La Tercera Opinion
Monday, April 13, 2026
Saturday, April 11, 2026
Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte.
Coincido con la ministra Lustemberg, en que no puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños, no podamos tener el cruce de sistemas de información y la indispensable trazabilidad, de ese niño, desde antes de que nazca. Lamentablemente, y teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jonathan Correa, y el proceso de su seguimiento, durante sus 15 años de edad, condicionado desde antes de nacer a una vida de sufrimientos, era esperable este triste e inhumano acontecimiento.
Es cierto que, humanamente, no
podemos impedir estos nacimientos, casi que con
tragedia anunciada. También es cierto que, legalmente, no podemos
quitarle a una madre su hijo, previendo una vida arruinada desde antes de su
nacimiento. Por más cruel e injusto que sea, cada quien -pese a sus
limitaciones -tiene el derecho de asumir sus decisiones. Pero también su
responsabilidad. Tener un hijo es un regalo de la existencia humana, no de la
suerte. De cada ser que nace, allí donde sea, puede y debe resultar un
enriquecimiento para sí mismo, para su familia, y para el resto de la sociedad.
Quién no se sienta capaz -por las
razones que sean -de cumplir con este mandato sublime, debe pedir ayuda al Estado. Y a su vez el
Estado es responsable de hacerse cargo -de la forma que sea - de evitar las
crueles circunstancias derivadas de una paternidad -o maternidad -irresponsable
-que lleven al sufrimiento y posterior fallecimiento de un niño destinado,
naturalmente, a disfrutar de una vida digna y a ser útil para su comunidad.
Jonathan, ni siquiera tuvo la
oportunidad de enterarse de todo esto. Lo desechamos desde antes de su
nacimiento, y sin tener siquiera la oportunidad de conocer y decidir, si quería
quedarse a vivir entre nosotros. Sin tener el mínimo derecho a que alguien lo
quisiera, y lo defendiera. No; estaba predestinado a ser culpable de una
inequidad social, de la cual nunca tuvo
culpa, ¡y ni siquiera protagonismo!
Confieso que me duelen demasiado
estos casos, de seres humanos tan inhumanos, que no merecen seguir viviendo
dentro de nuestra sociedad. Porque son una mancha que no se quita, ni con la
cárcel, ni con el perdón y la supuesta recuperación, de quien ha sido -por
tanto tiempo -un depredador de su propia familia, y del resto de nuestra
sociedad.
Me duele Jonathan, como si fuera mi hijo. ¡El Estado debió intervenir mucho más! “A grandes males, grandes remedios”, es una frase hecha, que, en estos casos, es muy aplicable. Si en el caso de Jonathan, esa madre que vio y soportó, durante tanto tiempo la laceración de su hijo, a manos de su vergonzoso padre, un padre que ella eligió, hubiera elegido separar a su hijo de esa salvaje convivencia, entregándolo al Estado, mientras ella no pudiera hacerse cargo, hoy Jonathan, ese niño de 15 años, buen alumno, de mirada triste, estaría entre nosotros encaminado a ser, un ser humano feliz, y una promesa para su nación.
Sin duda esa pobre mujer
necesitaba ayuda para salir de esa brutal convivencia. No sabía cómo hacerlo.
El Estado, a su vez, conociendo la situación, debió asumir esa paternidad
destructiva, de quien nunca estuvo preparado para ser padre. Por las buenas, o
por las malas. Por la ley de la justicia, o incluso, en estos casos, por la ley
de la convivencia humana que exigía soluciones inmediatas, más allá de la
lentitud de la ley y la justicia. Nada
de esto funcionó. Y ese hermoso chiquilín, que además siempre defendió a su
pequeña hermana, tuvo el más aberrante fin, apenas comenzado su inicio.
