La “cajita feliz” de McDonald´s Trump.
Dentro de las pocas y sanas contribuciones del pueblo de Estados Unidos, hacia el resto de la humanidad, sin duda una de ellas lo constituye el fenómeno de la empresa multinacional de comidas rápidas, McDonald’s, y sus “Cajitas Felices”. La otra contribución mundial norteamericana, fue la USAID, la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, que destinó, durante seis décadas, miles de millones de dólares a combatir la pobreza, enfermedades y apoyar el desarrollo y la democracia, en más de 100 países. Y que, durante 2025, Donald Trump la intervino, y desmanteló.
Más que nada, según dicen los aproximados, porque siendo una agencia
gubernamental no podía lograr
denominarla como USAID/Trump, y además, porque fue creada en épocas del
presidente Kennedy. Por ello hay quienes piensan
que ahora Trump, mientras pretende intervenir y anexar a Estados Unidos, a
Groenlandia, Canadá, Venezuela, o lo que se pueda, está dispuesto también a
intervenir la exitosa cadena comidas rápidas, si no decide cambiar su nombre a “McDonald’s
Trump”. ¿Por qué?
Bueno, porque en sus delirios
de grandeza narcisista, es lo que hizo con el histórico Centro John F. Kennedy
para las Artes Escénicas de Washington D.C., quien exhibe ahora en su fachada también
el nombre de Donald Trump, designándolo como el “Centro Trump-Kennedy”, por
encima del nombre original, lo cual llevó a que una ola de artistas
cancelara sus presentaciones.
Pero eso no es todo; según la
Agencia EFE, recientemente, el presidente estadounidense, Donald Trump habría
condicionado el desbloqueo de fondos federales para el proyecto ferroviario
Gateway en Nueva York, ¡a que rebautizaran con su nombre el
aeropuerto internacional Washington-Dulles, y la neoyorquina Penn Station!
¡Lo cual fue rechazado por el líder de la minoría demócrata en el
Senado, Chuck Schumer.
Y ahora, Trump le ha regalado a Venezuela una Cajita Feliz, de
McDonald’s Trump, cambiando los muñequitos de obsequio de Maduro y Cilia
Flores, y los muñequitos con personajes
chinos, por uno -único -de su “fantástica” personalidad. Y como un supuesto
“maravilloso” hombre de negocios -que él dice que es - no se anda con vueltas
ni con sensibilidades ideológicas. Así que, tras
admitir la conversación con Delcy Rodríguez, la vicepresidenta y cómplice de
Maduro, el mandatario afirmó que “nos estamos llevando muy bien con Venezuela”.
Y por ello está utilizando a Delcy,
como protagonista estelar de su comercial, asegurando que es una “persona
estupenda", “fantástica”, tras afirmar que sostuvo una "larga" y
"genial" conversación con ella por teléfono.
Es como si fuera una campaña
publicitaria de un mejorador del cabello. “Confíen en Delcy, los va a proteger
de la caída del cabello”. Y de paso, le tira una patadita indirecta al zar del terrorismo de estado, y las torturas,
y la dictadura venezolana, Diosdado Cabello. Y es que hay un cruel
enfrentamiento interno, ¡sabiendo que todo se van pal’infierno!
Rodríguez asumió el liderazgo
tras la captura del presidente Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses a
principios de enero. Desde entonces, ha defendido la soberanía de Venezuela,
rechazando (verborrágicamente) injerencias externas. En sus declaraciones, ha
insistido que su gobierno es legítimo, y representa al país ante el mundo.
(¡Aunque el mundo sabe que es
ilegítimo!)
Mientras, Trump ha asegurado
que Delcy estará ahí, siempre y cuando cumpla las ordenes desde su despacho en
la Casa Blanca. Joder, ¡que delirio existencial! ¿Cómo se entiende? ¿O se
autodeterminan los venezolanos, o están a las órdenes y caprichos de una
descerebrada mentalidad extranjera?
Lo cierto que. hasta ahora
Delcy le está entregando a Trump todo lo que eran las grandes reivindicaciones
del chavismo; volvió a entregar el petróleo a las grandes petroleras, prometió
una amnistía general con los adversarios, cerrar el terrorífico centro de
torturas el Helicoide, y portarse bien, aceptando abrir nuevamente la embajada
norteamericana, para lo cual ya envió a una de sus mensajeras, con el cometido
de ayudar a la transición necesaria.
Por otra parte, Donald también
le tiró una patadita bajo la línea de flotación a María Corina Machado, la
líder de la oposición venezolana, y “ganadora” (¿o ¿adjudicataria?) del Premio
Nobel de la Paz, descalificándola como referente popular: “No tiene el apoyo ni el respeto
dentro del país. Es una mujer muy agradable, pero no tiene el respeto”. Sin
embargo, María Corina lideró una ejemplar campaña por la presidencia contra
Maduro, en julio de 2024, resultando su equipo ganador, por más del 70% de los
votos, y avergonzando a la revolución bolivariana quien, vergonzosamente se
autodeterminó ganadora, mediante un acto de magia payasesca, de la Corte
Electoral venezolana, sin presentar nunca, las actas de los votos.
Por mi parte, habiendo sido un
admirador de María Corina como luchadora, me decepcionó totalmente al ir, como
un perrito faldero, a cederle personalmente el premio al descerebrado
presidente, quien también ha manifestado, verborrágicamente, expresiones como: "Soy
el rey"; "Me están besando el culo", etc. ¡Qué inconsistencia!
Como si el Premio Nobel fuera simplemente un trofeo que puede traspasarse de un
personaje a otro. Por ello me permití cambiar el término “ganadora”, por el de
“adjudicataria”; ahora creo que María Corina no estaba preparada para semejante
distinción. Y es que estos deslices han sido una constante de la oposición
venezolana. No pueden ponerse patines, porque no saben deslizarse por la pista
de la democracia.
Por ahora, María Corina no irá
tampoco dentro de los muñequitos de la promoción de McDonald’s Trump, para delite
del paladar de los venezolanos. ¿Irá el de Delcy, o su hermano Jorge, promocionado
el reinado de los Rodríguez?
Nota: Hermanos
venezolanos; Confucio nos trajo la idea de que “para mover una
montaña, empezamos con las piedritas. Cualquiera que sea nuestra meta, crear
un plan viable y que funcione, al que podamos apegarnos, le gana a cualquier
plan grandioso”. Y es cierto que ustedes hace tiempo vienen eliminando
piedritas, y piedrotas, y cascotes, y hasta grandes desprendimientos geológicos.
Pero ya es hora de que hayan aprendido, después de tantas décadas de
resignación, humillación, y empobrecimiento, a no confiar tan fácilmente en las
cajitas felices que les puedan ofrecer los McDonald’s Trump, desde ese país del
norte. Porque esas regalan el muñequito, sin importar mucho lo del alimento.


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