La Tercera Opinion

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Location: Cordón, Montevideo, Uruguay

Thursday, April 23, 2026

 ¿Discapacidad, Argentina..?


A Javier Milei, como a Donald Trump, nunca les importaron sus pueblos. Simplemente los han usado como plataformas para montar el circo de sus apetencias de exacerbado protagonismo. Los dos padecen de ese “narcisismo maligno”, al cual se referían 200 profesionales de la salud mental, con respecto a Donald Trump, y frente a las elecciones presidenciales, cuestionando  su salud mental, e incluso, firmando una carta abierta advirtiendo al público sobre su «narcisismo maligno». Y sin embargo, a los dos los han votado, para reivindicar necesidades y sueños postergados.

 Pero ellos  nunca se han sentido ni han estado cerca de sus pueblos, y sus humanas necesidades. Solo les interesa ser aclamados por sus genialidades, y aparecer junto a los grandes personajes de la política, las finanzas, y el mundo empresarial. Mirándose sus propios ombligos. Sus éxitos se miden en alabanzas entre ellos mismos. Viven en un mundo aparte alimentado por sus egos, adulancias, y sus intereses en común. Lejos, muy lejos de sus pueblos y su gente. Si; sin duda están enfermos.

Recientemente, mientras Javier Milei satisface su ego dando una conferencia en la Universidad de Bar-Ilan de Israel, (el 20 de abril de 2026) y según unas tomas en Instagram, se postra de rodillas ante el genocida  Netanyahu, alcahueteándole que “Argentina está a tu disposición”, y asegurando que “Argentina hará lo que sea para ayudar a Israel”, la crisis en el sector de discapacidad en Argentina (abril 2026) presenta graves recortes y ajustes presupuestarios, con marchas frente al Ministerio de Salud por falta de prestaciones, medicamentos y pañales. Se denuncian demoras en pagos a obras sociales, recortes en el nomenclador, y un freno en la aplicación de la ley de emergencia aprobada por el Congreso.

“Ajuste por US$67.000 millones: los recortes que explican el giro fiscal de Milei y el quiebre de 20 años de expansión del gasto”, titula LA NACION, del 7 de abril de 2026.  La motosierra superó los 10 puntos del PBI en poco más de dos años; se concentró en transferencias, programas sociales, obra pública y subsidios; bancos internacionales destacaron el compromiso del Gobierno con el superávit. Claro; a los bancos internacionales tampoco les importan mucho los argentinos de a pie. ¡Tan solo los números fríos, de la desgracia social, marcan el éxito de los representantes del pueblo!

La Ley de Emergencia en Discapacidad fue aprobada en julio de 2025 por el Congreso y vetada en agosto a través de un decreto firmado por Milei, que luego fue rechazado por el Parlamento en septiembre, ratificando así la ley y obligando al Ejecutivo a promulgarla. No obstante, el  Gobierno se resiste a aplicarla con el argumento de que el proyecto no enunciaba de forma expresa de dónde se obtendrían los fondos para financiar tal mejora para el sector. La Justicia rechazó ese argumento en diciembre pasado y ordenó aplicar la ley de manera inmediata, en un fallo que fue apelado por el oficialismo.

Increíblemente, mientras tanto en mi pequeño Uruguay, el Banco de Previsión Social, que es quien presta las distintas prestaciones de jubilaciones y pensiones por discapacidad, y aún las naturales, cada año las actualiza y aumenta de acuerdo al índice de inflación, para no perder poder adquisitivo. Y en 2026, las ajustó un 5,72%, contra el 3,65%: 2,O7 por encima. Tenemos las jubilaciones y los sueldos mínimos más altos de la región. ¡Y no tenemos ni una gota de petróleo, ni un gramo de acero, aluminio, litio, o esos grandes recursos naturales!

