Mercosur y la UE: ¡una vez más, Uruguay primero!
Recientemente, nos informan que Uruguay fue el primer país, dentro de los cuatro socios del Mercosur, y dentro de ese espacio tan diverso que integramos el Tratado de Libre Comercio con los países de la Comunidad Europea, en aceptar y ratificar el desafío de ser más libres, más competitivos, más dispuestos a aceptar y compartir los desafíos del conocimiento y la innovación, y aun lo que pueda venir -asumiendo los riegos inclusive -de una agresiva competencia. Uruguay; ¡el más pequeño de todos, y supuestamente el más vulnerable!
¡Uruguay
tiene mucho para arriesgar! Por no tener economías de escala, ni un abundante mercado
interno, que justifique mayores inversiones para un amplio desarrollo
industrial. Este pequeño Uruguay, que con su pequeña extensión geográfica, su
complicada situación demográfica, su larga historia de enfrentamientos civiles,
y su hoy reconocida posición como mayor representante de la democracia plena, es
ejemplo en tantas innovaciones como el cambio de la matriz energética, el uso
de las energías naturales, la implementación de pioneros planes educativos a
través de la tecnología del Plan Ceibal, y otros más.
Este
Uruguay que, hasta 1981, mantuvo una política proteccionista destinada a
proteger a nuestra pequeña y aguerrida industria nacional, contra el choque de
las importaciones, con sus previsibles resultados de mejores opciones, en
calidad, precio, e innovaciones, comparándonos con los impresionantes mercados
mundiales. Muy loable para defender un
sector de la actividad económica, con sus beneficios en generar miles de
fuentes de trabajo y empleo, en un país esencialmente agrícola ganadero, que
pretendía diversificar su producción y su economía, frente a sí mismo, y a los
demás.
Pero
Uruguay entendía ya, que, más tarde o temprano tendría que abrirse al mundo. Porque
abrirse al mundo significaba acercar para sus compatriotas mejores opciones en
diversidad de productos, calidades, y precios, sin mantenerlos rehenes de la
protección a unos pocos en desmedro del beneficio a los muchos. Para ello, hizo
por varios años, lo que era lógico hacer: invitó a los más representativos
empresarios a viajar por el mundo, allí donde poder obtener mejores
conocimientos para mejorar y volver más competitivas a sus empresas nacionales.
Muchos
lo aprovecharon: otros, pagados de si mismo, en su creencia y experiencia de
que eran lo mejor e insuperable, de la industria nacional, lo aprovecharon
simplemente para encontrarse con sus esposas, visitando el Louvre, en Francia, las
mejores tiendas europeas, y otros íconos mundiales. ¡Que me perdonen los que
aún quedan! Pero fue así. Y es que, en realidad, sus productos eran los mejores
dentro de las opciones nacionales, en cuanto a calidad, servicio de posventa, y
durabilidad. Pero, reitero, eran los mejores “dentro de las opciones
nacionales”; ¡sin importar la competencia contra posibles mejores opciones
internacionales!
Y
esto me consta porque yo tuve la oportunidad de asesorar con mi empresa de
publicidad, las inquietudes de un amigo, principal directivo de una empresa de
refrigeración comercial, que fabricaba la más reconocida línea de productos
para el comercio minorista. Era cierto; su calidad era inmejorable dentro de su
competencia nacional. Incluso sus equipos, comprados de segunda mano, tenían un
reconocimiento y valor muy superior, si mostraban su logotipo, metálico o
impreso, adheridos a sus estructuras. Por ello mismo reinaron por 30 años, en
una cómoda zona de confort.
Pero
al abrirse la libre importación, crecieron como hongos las empresas
importadoras representando fábricas brasileras, europeas, y otras, con
experiencias y desarrollos en mercados muy superiores, y con niveles de mayor
variedad, mejor tecnología, entrega inmediata, y precios ¡sumamente
competitivos! Era lógico, entonces, que la fábrica de mi amigo experimentara el
rigor de la competencia, esta vez, extranjera. Y sin tener experiencia en
importaciones.
A Uruguay lo salvó, la amenaza de la competencia. ¿Qué hacer? Competir con la producción nacional, se convertía en una quimera, ¿Reingeniería industrial? era otra opción. Pero a un costo enorme en inversiones, tiempo, pérdida de clientes, y para un mercado tan reducido, que la hacían inviable. Mi amigo, encargado y enamorado, de la gestión de su empre, se lamentaba; “30 años ofreciendo la mejor calidad y servicio, y ahora, la infidelidad de los clientes, prefieren otras opciones”. Era una descarga emocional, frente a un fenómeno racional. ¡En el mundo del comercio, la fidelidad no es de por vida! Los clientes siempre buscan mejores opciones. Y la fidelidad no suele ser amiga de la necesidad, y la oportunidad, cuando el negocio lo exige.
La
solución fue, pues, hacer lo que nunca se había hecho, ni pensado, ni
imaginado; ¡importar rápidamente, soluciones para competir a nivel nacional,
con productos extranjeros! La decisión fue unánime. Y no faltó la recomendación
para ponerse en contacto con la representación del Departamento comercial de
una embajada europea. ¡Y fue un amor a
primera vista! Lo contactaron con una de las mayores fábricas proveedores de la
Comunidad Europea. A los pocos días recibió la invitación: viajar a conocer los
productos, la tecnología, y las instalaciones.
Y
a los pocos meses más, comenzaban ya a llegar las primeras unidades, con todo
su potencial innovador, y sus innegables adelantos tecnológicos, más una
accesibilidad en precios, representando una mejor inversión. De ahí en más, con
una simple y estratégica campaña de publicidad, dirigida comercial y
emocionalmente, a los grupos comerciales de mayor incidencia (muchos de ellos
descendientes europeos) logramos atraer, avalados por la gran imagen de
confianza en la empresa nacional, la curiosidad, y más tarde la preferencia de los
usuarios y compradores. La empresa aún
existe, exitosamente. Y aunque sus directivos referentes, fallecidos ya, no
están al frente, sus hijos conducen los nuevos desafíos.
Conclusiones:
-La
empresa despertó del letargo de una zona de confort que, ni les permitía innovar
y adaptarse a la competencia internacional, sino que -inconscientemente
-mantenía prisioneros a sus clientes nacionales, frente a mejores opciones
internacionales.
-Al
contactar con los conocimientos y la experiencia de otros refrentes, más
adelantados por competir en mercados internacionales mucho más exigentes, la
empresa se reconvirtió, mejorando la eficiencia de su fabricación nacional, y
adaptándola a una eficiencia mucho mayor.
-
La empresa, conservando su especial atención al cliente, volvió a ser la
indiscutible referencia, a nivel nacional, por calidad, innovación, y mejores
prestaciones; ofreciendo, además, lo mejor de la tecnología internacional, en
su referencia.
¡La
competencia, siempre la competencia, es la que nos obliga a revisarnos
constantemente, para mantenernos vivos, existencialmente! Y esto es algo que
deberían sopesar los empresarios productores de nuestros supuestamente socios
europeos, que se niegan caprichosamente a abrirse al mundo de la competencia
internacional, y ni siquiera al mundo, sino a la comunidad de países hispanohablantes
del sur de América. No los juzgo; ¡pero creo que están anquilosados en una zona
de confort, hoy seriamente amenazada, no por quienes integramos este tratado,
sino por el desprecio de un descerebrado gobernante estadounidense que ya ni
los respeta ni los considera!
Piénsenlo
así, por favor.








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