Los engaños de Las Carlotas.
La denominación "La Carlota", puede referirse a un municipio en España (Córdoba), un postre frío sin horneado hecho con bizcochos y cremas, o una base militar en Caracas, Venezuela (Base Aérea La Carlota), entre otras referencias. Y en Uruguay también tenemos nuestra La Carlota; un desarrollo inmobiliario frustrado, promovido por la empresa Balsa & Asociados, con su particular historia. El viernes anterior a que Balsa &Asociados se presentara a concurso por US$ 65 millones, Martín Mieres uno de los confiados inversores, recibió una llamada de Juan Balsa, quien lo convocó personalmente a la oficina, invitándolo a tomar un café. Le avisó que iba a presentar el concurso por otros emprendimientos, pero le aclaró expresamente que lo de “La Carlota” estaba “blindado” así que no tenía que preocuparse.
Y
lo cagó al mejor estilo de Brutus a su querido amigo César, allá en las Romas. ¿A
mi también, Brutus Balsa, le debe haber increpado Martín Mieres a Martín Balsa?
Y es que Balsa había invitado a varios inversionistas a subirse a su balsa financiera
para desembarcar en unos hermosos complejos habitacionales. Y fue así como lo sucedido en aquella
vieja fabula, atribuida a Esopo, de la rana confiada en ruegos y promesas del
escorpión, aceptando llevarlo en sus espaldas al otro lado de la orilla del
charco, sin agresión personal, ¡y en
medio del viaje le clavó el aguijón! ¿Poque lo hiciste le inquirió la rana
antes de morir? “Lo siento -respondió el escorpión -es que es mi
naturaleza”.
Y
bueno, en Uruguay, y durante este finalizado año 2025, tuvimos varias y
vergonzosas de estas experiencias, a nivel de estafas financieras, mediante las
cuales unos compatriotas le clavaron el
aguijón a otros, asegurándoles mayores
beneficios. El mismo año en que el escorpión Donald Trump
decidiera, recientemente, bombardear a
Venezuela, a través del aeropuerto "La Carlota", supuestamente para
liberarla del mal, pero adueñándose de su petróleo. Y así, una vez más, el
escorpión con sus habilidades convenció a la rana. Venezuela; ¡que triste ser tan rica naturalmente,
pero tan pobre intelectualmente!
Y
es que la reciente invasión de Trump a Venezuela, clavándole el aguijón a la
complaciente democracia, me recuerda otro hecho ocurrido durante mis dieciocho
años viviendo en Venezuela. El Aeródromo La Carlota es un espacio con
una superficie de 103 hectáreas aproximadamente, localizado el este de la
ciudad de Caracas - ahí donde yo viví, por dieciochos años – y hoy, nuevamente bombardeado
por ataques a la institucionalidad de la nación venezolana. Recuerdo el sonido
de las bombas, junto a mi almohada.
En
1992, el ataque a La Carlota no fue por un postre frío hecho con bizcochos y
cremas al igual que en el Municipio Córdoba de España, fue una revolución
interna -promovida por Hugo Chávez Frías, y quienes hoy, en su nombre, detentan
el poder y el gobierno - pretendiendo derrocar mediante un golpe militar al
presidente Carlos Andrés Pérez, y prometiendo llevar al país, a un mejor
destino. No lograron ninguna de las dos cosas. ¡Y de ahí en más, fue peor el
remedio que la enfermedad! Los que ayer prometieron libertad y respeto a la
decisión soberana, estafaron a su pueblo, engañándolo, mintiéndole y corrompiéndolo
aún más. Quizá Venezuela es el más ejemplar de tantos escorpiones, propios y
ajenos, que prometieron llevarla a un estado mejor, y terminaron inyectándola
con su veneno.
Chávez,
Maduro, Cabello, y su combo de autoritarios descendientes, le hicieron tanto
daño al país, en menos tiempo, que quienes los precedieron en gobiernos
anteriores, supuestamente democráticos y también tan indecentes. Curiosamente,
también, fue la democracia la que llevó en sus hombros constitucionales, a
estos dictadores, que luego la traicionaron, convirtiéndose en dictadores.
Hoy,
el aguijón se lo clava Donald Trump, el “maravilloso” presidente de los Estados
Unidos, prometiéndole avanzar a “un estado de libertad”, pero regido por sus
delirios de dominación mundial, y su voracidad insaciable de lograr
protagonismo, saqueando descaradamente, las riquezas de otras naciones. Donald
Trump es otro farsante; inmoral y fraudulento, que avergüenza aún más la ya decadente
vergüenza de ese gran país, supuestamente omnipotente. Mentiroso compulsivo;
empresario fracasado, narcisista declarado, y estafador condenado por la
justicia de Nueva York -al igual que su hijos -por fraude al Estado.
Por
todo esto es que se hace tan difícil, para los mejores bienintencionados,
analizar y opinar sobre los beneficios que pueda aportarle a la hermosa
Venezuela, esta caprichosa incursión - total y absolutamente ilegal -ante los
parámetros y compromisos internacionales – y que sienta un peligrosísimo
precedente, en manos de un ser descerebrado que, abusando de su coyuntural
poder, embarca a la humanidad toda en una peligrosa aventura de caprichos y
veleidades.
¡Cayó
el dictador Maduro! Y supuestamente, por ello, millones venezolanos abusados,
negados, abusados, excluidos, y expatriados, allí donde estén, dormirán nuevas
noches con nuevos sueños y nuevas esperanzas. ¡Cómo no entenderlos, después de
todo el daño infligido! ¡Después de tanto engaño y degradación soportados!
¡Cómo no quererlos y abrazarse con ellos, si tanto tenemos de hermanos!
Pero
los uruguayos, fiel a nuestra ejemplar historia democrática, no debemos
confundirnos, ni alterarnos, ni olvidar los principios y valores
constitucionales que tanto nos han honrado internacionalmente. Y recordar que,
más allá de los personajes predominantes, ocasionalmente, la hermandad existe
entre las personas que nos queremos y respetamos humanamente. ¡Y somos muchos
más, quienes conformamos las naciones!
En
esta, su última presentación en el circo de las veleidades, y donde ya no
tendrán otra opción, Donald Trump al igual que Maduro y sus secuaces, harán sus
últimas presentaciones, para vencer o
morir. Porque Venezuela no va a morir; tiene 214 años de historia, pero Donald
Trump, si; le quedan apenas unos pocos años de más de “histeria”. Y a Nicolás
Maduro y sus complacientes seguidores, ya no les quedan crédito en sus habilitaciones.
¡Al
comenzar este nuevo año, cuidémonos de no permitir estos “Carlotazos”, internos
y externos, que terminan con nuestra dignidad, y nuestra razón de ser como
humanidad!