Por lo cual, que me digan que el fisco argentino (¡un país que lo tiene todo en materia de recursos naturales!) no tiene claro de dónde se obtendrán los fondos para atender a este sector, tan sensible y tan necesitado, de su sociedad, demorando el pago de prestaciones, e impulsando un proyecto de ley titulado 'Contra el fraude de pensiones por invalidez', me parece absurdo, ridículo, e indecente. Vamos; es muy cierto que durante el gobierno de los corruptos Fernández de Kirchner, y su combo, se dilapidaron los mejores esfuerzos que los argentinos pudieron hacer, contribuyendo, inconscientemente, a su reelección, tratando para ello de ser más generosos que Jesucristo cuando repartía los panes entre los pobres. ¡Y mientras hubo panes gratuitos para regalar generosamente, sin importar de donde venían, aquello fue una fiesta!

Y Milei se ha convertido ahora en el nuevo personaje bíblico para los grandes financistas, empresarios, inversores, del mundo capitalista. "Ganarás el pan con el sudor de tu frente"; advierte Génesis 3:19, en la Biblia católica. Pero esta vez, sin importarle que muchos de sus compatriotas, que, sin quererlo ni merecerlo, no pueden hacerlo, porque ese mismo Dios que nos creó a todos, decidió que fueran diferentes. Y lo cierto es que ahora, el mesías Milei hace todo lo contrario; ¡refuerza las arcas del estado argentino, quitándoles los panes a los miles de argentinos, que más los necesitan! ¡Y sin que puedan producirlos!

¡Carajo; ¿qué somos los humanos? ¿Países financieros destinados a mostrar números felices, a quienes se deleitan con números que hacen, a otros tantos miles, infelices? Yo suelo mirar, entre canales de televisión prepaga, algunos de la hermana república Argentina. Y recientemente, en una secuencia de las manifestaciones por lo recursos para la discapacidad, me enterneció la imagen de una madre de Córdoba, llamada María del Valle, asistente con su hija discapacitada, de no más de doce o trece años, y quien, como si entendiera la reclamación por ella, le ponía la cabeza contra el pecho y le aferraba el brazo, mientras la madre trataba de calmarla.

-“Tranquila, mi amor; tranquila; estamos bien; estamos bien… tranquila; estamos bien”. Y no sé por qué, me puse en su lugar, y casi me pongo a llorar.

Mientras me imaginaba a Milei, regocijándose mientras daba esa “megaconferencia” en Israel, sin poder explicar que buena parte de su plan de ajuste en su país, lo pagaron y lo siguen pagando, los más necesitados. ¡Carajo; es que en realidad ni era tan complicado! Es una fórmula infalible. No me gusta este Milei que se apropió, de buena fe, de las expectativas, las esperanzas, las ilusiones, de un hermoso país que, de alguna forma, siempre trata de herirse a sí mismo. Creo que merece algo aún mejor, que esto que ya fue mejor, frente a lo que ayer fue lo peor.

Hasta ahora, Argentina no es un país confiable. Y por el solo hecho de que el descerebrado y circunstancialmente presidente de Estados Unidos, le haya dado su bendición, a un nuevo mesías coyuntural, no significa que es un aval de confianza para la nación. La república Argentina, puede y debe más que valerse por si sola! Y será un país confiable, en la medida que sus números hablen, demostrando que ante las necesidades de su pueblo, su gobierno es responsable y respetable.  ¡No depende de los alcahuetismos de algunos de sus connacionales! Pero el presidente Milei debe decidirse; ¿gobernará para su pueblo, o para complacer el regocijo de sus aliados extranjeros? ¿Le importará más la salud de sus perros, que la de sus connacionales?

Es triste y doloroso para una familia, tener un hijo con discapacidad mental, ¡pero es más  triste aún, para un pueblo, tener gobernantes  con discapacidad social!

 

Monday, April 20, 2026

 La última gran vergüenza latinoamericana..!


Thursday, April 16, 2026

 


Tuesday, April 14, 2026

Este es el socio de Donald Trump, el representante del mayor país depredador de la humanidad..! 


 

Monday, April 13, 2026

 Vale la pena leer estas reflexiones de alguien que sabe lo que dice y por qué lo dice...


Saturday, April 11, 2026

 Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte.  