Lo vuelvo a repetir; me duele
profundamente, la triste historia de Jonathan Correa, a quien nunca conocí,
pero es como si fuera uno más de mis cuatro hijos. Es inconcebible al día de
hoy, y con las experiencias vividas, que el “padre Estado”, no sea más padre
exigente y responsable de la vida o muerte de sus hijos, al par que es tan
dispendioso para beneficiar -indirectamente – a quienes no lo merecen, ¡y lo
destruyen todo! No sé, legalmente, las penas que les corresponden a unos
padres/bestia como el de Jonathan; yo asumo las extremas decisiones que se tomen
para separar -de una forma u otra -a estos depredadores sociales, del resto de
la sociedad.
Me duele Jonathan; me duele mucho
esta parte de nuestra sociedad uruguaya, que no ha logrado hacerse cargo de
esta responsabilidad. Te juro por Dios, Jonathan, allí donde estés, que si te
hubiéramos conocido, yo, mi familia, mis amigos, y hasta quienes comparten las
lecturas y locuras, en este medio de
relacionarnos todos, hubiéramos hecho lo imposible, por lograr lo que era
posible -y no lo hicieron -en esa familia que te parió, pero nunca te valoró.
Descansa en paz, por lo menos,
descansarás…de tanto trato inhumano.
Tuesday, April 07, 2026
¿Somos un país de bestias humanas?
“A Jonathan Correa lo mató su padre después de una de las tantas palizas que le daba de forma cotidiana”, nos relata “la diaria”, el 14 de marzo de 2026. “Esta vez la excusa fue que no había sacado de su casa a unos cachorros de perros pitbull que la familia criaba para aportar a sus menguados ingresos. La golpiza ocurrió antes de dormir y el fallecimiento se consumó durante la madrugada. Al constatarlo, el agresor –su propio padre– tiró el cuerpo del adolescente de 15 años a la cañada que corre por enfrente de la precaria casa de la calle costanera que tiene el nombre de Aurelia Viera.“Años de violencia, desigualdad, omisiones y descoordinación del Estado”, titula la diaria.
“Hay tantas lesiones internas que la forense
no pudo constatar bien dónde había iniciado el sangrado”, dice el informe leído en la audiencia de
imputación de su padre.
La Escuela Técnica de Flor de Maroñas, a la que Jonathan concurría, se había
percatado de la violencia y activó los protocolos de la Administración Nacional
de Educación Pública (ANEP) en noviembre. Según dijeron fuentes de la ANEP
a la diaria, al ver que la denuncia no había tenido tratamiento,
desde la UTU se había comenzado a monitorear la situación.
Y es primordialmente muy importante lo
que relata la diaria sobre el entorno y circunstancias dentro de las cuales se
crio Jonathan. Según pudo reconstruir la diaria con base en
testimonios de vecinos e integrantes de instituciones educativas del barrio, la
familia de Jonathan está atravesada por décadas de violencia y vulneraciones de
derechos. El clan tiene su origen en 15 hermanos, y una parte de la familia se
la ha pasado transitando entre la precariedad, la informalidad laboral y la
delincuencia.
En el caso de su padre, cuenta con
anotaciones penales desde los 12 años y fue denunciado dos veces por violencia
de género por la madre de Jonathan. En 2024, la última vez, cuando fue a buscar
a su hijo a la escuela estando visiblemente golpeada, desde el centro educativo
hablaron con ella y decidió hacer la denuncia. La Justicia dispuso medidas
cautelares por 180 días, ¡sin tobillera ni custodia policial!” Vecinos de la zona aseguran que la madre
estaba al tanto de lo que pasaba y que nunca detuvo las golpizas propinadas
a Jonathan por parte de su padre. Testigos aseguraron
que Jonathan solía ser golpeado por su padre y que, incluso, que se sentían los
gritos de auxilio por parte del menor. ¡Cuánta bestialidad!
¡Me avergüenza esto en mi país! Desde
hace doce años edito mensualmente un boletín titulado “Buenas Noticias
Uruguay”. Lo hago y distribuyo totalmente gratis para quien quiera recibirlo o
leerlo en mis redes sociales. Lo hago porque luego de regresar, viviendo 18
años en el exterior, me siento orgulloso de lo que ha logrado este país. ¡Pero
estas heridas, profundas, dolorosas, vergonzantes, me avergüenzan y me sumen en
la impotencia!
