Sunday, July 08, 2012

En busca de la convivencia perdida

El 20 de junio del 2012, el Gabinete de Seguridad del Gobierno uruguayo presentó un  paquete de medidas de seguridad para mejorar la convivencia ciudadana. En esa línea, el documento denominado “Estrategia por la vida y la convivencia” cuenta, entre sus fundamentos conceptuales, con 15 medidas que se esperan incorporar, algunas de las cuales serán discutidas en el Parlamento Nacional. ¡Y otra vez se alborotó el gallinero! Es que los uruguayos tenemos esa particularidad: cuando alguien propone algo, antes de analizarlo, le cortamos la cabeza! En lugar de rescatar los aspectos positivos de la propuesta y tratar de mejorarla para lograr un beneficio mutuo, le buscamos el punto de la polémica y la destrozamos, porque si es tuya no es mía, y si no es mía no vale! Y una vez más, al oportuno agite y manipulación de la prensa y la televisión, se unieron en bandada los que todo lo critican, pero no aportan nada. No voy a detenerme en la más polémica y agitada de las medidas: la “Legalización regulada y controlada de la marihuana”. Al fin y al cabo, yo se reconocer cuando no sé nada..


Pero si voy a detenerme –en afán de contribución y no de descalificación –en aquellas que considero siguen estigmatizando a un sector de la sociedad por demás valioso y sacrificado, siempre tan mal mirado como mal pago; siempre tan olvidado como mal reconocido. Me refiero, concretamente, a los Policías. Y más concretamente, a dos de las 15 medidas anunciadas,  que tienen que ver con su desempeño. En los parágrafos b) y j) por ejemplo, se menciona lo siguiente:

b) Agravamiento de las penas en caso de corrupción policial y tráfico de pasta base con aumento de la pena de un mínimo de 4 a 15 años de penitenciaría.

j) Mejorar la eficacia y transparencia policial, a través de la instalación de un sistema de trabajo en las comisarías en base a gestión por resultados y control de indicadores; un nuevo sistema de patrullaje; adaptación al territorio del despliegue operativo de la Policía fundamentalmente en el Área Metropolitana; instalación de un Laboratorio Especializado para análisis de drogas que permitirá identificar sus componentes; instalación de un sistema de gestión de calidad en todos los sistemas de comunicación policial; fortalecimiento de sistemas y procedimientos permanentes de control de desbordes y corrupción policial.

Mi opinión.

Hubiera sido deseable la participación de los ciudadanos, tanto en la elaboración de estas medidas como en la integración  del Gabinete de Seguridad, lo cual le daría un piso más amplio, más participativo, menos sectorial, y más creíble. En estos casos, es saludable lograr la participación y el compromiso de la ciudadanía para hacer suya la propuesta, y el necesario involucramiento en las posteriores etapas  de seguimiento, evaluación, y mejoramiento. Por otra parte, se cae una vez más en el error (una renguera histórica de la izquierda) de seguir estigmatizando a la Policía en los apartados b) y j) cuando la idea debería ser revalorizar su aporte a la comunidad, dándole sentido de pertenencia, como parte de un frente común contra la delincuencia.

Creo un error haber emparentado en un mismo artículo (b) “corrupción policial y tráfico de pasta base”, como si ambos tuvieran un denominador común, lo cual de alguna forma golpea la sensibilidad y la moral de los cuerpos policial. A esto se agrega que en el apartado j) se vuelve a insistir en “mejorar la eficacia y transparencia policial”.. y “procedimientos permanentes de control de desbordes y corrupción policial”. ¡Vaya; parecería que se trata más de controlar y castigar a los policías que a los propios delincuentes!

Esto motivó a que el Círculo Policial, órgano que nuclea a los policías, fustigara a través de su dirigente Ernesto Carreras, el anunciado aumento de penas “para casos de corrupción policial y tráfico de pasta base” (torpemente hermanados en una mismo medida)  afirmando que esta disposición es "injusta y discriminatoria", ya que  "la corrupción no es patrimonio de la Policía, sino que se encuentra en todos los organismos del Estado". Y agregando, además, que "también hay funcionarios públicos, jueces y políticos presos por corrupción". ¡Y tiene toda la razón! El dirigente Policial reconoció que esta medida  "tomó por sorpresa" a los policías, y dijo no comprender la razón. "Si uno se fija en los índices internacionales, Uruguay es el país con menos corrupción policial de Latinoamérica", señaló. Otra verdad.


