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Thursday, January 08, 2026

 Los engaños de Las Carlotas.


La denominación "La Carlota", puede referirse a un municipio en España (Córdoba), un postre frío sin horneado hecho con bizcochos y cremas, o una base militar en Caracas, Venezuela (Base Aérea La Carlota), entre otras referencias. Y en Uruguay también tenemos nuestra La Carlota; un desarrollo inmobiliario frustrado, promovido por la empresa Balsa & Asociados, con su particular historia.  El viernes anterior a que Balsa &Asociados se presentara a concurso por US$ 65 millones, Martín Mieres uno de los confiados inversores, recibió una llamada de Juan Balsa, quien lo convocó personalmente a la oficina, invitándolo a tomar un café. Le avisó que iba a presentar el concurso por otros emprendimientos, pero le aclaró expresamente que lo de “La Carlota” estaba “blindado” así que no tenía que preocuparse.

Y lo cagó al mejor estilo de Brutus a su querido amigo César, allá en las Romas. ¿A mi también, Brutus Balsa, le debe haber increpado Martín Mieres a Martín Balsa? Y es que Balsa había invitado a varios inversionistas a subirse a su balsa financiera para desembarcar en unos hermosos complejos habitacionales.  Y fue así como lo sucedido en aquella vieja fabula, atribuida a Esopo, de la rana confiada en ruegos y promesas del escorpión, aceptando llevarlo en sus espaldas al otro lado de la orilla del charco, sin agresión personal,  ¡y en medio del viaje le clavó el aguijón! ¿Poque lo hiciste le inquirió la rana antes de morir?Lo siento -respondió el escorpión -es que es mi naturaleza”.

Y bueno, en Uruguay, y durante este finalizado año 2025, tuvimos varias y vergonzosas de estas experiencias, a nivel de estafas financieras, mediante las cuales unos compatriotas le clavaron  el aguijón a otros, asegurándoles  mayores beneficios.   El mismo año en que el escorpión Donald Trump decidiera, recientemente,  bombardear a Venezuela, a través del aeropuerto "La Carlota", supuestamente para liberarla del mal, pero adueñándose de su petróleo. Y así, una vez más, el escorpión con sus habilidades convenció a la rana.  Venezuela; ¡que triste ser tan rica naturalmente, pero tan pobre intelectualmente!

Y es que la reciente invasión de Trump a Venezuela, clavándole el aguijón a la complaciente democracia, me recuerda otro hecho ocurrido durante mis dieciocho años viviendo en Venezuela. El Aeródromo La Carlota es un espacio con una superficie de 103 hectáreas aproximadamente, localizado el este de la ciudad de Caracas - ahí donde yo viví, por dieciochos años – y hoy, nuevamente bombardeado por ataques a la institucionalidad de la nación venezolana. Recuerdo el sonido de las bombas, junto a mi almohada.

En 1992, el ataque a La Carlota no fue por un postre frío hecho con bizcochos y cremas al igual que en el Municipio Córdoba de España, fue una revolución interna -promovida por Hugo Chávez Frías, y quienes hoy, en su nombre, detentan el poder y el gobierno - pretendiendo derrocar mediante un golpe militar al presidente Carlos Andrés Pérez, y prometiendo llevar al país, a un mejor destino. No lograron ninguna de las dos cosas. ¡Y de ahí en más, fue peor el remedio que la enfermedad! Los que ayer prometieron libertad y respeto a la decisión soberana, estafaron a su pueblo, engañándolo, mintiéndole y corrompiéndolo aún más. Quizá Venezuela es el más ejemplar de tantos escorpiones, propios y ajenos, que prometieron llevarla a un estado mejor, y terminaron inyectándola con su veneno.

Chávez, Maduro, Cabello, y su combo de autoritarios descendientes, le hicieron tanto daño al país, en menos tiempo, que quienes los precedieron en gobiernos anteriores, supuestamente democráticos y también tan indecentes. Curiosamente, también, fue la democracia la que llevó en sus hombros constitucionales, a estos dictadores, que luego la traicionaron, convirtiéndose en dictadores.  

Hoy, el aguijón se lo clava Donald Trump, el “maravilloso” presidente de los Estados Unidos, prometiéndole avanzar a “un estado de libertad”, pero regido por sus delirios de dominación mundial, y su voracidad insaciable de lograr protagonismo, saqueando descaradamente, las riquezas de otras naciones. Donald Trump es otro farsante; inmoral y fraudulento, que avergüenza aún más la ya decadente vergüenza de ese gran país, supuestamente omnipotente. Mentiroso compulsivo; empresario fracasado, narcisista declarado, y estafador condenado por la justicia de Nueva York -al igual que su hijos -por fraude al Estado.

Por todo esto es que se hace tan difícil, para los mejores bienintencionados, analizar y opinar sobre los beneficios que pueda aportarle a la hermosa Venezuela, esta caprichosa incursión - total y absolutamente ilegal -ante los parámetros y compromisos internacionales – y que sienta un peligrosísimo precedente, en manos de un ser descerebrado que, abusando de su coyuntural poder, embarca a la humanidad toda en una peligrosa aventura de caprichos y veleidades.

¡Cayó el dictador Maduro! Y supuestamente, por ello, millones venezolanos abusados, negados, abusados, excluidos, y expatriados, allí donde estén, dormirán nuevas noches con nuevos sueños y nuevas esperanzas. ¡Cómo no entenderlos, después de todo el daño infligido! ¡Después de tanto engaño y degradación soportados! ¡Cómo no quererlos y abrazarse con ellos, si tanto tenemos de hermanos!

Pero los uruguayos, fiel a nuestra ejemplar historia democrática, no debemos confundirnos, ni alterarnos, ni olvidar los principios y valores constitucionales que tanto nos han honrado internacionalmente. Y recordar que, más allá de los personajes predominantes, ocasionalmente, la hermandad existe entre las personas que nos queremos y respetamos humanamente. ¡Y somos muchos más, quienes conformamos las naciones!

En esta, su última presentación en el circo de las veleidades, y donde ya no tendrán otra opción, Donald Trump al igual que Maduro y sus secuaces, harán sus últimas presentaciones, para  vencer o morir. Porque Venezuela no va a morir; tiene 214 años de historia, pero Donald Trump, si; le quedan apenas unos pocos años de más de “histeria”. Y a Nicolás Maduro y sus complacientes seguidores, ya no les quedan crédito en sus habilitaciones.

¡Al comenzar este nuevo año, cuidémonos de no permitir estos “Carlotazos”, internos y externos, que terminan con nuestra dignidad, y nuestra razón de ser como humanidad! 

 

 

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