Todo el mundo lo sabía. La UTU, a la que concurría Jonathan, sabía lo que ocurría. La ANEP también lo sabía. Su madre y familiares lo sabían. Los vecinos y testigos circunstanciales, lo sabían. La justicia que dispuso medidas cautelares por 180 días, para su padre, sin tobillera ni custodia policial, también lo sabía. ¡Mucha gente lo sabía! Pero Jonathan, de 15 años, aquel chiquilín de mirada triste pero buen alumno, como lo definieron sus maestras, apareció muerto y reventado a golpes, en la cañada que corre frente a su precaria casa, asesinado por su propio padre. ¡Parece imposible tanta bestialidad humana! Me lo pregunto, y pregunto una vez más ¿en qué, donde, y por qué, estamos fallando tanto, como sociedad? ¿En un país que, en otros temas del desarrollo nacional, hemos avanzado tanto?
Tenemos
enormes beneficios sociales para los
cuales, increíblemente, un pequeño país que no dispone de ninguna de las
grandes riquezas naturales de otros países hermanos - petróleo, acero, aluminio, litio, etc. - ni
las famosas “tierras raras”, que tanto obsesionan al mundo de la tecnología, nos
las ingeniamos para redistribuir la riqueza producida por nosotros mismos,
gracias a la contribución de compatriotas y extranjeros, que apostamos al
esfuerzo humano, y sus posibilidades, como gran riqueza universal. En
definitiva, somos una “tierra rara”.
La trazabilidad humana
indispensable.
En una entrevista con Montevideo
Portal, la titular del Ministerio de Salud Pública, Cristina
Lustemberg, repasó los principales avances de su gestión; reconoció
las dificultades estructurales del sistema, y reflexionó sobre una gran
paradoja: “No puede ser que en un país donde nacen
tan pocos niños no podamos tener el cruce de sistemas de información; la
trazabilidad de ese niño desde antes de que nazca. Con la ley, el Estado asume la mayor
responsabilidad en este tema y ordena para que estas situaciones como la que
ahora estamos lamentando no lleguen a suceder”. Y aquí, Lustemberg coincide
con una de mis reiteradas propuestas, como apuesta al futuro, que debería
emprender nuestra sociedad. La trazabilidad humana.
Esa trazabilidad indispensable que
le de seguridades a cada niño que nace en nuestro país,
y al resto de la sociedad. A nuestros niños, desde antes de su
nacimiento, y el posterior seguimiento; desde su origen, su hábitat, sus
condiciones de vida, sus valores, su formación, y sus expectativas. Esta es la
trazabilidad indispensable para el objetivo de la formación de buenos
ciudadanos. Nada más acertado que la definición de la AGESIC (Agencia de
Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y Conocimiento) sobre “trazabilidad”,
(en este caso referido a servicios), pero que bien encierra el mismo concepto
cambiando el objetivo “servicio” por el de” ser humano”.
“La trazabilidad hace referencia al proceso de seguir y registrar las distintas etapas y
actividades asociadas a un “servicio” (¿ser humano?) en línea a lo largo de su ciclo de vida
-nos dice AGESIC - esto permite tener un historial detallado y transparente de
cada acción, desde la solicitud inicial hasta la resolución final ( ) ..la trazabilidad
es importante para asegurar la eficiencia, el control y la transparencia del
proceso”.
Los uruguayos hemos sido exitosos,
aplicando este concepto de la trazabilidad a uno de nuestros principales rubros
de exportación; la ganadería, con el objetivo de cumplir con las más exigentes
normas de calidad, impuestas por la comunidad internacional. ¿Por qué no
aplicarla a nuestra generación de seres humanos? Ese proceso de seguir y
registrar las distintas etapas y actividades asociadas, esta vez a un “niño” -en
línea, a lo largo de su ciclo de vida. Porque, en definitiva, un niño nacido en
el país, es más importante que 11 millones de vacunos, también nacidos en el
país. Los vacunos, los reponemos fácil: ¡los herederos del conocimiento, el
talento, y la riqueza humana que ellos puedan producir, es mucho más difícil! Y
por ello, la trazabilidad humana entre nuestros compatriotas es vital para
conocer a donde irán nuestras futuras generaciones.
