Brasil, Lula, y Trump, “el padrino” de los Bolsonaro.
Los hermanos brasileños están ante una especial encrucijada. De esas que sacuden las entrañas y las emociones, y minimizan las razones. El progresista Lula, tres veces presidente, contra el hijo del mayor desestabilizador de la democracia brasilera. Trato de entender a unos y otros. Si Lula ha sido elegido para tres gobiernos por el inmenso y variado conglomerado de personas y personajes de ese inmenso y bello Brasil, y ante sus carencias y necesidades, algo bueno debe haber aportado. ¡Y sin duda que quizá mucho más pudo haber logrado! Pero es difícil, ante tantos y diversos intereses políticos, económicos y sociales, satisfacer al 100% de sus ciudadanos, priorizando, además, en un mundo humano tan perturbado, la realidad de un país que ha preferido, ante todo, conservar, respetar, y dignificar, el concepto de democracia.
¿Quién es Lula? Luiz Inácio Lula da Silva fue juzgado
y encarcelado en Brasil por corrupción y lavado de dinero en el marco de la inmensa
Operación Lava Jato, pero sus condenas fueron anuladas posteriormente por la
justicia. Lula se entregó a la policía el 7 de abril de 2018 y estuvo 580
días encarcelado hasta noviembre de 2019, durante los cuales, no sólo se
comprobó su inocencia, sino que nunca incitó a su pueblo a la violencia, ni a
cometer desmanes antidemocráticos. El 8 de marzo de 2021, el Tribunal Supremo
Federal de Brasil (STF) anuló todas las condenas en su contra; la corte
determinó que el tribunal de Curitiba no tenía la jurisdicción adecuada y que
el juez Sérgio Moro actuó con parcialidad. Y como si fuera poco, según un dictamen
de la ONU, en abril de 2022, el Comité de Derechos Humanos de las Naciones
Unidas concluyó que los procesos judiciales contra Lula violaron sus garantías
de debido proceso y la presunción de inocencia. Una mancha para la justicia ¿NO?
¿Y quiénes son los
Bolsonaro? La Corte Suprema de Brasil
determinó este miércoles que el exdiputado Eduardo Bolsonaro, uno de los hijos
del encarcelado expresidente Jair Bolsonaro, y que se estableció el año
pasado en Estados Unidos alegando sufrir una persecución política y
judicial, comience a cumplir una de las penas a las que fue condenado.
¿Persecución política y judicial en Brasil? ¡Bueno, pero es que entonces, el
primer brasileño que debió abandonar el país por estos motivos, debió ser
Ignacio Lula da Sila, expresidente condenado y encarcelado, injustamente, por
supuestos cargos en su contra!
Ahora,
la decisión partió del magistrado instructor del juicio, en el Tribunal Supremo,
en el que Eduardo Bolsonaro fue condenado a cuatro años y dos meses de
prisión tras ser hallado culpable de coacción a la Justicia, y por promover
gestiones ante el Gobierno de EE.UU. orientadas a presionar al poder judicial
brasileño en momentos en que la Corte Suprema realizaba el juicio por golpismo
en el que su padre, Jair Bolsonaro (2019-2023), fue condenado a 27 años
de prisión. Además, el excongresista fue inhabilitado políticamente por 12
años, lo que le impedirá presentarse a cargos públicos hasta 2038.
Recordemos
que este exlegislador es hermano del senador Flávio Bolsonaro, el
candidato actualmente más votado en las recientes elecciones, con 47 % de los
votos, y que se enfrentará en una segunda vuelta el 25 de octubre contra el
actual mandatario, el progresista Lula. Recordemos también que el expresidente
de Brasil, Jair Bolsonaro, siguió el método del aprendiz Trump, mediante una
turba organizada, pero con nuevos aditamentos.
Según
la agencia de noticias BBC, hubo señales públicas y complots secretos. Un
documento planteaba ignorar las elecciones y declarar el estado de sitio. Y un
plan impreso preveía asesinar al presidente electo, su vicepresidente y un
juez, con balas o veneno. Las pruebas de que existió una conspiración en Brasil
para quebrar la mayor democracia de América Latina llevaron a la justicia del
país a condenar al expresidente Jair Bolsonaro a 27 años y tres meses de prisión.
Por
su parte The New York Times, aclaraba que “Jair Bolsonaro solo tuvo nueve
semanas para ejecutar un plan tan arriesgado como extraordinario”. Según los
fiscales, con la ayuda de aliados pretendía anular las elecciones
presidenciales de octubre de 2022 que había perdido. A un estrecho colaborador
se le ocurrió una siniestra solución: “envenenar” a Luiz Inácio Lula da Silva,
quien había derrotado a Bolsonaro, antes de que se juramentara como presidente
de Brasil el día de Año Nuevo de 2023, según un documento que se imprimió en
las oficinas presidenciales mientras Bolsonaro estaba en el recinto. Para
reconstruir el caso contra Bolsonaro, The New York Times revisó decenas de
horas de testimonios y cientos de páginas de documentos policiales y de la
fiscalía, de una investigación que duró casi dos años.
Y
siguiendo también el método Trump, en septiembre pasado Eduardo Bolsonaro fue
condenado a un año de prisión por la Corte Suprema, en un juicio por difamación
contra la diputada Tabata Amaral. Igualmente, en septiembre, fue destituido de
su función como escribiente de la Policía Federal por abandono de cargo. Y a
pesar de su situación jurídica, Eduardo continúa participando activamente en la
campaña electoral de su hermano mayor y ha insinuado que, en caso de que Flávio
sea elegido presidente, espera que lo nombre ministro de Relaciones
Exteriores.
Donald Trump, el padrino de los Bolsonaro. ¿Acaso puede haber algo mas denigrante para una nación, como las actitudes del enfermo Donald Trump, presionando y pretendiendo alterar los resultados electorales del estado de Georgia, EE.UU., en 2021, para desconocer la victoria de Joe Biden? En una grabación publicada por el Washington Post, Trump figura encomendándole al máximo responsable electoral de Georgia que "encontrara" suficientes votos para anular el resultado de las elecciones. "Solo quiero encontrar 11.780 votos", le dijo al secretario de Estado republicano Brad Raffensperger. Se oye, incluso, a Raffensperger, responder que los resultados de Georgia, son correctos.
Y
para mayor vergüenza, el 6 de enero de 2021, fomentó el asalto al
Capitolio de los Estados Unidos en un intento de autogolpe de Estado, por
medio de una turba de partidarios disfrazados de bestias, con grandes cuernos,
semidesnudos y con taparrabos de la edad de piedra, que irrumpieron en el
edificio para intentar frenar la certificación de la victoria electoral de
Biden. ¡Una auténtica payasada! ¡Vaya! ¿Esta es la señal republicana de un país
que dice ser la principal potencia mundial, económica, democrática, y liberal,
y que hoy -por decisiones de un discapacitado mental – pretende violar la
soberanía de los pueblos incidiendo en sus decisiones? ¿Y éstos son los valores
que ahora intentan traspasarle al pueblo brasileño, apoyando al candidato
Bolsonaro?
Bueno
pues, estos son los Bolsonaro, su padrino Trump, y el expresidente más elegido
para tres períodos; más juzgado y condenado, y a su vez, más absuelto y
reivindicado. Al que no le guste, como
dice el dicho “violín en Bolsonaro, y a otra cosa”. Porque la dignidad no se
embolsa.
¡Suerte,
a mis hermanos brasileros!










