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Monday, February 16, 2026

 La leche; una adicción sindical.


Todas las madrugadas en Uruguay, sea con lluvia, viento, frío, calor, truenos, o clima amenazador, sale cada uno de sus miles de productores lecheros a arriar sus vacas, desde el campo hasta los galpones de ordeño, a alimentarlas, a ordeñarlas, a juntar su leche,  enfriarla y almacenarla en tanques de frío en el tambo, y a esperar la llegada de los grandes camiones cisterna isotermos de las plantas procesadoras. A partir del momento en que cada uno de esos productores lecheros se levanta de su cama, comienzan a generarse miles de empleos para otros compatriotas, y a asegurar el suministro del alimento más sano y vital para nuestros hijos.

Parecería que, en Uruguay, la lecha se ha vuelto adictiva. Pero adictiva a nivel sindical. Y hay compatriotas que no pueden vivir sin la leche. Para algunos, no sólo por los beneficios que significa para la alimentación de sus hijos, y para que muchos padres tengan buenas remuneraciones salariales, sino que, además, es indispensable para ejercitar su catarsis sindical, haciéndole la vida bien jodida a quienes la producen, con mucho, pero mucho esfuerzo, dedicación y vocación. Y si, realmente hay un tema vocacional en estos productores que, cada tanto, más allá de sacrificarse diariamente, y desde el amanecer, han tenido que tirar cientos de miles de litros de leche, que serían una gloria para los merenderos infantiles, porque el sindicato no está de acuerdo con las decisiones empresariales.

 Las decisiones empresariales de quienes tienen la responsabilidad de gestionar y gerenciar los destinos de las empresas recolectaras, pasteurizadoras y envasadoras y distribuidoras.

Y durante este nuevo año, 2026, recién inaugurado, una vez más el conflicto en Conaprole (la mayor cooperativa lechera de Uruguay, y ejemplo de cooperativismo en todo el mundo) se perfila a ser similar al del año pasado que tuvo una extensión de nueve meses con paros, actividades intermitentes e incluso el desperdicio de leche en los tambos. ¡Nueve meses! ¡Un parto sindical, porque el directorio, a fin de no acumular pérdidas en una de sus plantas en el interior del país, decidió cerrarla, asegurándoles incluso a sus trabajadores, que les mantendrían sus empleos y beneficios!

El directorio de Conaprole explicó los motivos del cierre de la planta 14 de Rivera, que funcionaba como centro de distribución para el norte del país en una conferencia de prensa luego de que la Asociación de Trabajadores y Empleados de Conaprole (AOEC) estableciera un paro de 24 horas. La empresa advirtió sobre posibles faltantes de leche y otros productos durante la semana de carnaval y la asamblea de productores se reunirá para “discutir el futuro de la cooperativa”.

“Vamos a tener una semana de carnaval complicada con mucho faltante de producto”, dijo el presidente de la cooperativa, Gabriel Fernández y agregó: “El centro de distribución de Rivera está cerrado y eso no tiene discusión”. Por su parte, el sindicato había denunciado que la planta de Rivera generaba unos US$ 300.000 de ganancia mensuales. “Si el sindicato quiere manejar la planta, nosotros le damos el edificio en comodato con el equipamiento incluido. Que consigan la leche y que ganen esos US$ 300.000 por mes y tengan en operación la planta. Nosotros no la podemos hacer ganar”, dijo Fernández. ¡Genial! ¡Los uruguayos no somos tan estúpidos!

¡Y conste que yo soy un firme convencido de la actividad sindical, inteligente, equilibrada, ponderada, y al servicio del bienestar de los trabajadores! ¡Pero desprecio abiertamente, la actitud de quienes quieren hacer del ejercicio sindical, un protagonismo radical, perjudicial, para el resto de la sociedad!

Tengo unos cuantos años a cuesta, habiendo presenciado el cierre de miles de empresas, por temas de gestión, competencia internacional, competitividad, baja rentabilidad, costos desmedidos, etc., tanto en Uruguay como en otros países. Concretamente en Uruguay, país pequeño donde no sobran las oportunidades laborales, muchas familias han quedado colgando de un seguro de paro, hasta donde el país pueda soportarlo. No voy a mencionar nombres; la prensa lo ha informado abiertamente.

Simplemente me gustaría recordar que en los últimos días, una gran empresa multinacional, con más de 1.000 empleados, y encantada de haber establecido uno de sus centros estratégicos en Uruguay, está anunciando la reducción de entre un 30 y 40%, de su personal. Ya hubo otras. ¿Y que tal, si los empleados de esta multinacional, en Uruguay, le armaran una serie de paros, para manifestar su desaprobación con las decisiones de sus directivos, allá en Alemania, por ejemplo? ¿Lograrían algún resultado?

Como sucedió con otros ejemplos, de empresas quebradas y auxiliados por el Estado para que las gestionen sus empleados. ¿Cuántas de ellas sobrevivieron? Ninguna. No las quiero nombrar; la prensa informó lo suficiente. Simplemente pido que no hipotequemos la confiabilidad y credibilidad que como país hemos ganado, ¡y que son parte de nuestra reserva moral, y nuestro capital existencial!


Para finalizar, ¡YO AMO A CONAPROLE! A sus productores, a sus familias vocacionales que deciden sacrificar calidad de vida (entre oficinas y aires acondicionados) para salir a ordeñar sus vacas lecheras (¡también las amo!) todos y cada uno de los 365 días, sin vacaciones, sin descansos, sin claudicaciones. Porque las vacas lecheras no entienden de paros, ni de huelgas, ni de manifestaciones. Simplemente nos entregan su leche diariamente para que nuestros hijos tengan un buen crecimiento, y una mejor calidad de vida. La aprovechemos, o no.

¡CONAPROLE ES NUESTRA! Y al servicio de toda nuestra sociedad. Confiamos en sus autoridades, que han mantenido esta cooperativa, creada por miles de pequeños productores lecheros por más de 90 años, mejorando la vida de sus afiliados, ofreciendo miles de empleos de calidad, y también satisfaciendo las necesidades diarias de nuestros compatriotas

Condeno, como un ciudadano más, estos exabruptos sindicales, que interpelan a nivel mundial nuestra legitimidad como país confiable, creíble y responsable, de las decisiones de su sistema empresarial, incluyendo a sus representantes sindicales. Y a estos dirigentes sindicales en particular, porque se han ganado y siguen ganando, la mayor reprobación de nuestra sociedad.

A quien le quepa, que se ponga el sayo (como dicen la frase ) y si no, también pueden armar su propia cooperativa. Nadie se los impide. ¡Hoy, en Uruguay, todas las opciones y oportunidades están abiertas! Dependerá del alcance inteligente de sus ambiciones, cuando hay que arriesgar sin apoyos aventureros, del siempre presente ¡Papá Estado!

Esto ya no es sindicalismo, esto es, simplemente, adicción sindical.

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