Un niño es parte de la riqueza
que puede producir un país; pues de él dependerá su futuro como nación. ¿Cómo
no aplicarle entonces la indispensable trazabilidad para asegurarnos que su vida
sea un buen pasaje, y una mejor contribución a la sociedad? Y para que no termine siendo otra bestia
humana, que avergüence nuestra humanidad.
Próximo
artículo: “Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de
la suerte”.
Wednesday, April 01, 2026
Estados Unidos, el país decadente. “No es Trump. Es Estados Unidos”.
Estados Unidos está permitiendo, con la influencia de Israel, lo mismo que Chávez en Venezuela, con la influencia de Cuba. Israel ha empujado a Estados Unidos a librar guerras que sus ciudadanos nunca hubieran permitido. Cuba penetró, vergonzosamente, en Venezuela, la totalidad del estamento político, hasta el punto de que sus principales asesores en política, educación, seguridad nacional, y planes sociales, eran todos cubanos. Se asegura que durante la intervención militar de Estados Unidos en Caracas, para la sutil “extracción de Maduro y su mujer” del gobernó venezolano, murieron, por lo menos 32 cubanos.
Y
hoy, muchos ciudadanos que ayer vieron en Trump la férrea defensa del
nacionalismo norteamericano, hasta el punto de enamorar a millones de
votantes independientes, inmigrantes
residentes, latinos, afroamericanos, y otras varias naciones, a arriesgar su
elección, en aras de un mayor bienestar, ven con desolación, como, a pesar de
miles de millones de dólares y sacrificios, invertidos, hoy se les niegan sus
derechos sociales, y van a engrosar monumentales cifras para apoyar guerras,
invasiones, genocidios, y asesinatos en masa, contra la propia humanidad. Es
triste, muy triste la realidad humana de esta gran nación.
Chávez
en Venezuela, y sus seguidores posteriores, empobrecieron a su país paulatina y
pacientemente. Con una metástasis cancerosa que los iba consumiendo
lentamente. Y Donald Trump, el mayor
engaño norteamericano está haciendo lo mismo con su gran país, bajo un
marketinero y populista “Make América Great Again”, que en realidad se
transforma en un “Make Trump Great Again”. Es tan ridículo y payasesco todo
esto, que cuesta entender como ese país norteamericano no ha aprendido nada de
sus errores, y sigue las recetas que lo han avergonzado en las guerras contra
Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, y algunas otras.
Pero es que el problema no es de él; sino de
quienes, vergonzosamente, seguimos permitiendo -como dóciles corderos - que una
nación con 360 millones de habitantes, en manos de un descerebrado presidente,
siga perturbando y perjudicando a un universo humano de más de 8 billones, que
conformamos este planeta.
Estados Unidos,
el sirviente de Israel.
Algo
muy malo, está sucediendo. Y si no nos ponemos de acuerdo, seguirá sucediendo.
Trump está hundiendo a su país, económica y socialmente, y enemistándolo con el
resto del mundo. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que Israel
obligó a Estados Unidos a entrar en la guerra con Irán durante una entrevista
con la prensa. Explicó que el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín
Netanyahu, había acorralado a la administración Trump, quitándole la decisión a Estados Unidos.
Por
su parte el genocida Netanyahu afirmó que los ataques contra Irán se estaban
llevando a cabo con "la ayuda de Estados Unidos, de mi amigo, el
presidente estadounidense Donald Trump, y del ejército estadounidense".
Describió cómo la segunda guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en
menos de un año era algo que había estado fomentando durante décadas. "Esta
coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado durante 40 años...
Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos". Todo esto me huele
a podrido. Porque los grandes impulsores de todo esto, sin duda, están podridos
¡Y el olor es insoportable!
Y mientras Trump pide 200.000 millones más para la guerra en Irán, un reciente artículo publicado recientemente por la revista Fortune, alerta que el Tesoro estadounidense ¡acaba de decretar la insolvencia contable del país! El ex contralor general de EE. UU. entre 1998 y 2008, David M. Walker, en colaboración con Steve H. Hanker ((Universidad Johns Hopkins), aseguran que el Tesoro ha dejado una confesión a la vista de todos en sus estados financieros consolidados de 2025: ¡Estados Unidos es insolvente en términos contables! Los números son fríos y demoledores: ¡6,06 billones de dólares en activos frente a 47,78 billones en pasivos al 30 de setiembre de 2025!
Unión
Europea: ¿una servil y obediente aliada de Trump?
Mientras
tanto, recién ahora Europa está preocupada, porque este prestidigitador, mago,
ilusionista, psicópata, o lo que sea, los está acusando de cobardes, maricos, y
lo que sea, por no plegarse a su insensatez de acompañarlo, sacrificando sus
soldados, para ser reventados por los iraníes en el estrecho de Ormuz. ¡Qué
pelotudez! En una guerra que no es de ellos, y que la inventó él, y su
compinche Netanyahu. Pensar que este país fue, durante las guerras mundiales,
su paraguas y su sombrero. Y hoy los prepotea, aplicándoles aranceles
comerciales, insultos y descalificaciones, si no se apegan a su reverencia
personal.
Qué
triste para la gran Europa y sus grandes conquistas militares, culturales,
intelectuales, artísticas, y tanto más, ser hoy menospreciada por un
deshilvanado mental (comprobado) fraudulento, y estafador de su propia nación.
Pero es que Europa se durmió en laureles ajenos, y acomodó su zona de confort.
“Me están lamiendo el culo”, dice Trump, refiriéndose a las
negociaciones de su “fenomenal, única, impresionante y maravillosa política de
aranceles”, hoy, cuando gran parte de nuestro mundo occidental, e incluso
países demográficamente pequeños, como nuestro grande y pequeño Uruguay, se han
abierto atrevidamente, a competir con quien sea, y como sea.
Y
bueno, en algún momento, la humanidad tendrá que revisar, analizar, y juzgar
sus errores, cometidos a través de estas bestias. Y redefinir sus roles. Porque
por suerte, ellos son circunstanciales; pero evitemos que no se transformen en
existenciales. Y porque los derechos aceptados internacionalmente, y en su
momento, en la ONU, la OTAN, la OEA, y tantos otros, para ampararnos de los
grandes abusos entre nosotros mismos, no pueden depender, predominantemente, de
quienes, por pagar una mayor contribución económica para su mantenimiento, nos
abusan impunemente. ¡Sino para quienes aporten lo mejor de su humanidad, y sus
conocimientos!
Nota: recomiendo leer el artículo de la
periodista Lydia Polgreen, publicado el 27 de marzo de 2026 -The New York Times,
titulado “No es Trump, es Estados Unidos”. “Como muchos otros estadounidenses, en estos
tiempos sombríos he oscilado entre dos polos emocionales- asegura Polgreen - En
algunos momentos, me digo a mí misma que Donald Trump es una figura
singularmente malévola que se ha apoderado de hilos del poder que ningún
presidente anterior se había atrevido a tomar. El relato no detiene la
violencia estatal en las calles ni las operaciones militares ilegales en el
extranjero. Sin embargo, tiene su consuelo. Una vez que Trump desaparezca de
escena —como exigen las leyes de la naturaleza, si no las de la política— podrá
suceder algún tipo de restauración del proyecto democrático y constitucional
estadounidense”.
Tuesday, March 24, 2026
¡Menos revolución, y más alimentación!