Por ese motivo, el Círculo Policial solicita que las penas se agraven "en todos los casos de corrupción", alcanzando "a todos los ámbitos del Estado, incluyendo a la clase política en su conjunto". Y aclara además, que si el gobierno no accede a reconocer la solicitud, los policías tendrán derecho "a tomar todas las acciones legales que estén a nuestro alcance para revertir el daño moral que se nos está infligiendo gratuitamente". ¡Y nuevamente tiene razón! Deberían establecerse estímulos, premios y reconocimientos a la gestión policial, como grandes motivadores, dentro de esa anunciada “instalación de un sistema de gestión de calidad”, como forma demejorar la eficacia y transparencia policial”, mencionada en el apartado j), en lugar de seguir cuestionando públicamente la función policial. Pero ¡cómo cuesta cambiar los viejos paradigmas heredados de las décadas ´60 y ´70!

                                           La otra cara de un Policía: patrulleros asistiendo un parto.

Otra visión.

La dura experiencia realizada durante nueve de mis dieciocho años viviendo en Venezuela, trabajando estrechamente con las comunidades organizadas y los cuerpos policiales -en una realidad mucho más difícil y compleja –me permiten asegurar que Uruguay no ha superado aún este trauma del pasado. Seguimos viendo a nuestros policías como parte del problema y no de la solución. Seguimos descargando en ellos nuestra frustración social, porque es más fácil y cómodo encontrar “chivos expiatorios” que nos absuelvan de nuestra responsabilidad social, mientras escondemos nuestras culpas en aquel lugar de la psique al cual  Carl Jung denominó sabiamente como la “Sombra”. Si; allí donde guardamos aquellos actos que no nos gusta aceptar de nosotros mismos..

Condecoración otorgada por la
Policía Municipal de Sucre,
Venezuela.
Durante mi experiencia venezolana fueron muchas las dificultades a vencer  y las mentes a convencer. Y debimos llorar la pérdida de excelentes funcionarios. Pero finalmente, logramos revertir el paradigma destructivo de la desconfianza y la negación - que alimenta la inacción y la falta de compromiso - para convertirlo en un modelo virtuoso basado en la necesidad de compartir ganancias, potenciando el sentido de pertenencia con nuestros policías. Ello nos permitió reducir los índices de inseguridad y devolver la credibilidad a nuestras comunidades. Me alegra haber sido parte de ese esfuerzo;  es mucho lo que les debo a  aquellos excelentes policías. Y agradezco los reconocimientos que me otorgaron, vecinos y autoridades.

Otras medidas.

Considero que la mayoría de las medidas contempladas dentro del documento “Estrategia por la vida y la convivencia”, son muy acertadas. Y voy a coincidir, dentro de ellas, con las declaraciones del Ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, en cuanto a la responsabilidad (o quizá deberíamos decir  “irresponsabilidad”) de los medios de comunicación: “Entendemos que todas estas medidas y las ya existentes deben ir acompañadas de un compromiso muy fuerte de los medios de comunicación” – alertó Olesker –“La caída sustantiva de la pobreza, la casi erradicación de la indigencia, el más bajo desempleo de la historia, las mejoras del salario real, etc., nada de esto aparece reflejado con la importancia que tienen en los medios masivos de comunicación. No ocurre lo mismo con la crónica roja”.

Creo que tiene toda la razón, y que le faltaron muchas cosas más para enumerar, dentro de los logros de este gobierno y de esta sociedad. Yo he reseñado dentro de este blog, innumerables emprendimientos exitosos del gobierno y también de los emprendedores, de los productores agropecuarios, de los estudiantes, de los investigadores, de los creadores de tecnologías avanzadas, de los educadores, y algunos más, por si fuera poco. Pero los señores de los medios de comunicación, y en especial los de la tan desprestigiada televisión, viven mirando al país por encima del hombro; ningún compromiso, ningún aporte, ninguna contribución. Son parte del problema y lucran con la situación. Ha llegado el momento en que también sean parte de la solución.

Argenta                                                                                      Julio, 2012

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