Coincido con la ministra Lustemberg, en que no puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños, no podamos tener el cruce de sistemas de información y la indispensable  trazabilidad, de ese niño, desde antes de que nazca. Lamentablemente, y teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jonathan Correa, y el proceso de su seguimiento, durante sus 15 años de edad, condicionado desde antes de nacer a una vida de sufrimientos, era esperable este triste e inhumano acontecimiento.

Es cierto que, humanamente, no podemos impedir estos nacimientos, casi que con  tragedia anunciada. También es cierto que, legalmente, no podemos quitarle a una madre su hijo, previendo una vida arruinada desde antes de su nacimiento. Por más cruel e injusto que sea, cada quien -pese a sus limitaciones -tiene el derecho de asumir sus decisiones. Pero también su responsabilidad. Tener un hijo es un regalo de la existencia humana, no de la suerte. De cada ser que nace, allí donde sea, puede y debe resultar un enriquecimiento para sí mismo, para su familia, y  para el resto de la sociedad.

Quién no se sienta capaz -por las razones que sean -de cumplir con este mandato sublime,  debe pedir ayuda al Estado. Y a su vez el Estado es responsable de hacerse cargo -de la forma que sea - de evitar las crueles circunstancias derivadas de una paternidad -o maternidad -irresponsable -que lleven al sufrimiento y posterior fallecimiento de un niño destinado, naturalmente, a disfrutar de una vida digna y a ser útil para su comunidad.

Jonathan, ni siquiera tuvo la oportunidad de enterarse de todo esto. Lo desechamos desde antes de su nacimiento, y sin tener siquiera la oportunidad de conocer y decidir, si quería quedarse a vivir entre nosotros. Sin tener el mínimo derecho a que alguien lo quisiera, y lo defendiera. No; estaba predestinado a ser culpable de una inequidad social, de la cual  nunca tuvo culpa, ¡y  ni siquiera protagonismo! 

Confieso que me duelen demasiado estos casos, de seres humanos tan inhumanos, que no merecen seguir viviendo dentro de nuestra sociedad. Porque son una mancha que no se quita, ni con la cárcel, ni con el perdón y la supuesta recuperación, de quien ha sido -por tanto tiempo -un depredador de su propia familia, y del resto de nuestra sociedad.


Me duele Jonathan, como si fuera mi hijo.
¡El Estado debió intervenir mucho más! “A grandes males, grandes remedios”, es una frase hecha, que, en estos casos, es muy aplicable. Si en el caso de Jonathan, esa madre que vio y soportó, durante tanto tiempo la laceración de su hijo, a manos de su vergonzoso padre, un padre que ella eligió, hubiera elegido separar a su hijo de esa salvaje convivencia, entregándolo al Estado, mientras ella no pudiera hacerse cargo, hoy Jonathan, ese niño de 15 años, buen alumno, de mirada triste, estaría entre nosotros encaminado a ser, un ser humano feliz, y una promesa para su nación.

Sin duda esa pobre mujer necesitaba ayuda para salir de esa brutal convivencia. No sabía cómo hacerlo. El Estado, a su vez, conociendo la situación, debió asumir esa paternidad destructiva, de quien nunca estuvo preparado para ser padre. Por las buenas, o por las malas. Por la ley de la justicia, o incluso, en estos casos, por la ley de la convivencia humana que exigía soluciones inmediatas, más allá de la lentitud de la ley y la justicia.  Nada de esto funcionó. Y ese hermoso chiquilín, que además siempre defendió a su pequeña hermana, tuvo el más aberrante fin, apenas comenzado su inicio.

Lo vuelvo a repetir; me duele profundamente, la triste historia de Jonathan Correa, a quien nunca conocí, pero es como si fuera uno más de mis cuatro hijos. Es inconcebible al día de hoy, y con las experiencias vividas, que el “padre Estado”, no sea más padre exigente y responsable de la vida o muerte de sus hijos, al par que es tan dispendioso para beneficiar -indirectamente – a quienes no lo merecen, ¡y lo destruyen todo! No sé, legalmente, las penas que les corresponden a unos padres/bestia como el de Jonathan; yo asumo las extremas decisiones que se tomen para separar -de una forma u otra -a estos depredadores sociales, del resto de la sociedad. 