“Abajo la dictadura de los Castro”, dicen en estos momentos los carteles pintados mano, y sobre cartones, en varias localidades de la hermana república de Cuba. Tras mas de 60 años de una prometedora revolución (de la cual yo también me enamoré en su momento) hoy, como dice el dicho, es lamentable “haber remado tanto, para morir en la orilla”. Y son una vergüenza los Castro y los Díaz Canel, que tanto han diezmado y empobrecido a la hermosa Cuba. Como también lo es, la famosa Revolución Bolivariana en Venezuela, iniciada por el Mesías Hugo Chávez, y seguido por su discípulo directo, el inepto y payasesco Nicolás Maduro, y su entorno familiar. Yo viví en carne propia los engaños de esta enorme estafa social.
En
un reciente reportaje en el diario El País, Yanitze, una venezolana, casada con
un uruguayo, que en 2018 transformó su casa en UruVene, una
asociación civil que entre muchas otras cosas les consigue a los migrantes,
donaciones de artículos para el hogar, nos aclara sobre los cubanos, que cada
día llegan más al Uruguay. “Llegan flacos”, afirma, y agrega que “lo
mismo afecta a los abuelos y a los niños pequeños que también están llegando; “uno
los ve y se da cuenta de que están con desnutrición”.
Lo
mismo ocurrió con mi gran amigo Jorge Haralambides, viviendo en Venezuela por
más de 50 años, quien decidió, hace unos pocos años atrás, junto con su esposa,
regresar al Uruguay, dado las miserables condiciones de vida que les ofrecía el
gobierno de Nicolás Maduro. Los dos volvieron tremendamente desnutridos, al
punto tal, ¡que ambos fallecieran apenas un año después de su llegada!
“En
la Cuba que hoy dejan por miles los cubanos, de distintas edades, que llegan a
Uruguay, hay poca disponibilidad de alimentos - sigue el relato- Los que se
encuentran, además de estar limitados son muy caros, y después está la
dificultad para poderlos cocinar. En los 90, Fidel Castro decidió que
las cocinas se conectaran a la corriente eléctrica. Pero hoy, con los
permanente apagones, resulta que no funcionan. Tampoco la refrigeración, y los
alimentos se pudren. Y además de todo, la falta de combustible restringió los
traslados. La comida, como el resto de
las cosas, no circula”.
El
hambre está por todos lados, pero cuanto más lejos de La Habana peor
es. A Frank León su madre le contó en una videollamada que en
un asilo los ancianos están comiendo plátano hervido y un pedazo de pan. Eso en
todo el día. Mucho más que expresar sus pensamientos, para Frank la libertad
“es comer lo que quieras comer, cuando lo quieras comer”.
La relación “amor-odio” entre Cuba/Estados unidos. En esto quedó la famosa y prometedora revolución Castrista, luego de más de 60 años, abusando y destratando, a sus conciudadanos. Podrán sentirse felices, entonces, aquellos cubanos que ya, desde el éxodo de Camarioca (octubre-noviembre 1965) aprovecharon la primera salida marítima masiva autorizada por el gobierno cubano de Fidel Castro (buscando aliviar tensiones internas y forzar a EE.UU. a organizar la emigración) y resultando en un puente marítimo que dio paso a los "Vuelos de la Libertad" (1965-1973), puente aéreo que llevó a más de 260,000 cubanos al exilio.
Y
también aquellos que luego protagonizaron el éxodo del Mariel, un movimiento en masa de cubanos, que
partieron del puerto Mariel, en Cuba, hacia los Estados
Unidos, entre el 15 de abril de 1980 y el 31 de octubre de 1980, y a
quienes se les conoce como los “marielitos”. Más de 125 mil cubanos
salieron por el puerto Mariel (aproximadamente el 1,3 % de la población
según censo de la Oficina Nacional de Estadísticas cubana, 1981), cifra que
superó el éxodo de Camarioca del año 1965.
