoral norteamericana, para comprobar que la agresividad, las mentiras encubiertas, las descalificaciones y acusaciones de todo tipo, siempre han sido los misiles preferidos para ser usados mediante un desparramo de millones de dólares destinados a la radicalización y la anestesia mediática de los electores.
 
Vamos a buscar respuestas, pues, por otro lado. El periodista Esteban Valenti, a través de su periódico digital uy.press, y coincidente con mi impresión de que “algo más debe haber”, nos da su versión: “Todos conocemos a Venezuela por sus inmensos recursos naturales, hidrocarburos y minería. No los descubrió Chávez, los resultados de la exportación de esos recursos fueron durante décadas saqueados por las empresas transnacionales y generaron una sociedad profundamente injusta; en 1996 el 70.6% de los venezolanos vivía bajo la línea de pobreza. Y a nosotros los uruguayos en el año 2002 nos parecía una barbaridad el 36% de pobres –exclama Valenti - pues en Venezuela eran el doble, en el país con la mayor renta petrolera de la región”.
 
¡Caramba! Estas afirmaciones de Valenti, y que yo constaté personalmente viviendo allí, no son para nada descartables a la hora de decidir por un presidente. Yo me permití responder algunos mails de amigos venezolanos, en estos días,  diciéndoles que en mi opinión Enrique Capriles había hecho un esfuerzo formidable, y que no es poco el tener que luchar -no solo contra la maquinaria gobernante, sino también, y quizá lo más importante -contra una herencia política torpe y ciega que no supo anticipar en ningún  momento las consecuencias de este, y anteriores desenlaces. Cómo tampoco lo hicieron en otros países, incluido el nuestro.
 
Y es bueno también, para todos los uruguayos, aclarar otra afirmación que –si bien El País manipula a su conveniencia - coincide en parte con mi repetida letanía desde que volví al Uruguay.  “En momentos de tanto "mareo" y fanatismo político –dice El País -es bueno hacer un llamado a la sensatez y a rescatar lo mucho de diferente que ha tenido la política uruguaya a lo largo de su historia, en comparación con lo que ha sido la tónica habitual en la región”. Yo coincido en que la diferencia, durante la última década, ha sido y es enorme. Pero no me trago, ni creo que lo haga nadie en su sano juicio, la afirmación de que  “Durante los casi 200 años de vida política en Uruguay, ha habido una tradición de honestidad, de búsqueda de consensos, y de procura del interés común y el bienestar general, entre nuestros dirigentes”. Yo creo que esto ni los mismos directivos del matutino se lo creen, pues sería falsear una historia fácilmente comprobable.
 
Y en lo que tampoco puedo estar de acuerdo ni yo ni cualquiera que haya vivido parte de la historia del Uruguay, es en esa retrospectiva muy conveniente que pretende hacer el matutino para quedar bien con los partidos tradicionales y fundamentalmente con aquel al cual él sirve, cuando afirma que: “Con sus errores y aciertos, ello ha dado un marco de estabilidad y diálogo que ha permitido tener una sociedad integrada y relativamente igualitaria, por más que en los últimos años este proceso haya sufrido un deterioro notorio”. Pues bien, casualmente es en estos últimos años cuando todos los analistas y organismos internacionales, bancos de inversión, entidades financieras, inversores extranjeros y aún los nacionales, etc., etc., han dado sus mejores notas y una aceptación histórica al país, por la seriedad de sus políticas y su credibilidad, sin observar el “deterioro notorio” al cual alude la “craneoteca” de El País.
 
Finalmente, en lo que más coincidimos dentro de las medio-verdades del matutino uruguayo, es en que los países latinoamericanos que han mostrado “sociedades divididas, con una pobreza extrema y una concentración de la riqueza lacerante, son el caldo de cultivo perfecto que fomenta el surgimiento de figuras como Chávez, y que explica su éxito electoral”. Y también coincido con la senadora  Lucía Topolansky, en el sentido de que: "un caudillo como Chávez pesa mucho más en un pueblo primitivo que en un pueblo culturizado, porque el culturizado lo pone todo bajo la lupa". Por aquí, entonces, creo que están las verdaderas explicaciones del por qué, una vez más, ganó Chávez.
 
Entonces sí, podremos afirmar en coincidencia de criterios con El País, que “Esta realidad debería ser un llamado de alerta para evitar dos situaciones que pueden ser trágicas para el país. Por un lado abstenerse de caer en un debate internacionalista y simplón, en el cual se ignoran las particularidades internas de cada país. Por otro, no transformar la política en una cancha de fútbol donde lo único que importa es que pierda el otro, sin importar los modos ni los medios”.
 
Llegado a este punto, sólo me restaría entonces  solicitar a El País que de el ejemplo, tratando de sujetar a sus “locos”, así como nosotros tratamos de sujetar a los nuestros.
Amén.

Argenta
Octubre, 2012

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