Me duele Jonathan; me duele mucho esta parte de nuestra sociedad uruguaya, que no ha logrado hacerse cargo de esta responsabilidad. Te juro por Dios, Jonathan, allí donde estés, que si te hubiéramos conocido, yo, mi familia, mis amigos, y hasta quienes comparten las lecturas y locuras, en este medio  de relacionarnos todos, hubiéramos hecho lo imposible, por lograr lo que era posible -y no lo hicieron -en esa familia que te parió, pero  nunca te valoró.

Descansa en paz, por lo menos, descansarás…de tanto trato inhumano.

 

Tuesday, April 07, 2026

¿Somos un país de bestias humanas?


“A Jonathan Correa lo mató su padre después de una de las tantas palizas que le daba de forma cotidiana”, nos relata “la diaria”, el 14 de marzo de 2026. “Esta vez la excusa fue que no había sacado de su casa a unos cachorros de perros pitbull que la familia criaba para aportar a sus menguados ingresos. La golpiza ocurrió antes de dormir y el fallecimiento se consumó durante la madrugada. Al constatarlo, el agresor –su propio padre– tiró el cuerpo del adolescente de 15 años a la cañada que corre por enfrente de la precaria casa de la calle costanera que tiene el nombre de Aurelia Viera.
“Años de violencia, desigualdad, omisiones y descoordinación del Estado”, titula la diaria.

“Hay tantas lesiones internas que la forense no pudo constatar bien dónde había iniciado el sangrado”, dice el informe leído en la audiencia de imputación de su padre. La Escuela Técnica de Flor de Maroñas, a la que Jonathan concurría, se había percatado de la violencia y activó los protocolos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en noviembre. Según dijeron fuentes de la ANEP a la diaria, al ver que la denuncia no había tenido tratamiento, desde la UTU se había comenzado a monitorear la situación.

Y es primordialmente muy importante lo que relata la diaria sobre el entorno y circunstancias dentro de las cuales se crio Jonathan. Según pudo reconstruir la diaria con base en testimonios de vecinos e integrantes de instituciones educativas del barrio, la familia de Jonathan está atravesada por décadas de violencia y vulneraciones de derechos. El clan tiene su origen en 15 hermanos, y una parte de la familia se la ha pasado transitando entre la precariedad, la informalidad laboral y la delincuencia.

En el caso de su padre, cuenta con anotaciones penales desde los 12 años y fue denunciado dos veces por violencia de género por la madre de Jonathan. En 2024, la última vez, cuando fue a buscar a su hijo a la escuela estando visiblemente golpeada, desde el centro educativo hablaron con ella y decidió hacer la denuncia. La Justicia dispuso medidas cautelares por 180 días, ¡sin tobillera ni custodia policial!”  Vecinos de la zona aseguran que la madre estaba al tanto de lo que pasaba y que nunca detuvo las golpizas propinadas a Jonathan por parte de su padre.  Testigos aseguraron que Jonathan solía ser golpeado por su padre y que, incluso, que se sentían los gritos de auxilio por parte del menor. ¡Cuánta bestialidad!

¡Me avergüenza esto en mi país! Desde hace doce años edito mensualmente un boletín titulado “Buenas Noticias Uruguay”. Lo hago y distribuyo totalmente gratis para quien quiera recibirlo o leerlo en mis redes sociales. Lo hago porque luego de regresar, viviendo 18 años en el exterior, me siento orgulloso de lo que ha logrado este país. ¡Pero estas heridas, profundas, dolorosas, vergonzantes, me avergüenzan y me sumen en la impotencia!