Hoy,
más de 1.7 millones de cubanos se encuentran en el exterior, representando
cerca del 15% de la población. ¿Cuántos más serán, y cuántos cubanos quedarán
en Cuba, luego de esta vergonzosa inmigración? La inmigración cubana a
Uruguay alcanzó un récord histórico en 2025, convirtiéndose en la
principal nacionalidad que solicita cédulas uruguayas. Más de 22.000 cubanos
ingresaron en 2025, impulsados por la crisis económica en la isla y buscando
estabilidad en Uruguay, superando ampliamente a los inmigrantes de otras
nacionalidades.
Entre
Fidel y Donald Trump.
Debido a las olas migratoria, en su momento, la estrategia del gobierno cubano
fue advertir a los Estados Unidos, que la mayoría de
los disidentes eran” indeseables que habían sido considerados
como un peligro para la sociedad”. ¡Vaya! ¡Qué bien se hubieran entendido
Fidel Castro y Donald Trump, ya que este último usa los mismos términos, en su
brutal y despiadada política antimigratoria, acusándolos como «millones de
criminales, de terroristas, delincuentes» y «narcotraficantes»! ¿Qué tal?
Lamentablemente,
algunos hermanos latinoamericanos, con su ineptitud, su estúpido y cadavérico
dogmatismo, y sus negaciones hacia la apertura de un mundo distinto (sin duda
que imposiblemente peor) le estamos entregando el país, el hambre, las
necesidades, y hasta nuestra otrora hermosa dignidad nacional, a los caprichos
de un descerebrado, maniático, ególatra, y el peor presidente, de esos Estados Unidos,
a quienes hemos ayudado tanto para ser lo que es, pese a su estupidez.
Sunday, March 22, 2026
“Buenos muchachos”.
“Goodfellas” en inglés; “Buenos muchachos”, en español, es una película dramática, criminal estadounidense de 1990, dirigida por Martin Scorsese. Y está basada en un libro sobre hechos reales. La película sigue el ascenso y caída de tres icónicos delincuentes mafiosos, durante tres décadas. Es protagonizada por Ray Liotta, Robert De Niro, y Joe Pesci, entre otros.
Y
es que ahora estamos viviendo otra película de mafiosos. Se trata de que los
buenos muchachos, ayatolas de Irán, respondiendo a las agresiones de Estados
Unidos (llevado de las narices por Israel y su enloquecida ambición de
conquistar medio oriente) han resuelto no entregar su patrimonio nacional, a
los “buenos muchachos”, imperialistas y
genocidas, Donald Trump y Benjamín
Netanyahu. Los iraníes tienen, ya de por si, su abultada agenda de represiones,
ahorcamientos, lapidaciones, y asesinatos, contra su propio pueblo. Sin olvidar
las vejaciones a sus mujeres; madres, esposas, hijas, hermanas, amigas,
compatriotas, y todas aquellas que no escuden la supuesta vergüenza de su
identidad de género, tras unos vergonzantes velos, llamados “hiyab”.
Nunca
los pude entender; siempre me pareció algo absolutamente deleznable, dado mi
enorme respeto hacia las mujeres, desde nuestro mundo occidental. Aun así,
pretendo respetar sus creencias y su ideología, siempre y cuando ellos respeten
las nuestras. No soy quien, dentro de
los 8 billones de seres humanos, que hoy poblamos este universo, para
juzgarlos.
Pero
también me cuesta entender el genocidio humano emprendido por Israel, cuyo
pueblo hoy vive ¿vive?, despertando cada noche y cada día, entre las alarmas,
las amenazas, las bombas, los misiles, las agresiones, las venganzas, y las mil
y una reivindicaciones de sus -ayer amigos y hoy enemigos – palestinos (los
únicos que accedieron a cederle una parte de su territorio para establecerse
humanamente) y ahora sus enemigos iraníes, y varios otros que “irán cosechando”.
Israel se ha encargado de procrear, criar, y alimentar, a sus propios enemigos.
Ahora no luchan contra los alemanes que produjeron su holocausto; luchan contra
sus vecinos, los únicos que les ofrecieron un espacio para asentar su
identidad, luego del desprecio de una buena parte de la humanidad.
