La salud de Donald Trump: ¿narcisismo maligno?
No se cuántos de ustedes se puedan haber interrogado sobre si Donald Trump tiene problemas mentales. Yo lo presentí desde siempre. Sus gestos y mensajes corporales (mucho más indicativos que los verbales) siempre me llamaron la atención. Gestos de grandilocuencia, desdén hacia los demás, de soberbia, acusatorios, etc., son demasiado evidentes. Pero también sus discursos incoherentes, frases sin sentido, ni conceptos definidos, sus exaltaciones hacia sí mismo, sus permanentes agravios, insultos, y descalificaciones, a adversarios y periodistas, no son normales. Y por ello me dediqué a recopilar suficiente información, sobre su personalidad.
No
estaba tan equivocado. Desde los primeros días de la campaña presidencial de
Trump, en 2016, su salud física y mental han sido objeto de debate. Psiquiatras y
periodistas, han especulado que Trump puede tener problemas de salud
mental, como demencia (que tenía su padre) o trastorno
narcisista de la personalidad. En 2016 y 2017, varios psiquiatras y psicólogos
clínicos enfrentaron críticas por violar la regla Goldwater: pues a
pesar de nunca haberlo examinado, sostuvieron que Donald Trump mostraba
"una variedad de problemas de personalidad, incluyendo grandiosidad, falta
de empatía, y “narcisismo maligno”, y que tenía una "enfermedad
mental peligrosa".
La
regla de Goldwater fue enunciada con la finalidad de prohibir a
los psiquiatras y los psicólogos diagnosticar a alguien a quien no hayan
evaluado personalmente. Tiene su origen en 1964, cuando el senador de
Arizona Barry Goldwater, candidato republicano, pretendió echar del cargo al
entonces presidente de Estados Unidos, Lyndon B. Johnson. Esto, que fue
enunciado en los años 70, adquirió mayor trascendencia en el 2017 cuando Donald
Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos. De allí, que empezaron a
publicarse artículos sobre su salud mental.
Pero
también en 2017, el psicólogo John Gartner recopiló más de 41.000
firmas de profesionales de la salud mental, en una petición dirigida al
entonces líder de la minoría del Senado, Chuck Schumer, afirmando que
Trump padecía una grave enfermedad mental y era "psicológicamente incapaz
de desempeñar competentemente las funciones de la presidencia”. Gartner calificó
las discapacidades mentales de Trump, como una mezcla de “narcisismo”, “paranoia”,
“sociopatía”, y “sadismo”.
En
octubre de 2017, la Dra. Bandy Lee, psiquiatra forense y social, experta
mundial en violencia, que enseñó en la Facultad de Medicina de Yale y la
Facultad de Derecho de Yale durante 17 años, publicó The Dangerous
Case of Donald Trump:37 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a
un presidente" (Macmillan, 2017 y 2019). Lee se dio a conocer al
público al liderar a un grupo de colegas profesionales de la salud mental para
romper el silencio sobre la peligrosa psicología del expresidente
estadounidense, y logró un éxito de ventas del New York Times. La publicación
procedió de una conferencia sobre ética que organizó en la Facultad de Medicina
de Yale, lo que la llevó a asesorar a más de 50 miembros del Congreso de los
Estados Unidos.
Los
profesionales argumentaron que los problemas del presidente afectaban la salud
mental de la población estadounidense, y que ponía al país en grave riesgo
de guerra debido a sus rasgos patológicos. “Estamos profundamente
preocupados por el curso natural de esta presidencia, y cada día que pasa es
una progresión de peligro en muchos niveles” -advirtió Lee. “De hecho,
mi preocupación es que ya estamos presenciando un nuevo aspecto del estado
mental del Presidente, especialmente a medida que la frecuencia de sus
mentiras aumenta y el fervor de sus presentaciones públicas se
intensifica.
“Me
inquieta que sus bravatas mentales puedan llevarlo a tomar medidas
impredecibles y potencialmente extremas y peligrosas, que lo distraigan de lo
legal” -agregó Lee – Y advirtió que varios miles de profesionales de la salud
mental que son miembros de la National Coalition of Concerned Mental Healt
Experts (Coalición Nacional de Expertos en Salud Mental) comparten la
opinión de que los códigos de lanzamiento nuclear no deberían estar en manos de
alguien que exhiba tales niveles de inestabilidad”.
También
existe un libro de Bob Woodward, galardonado periodista, sobre Trump, con un
inquietante título “Fear”. (Miedo). En el, describe un “colapso nervioso de la
presidencia de Trump”. Una perspectiva similar está reflejada en “Fire and
Fury” (Fuego y furia) de Michael Wolff. Para Woodward, el problema, es la falta de
“principios discernibles que guíen su toma de decisiones y su impulsividad, que
da como resultado decisiones a medio cocinar, con informaciones erróneas y, en
ocasiones, imprudentes, a las que hay que dar marcha atrás, y que tienen
la característica de que no se sabe si podría cambiar de opinión de un
minuto a otro”.
Incluso,
durante las primarias presidenciales del Partido Republicano de 2016, el
candidato presidencial y oponente en las primarias Jeb Bush, especuló
en febrero de 2016 que Trump tenía problemas de salud mental, afirmando: "No
soy psiquiatra ni psicólogo, pero el tipo necesita terapia".
Y
los últimos dichos y actitudes del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, vuelven
a poner la lupa sobre su salud mental y física. Para uno de los expertos, Trump
podría padecer “narcisismo maligno”, una característica que también tenía
Hitler. Frases absolutamente no usuales en las ruedas de prensa de un político
de su investidura, han prendido la luz de alerta sobre su salud mental:
"Soy el rey"; "Me están besando el culo"; "Esa guerra
no habría ocurrido si yo fuera el presidente"; "¡Cállate! ¡Cállate
cerdita!"; "Eres lo peor, ya empezamos... ¡Venga ya!"; ¿De dónde
vienes? Tu líder viene muy pronto, le hablaré de ti y tu mal tono".
En
la campaña electoral acusó a los migrantes de comer gatos y perros, y cuando el
funeral del golfista Arnold Palmer, se refirió a sus genitales: "Cuando se
duchaba con otros profesionales salieron de allí diciendo: 'Dios mío, esto es
increíble', tenía que decirlo". En los últimos meses se ha realizado
chequeos mentales frecuentemente. "Creo que todos los presidentes y
vicepresidentes deberían estar obligados a hacerse exámenes cognitivos, test
mentales. Soy el único que se hizo un test cognitivo. Si no me hago exámenes
médicos es porque estoy ocupado", señaló.
"No
se hacen estos test cada dos por tres, ni se usan como evidencia de que estás
bien a nivel cognitivo. No, de hecho, a aquellos que le hacen el test de
Montreal con ese nivel de frecuencia es porque están preocupados por la
aparición de la demencia en una etapa temprana o deterioro cognitivo”, ha
afirmado el neurocirujano Sanjay Gupta.
Curiosamente,
luego de las críticas a su antecesor, Joe Biden por sus dormidas en público,
parece haber llegado su turno, ya que se ha quedado dormido en reuniones de
gabinete y en reuniones con personalidades extranjeras. Definitivamente, como
aseguran estos psiquiatras y periodistas, Donald Trump no es una persona apta
para desempeñar el cargo de presidente de los Estados Unidos. Me temo que
seguirá cometiendo peligrosos disparates, hasta que sus propios compañeros, y
adversarios, en el senado, decidan pedir
su renuncia.



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