Todo el mundo lo sabía.
La UTU, a la que concurría Jonathan, sabía lo que ocurría. La ANEP también lo sabía. Su madre y familiares lo sabían. Los vecinos y testigos circunstanciales, lo sabían. La justicia que dispuso medidas cautelares por 180 días, para su padre, sin tobillera ni custodia policial, también lo sabía. ¡Mucha gente lo sabía! Pero Jonathan, de 15 años, aquel chiquilín de mirada triste pero buen alumno, como lo definieron sus maestras, apareció muerto y reventado a golpes, en la cañada que corre frente a su precaria casa, asesinado por su propio padre.  ¡Parece imposible tanta bestialidad humana!  Me lo pregunto, y pregunto una vez más ¿en qué, donde, y por qué, estamos fallando tanto, como sociedad? ¿En un país que, en otros temas del desarrollo nacional, hemos avanzado tanto?

Tenemos enormes beneficios sociales  para los cuales, increíblemente, un pequeño país que no dispone de ninguna de las grandes riquezas naturales de otros países hermanos -  petróleo, acero, aluminio, litio, etc. - ni las famosas “tierras raras”, que tanto obsesionan al mundo de la tecnología, nos las ingeniamos para redistribuir la riqueza producida por nosotros mismos, gracias a la contribución de compatriotas y extranjeros, que apostamos al esfuerzo humano, y sus posibilidades, como gran riqueza universal. En definitiva, somos una “tierra rara”.

La trazabilidad humana indispensable.

En una entrevista con Montevideo Portal, la titular del Ministerio de Salud Pública, Cristina Lustemberg, repasó los principales avances de su gestión; reconoció las dificultades estructurales del sistema, y reflexionó sobre una gran paradoja: “No puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños no podamos tener el cruce de sistemas de información; la trazabilidad de ese niño desde antes de que nazca. Con la ley, el Estado asume la mayor responsabilidad en este tema y ordena para que estas situaciones como la que ahora estamos lamentando no lleguen a suceder”. Y aquí, Lustemberg coincide con una de mis reiteradas propuestas, como apuesta al futuro, que debería emprender nuestra sociedad. La trazabilidad humana.

Esa trazabilidad indispensable que le de seguridades a cada niño que nace en  nuestro país,  y al resto de la sociedad. A nuestros niños, desde antes de su nacimiento, y el posterior seguimiento; desde su origen, su hábitat, sus condiciones de vida, sus valores, su formación, y sus expectativas. Esta es la trazabilidad indispensable para el objetivo de la formación de buenos ciudadanos. Nada más acertado que la definición de la AGESIC (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y Conocimiento) sobre “trazabilidad”, (en este caso referido a servicios), pero que bien encierra el mismo concepto cambiando el objetivo “servicio” por el de” ser humano”.

“La trazabilidad hace referencia al proceso de seguir y registrar las distintas etapas y actividades asociadas a un “servicio” (¿ser humano?)  en línea a lo largo de su ciclo de vida -nos dice AGESIC - esto permite tener un historial detallado y transparente de cada acción, desde la solicitud inicial hasta la resolución final ( ) ..la trazabilidad es importante para asegurar la eficiencia, el control y la transparencia del proceso”.

Los uruguayos hemos sido exitosos, aplicando este concepto de la trazabilidad a uno de nuestros principales rubros de exportación; la ganadería, con el objetivo de cumplir con las más exigentes normas de calidad, impuestas por la comunidad internacional. ¿Por qué no aplicarla a nuestra generación de seres humanos? Ese proceso de seguir y registrar las distintas etapas y actividades asociadas, esta vez a un “niño” -en línea, a lo largo de su ciclo de vida. Porque, en definitiva, un niño nacido en el país, es más importante que 11 millones de vacunos, también nacidos en el país. Los vacunos, los reponemos fácil: ¡los herederos del conocimiento, el talento, y la riqueza humana que ellos puedan producir, es mucho más difícil! Y por ello, la trazabilidad humana entre nuestros compatriotas es vital para conocer a donde irán nuestras futuras generaciones.

Un niño es parte de la riqueza que puede producir un país; pues de él dependerá su futuro como nación. ¿Cómo no aplicarle entonces la indispensable trazabilidad para asegurarnos que su vida sea un buen pasaje, y una mejor contribución a la sociedad?  Y para que no termine siendo otra bestia humana, que avergüence nuestra humanidad.

 

Próximo artículo: “Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte”.