Un
reportaje internacional en CNC 24, y Fox News, a su vez, nos dice que “las
sirenas ya no se detienen en Tel Aviv, sólo hacen una pausa suficientemente
larga para que la gente salga de sus refugios, se sacuda el polvo del yeso de
la ropa, y se convenza de que quizá ha terminado antes de que la alarma vuelva
a sonar. En las últimas cuarenta y ocho horas, los residentes de la ciudad más
grande de Israel, han escuchado más de treinta ciclos separados de alarma, 30
veces las familias han agarrado a sus hijos, sus teléfonos, quizás sus zapatos,
y han descendido a habitaciones en concreto reforzadas contra las explosiones.
Treinta veces han esperado en silencio mientas los interceptores de la cúpula
de hierro trazan líneas naranjas, en el cielo sobre ellos”. Así vive pues, hoy,
el pueblo de Israel. ¿Y esto es vida?
Y me temo que esas sirenas que hoy mantienen
en vilo cotidiano al pueblo de Israel, ya no se detendrán por muchos años más.
O quizá, incluso, indefinidamente. Porque
cuanto más se crea, se fomenta, y se cultiva, el odio entre nuestros hermanos
humanos, mayor será la sed de venganza y las creaciones tecnológicas,
militares, y creativas, para eliminarnos entre nosotros mismos.
Y
detrás de todo esto hay un hombre. Un hombre que simultáneamente, mientras está
librando la campaña militar mas trascendente en la historia israelí, está
condenado -a su vez, -en un juicio por corrupción que lo ha seguido por más de
seis años en su país. ¡Y navegando con un cómplice presidente estadounidense,
que llama vergüenza a sus aliados, por no aprobarle rápidamente un indulto a su
compinche israelí! El corrupto israelí, se llama Benjamín Netanyahu.
Y
su cómplice, que sigue al pie de la letra las decisiones de su socio israelí,
es el presidente de la supuestamente mayor potencia mundial, que también
amenazó a Brasil, con imponer aranceles del 50%, en represalia por cómo se
trata a su simpatizante, el expresidente Bolsonaro, acusado por un intento de
golpe de Estado, se llama Donald Trump. ¡Buenos muchachos!
Un
buen muchacho. Donald
Trump, el socio servil de Netanyahu, ha sido condenado en su país, Estados
Unidos, por 34 cargos contra la moral y la leyes, por intentar manipular a su
favor una elección presidencial, por azuzar a unos inadaptados a tomar el
congreso, y condenado -junto a sus hijos -por un juez de Nueva York a pagar más de U$S 355 millones por fraude al Estado, inflando la valorización
de sus bienes en mas de un 2.000%, para lograr préstamos bancarios que lo han
oxigenado. ¡Un buen muchacho!
En
2017 el psicólogo John Garner recopilo más de 41000 firmas de profesionales de
la salud mental afirmando que Trump padecía una grave enfermedad mental y era psicológicamente
incapaz de desempeñar competentemente las funciones de la presidencia. Gartner
califico las discapacidades mentales de Trump como una mezcla de “narcisismo”,
“paranoia”, “sociopatía”, y “sadismo”. Mientras que la Dra. Bandy Lee, Psiquiatra
forense y social, experta mundial en violencia, publicó The Dangerous Case
of Donald Trump:37 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un
presidente".
Los
profesionales argumentaron que los problemas del presidente afectaban la salud
mental de la población estadounidense, y que ponía al país en grave riesgo de
guerra debido a sus rasgos patológicos. “Estamos profundamente preocupados
por el curso natural de esta presidencia, y cada día que pasa es una progresión
de peligro en muchos niveles”. “De hecho - afirmaba la Dra. Lee - mi
preocupación es que ya estamos presenciando un nuevo aspecto del estado mental
del Presidente, especialmente a medida que la frecuencia de sus mentiras
aumenta y el fervor de sus presentaciones públicas se intensifica”. ¡Y este
es el presidente, una vez más, de los poderosos Estados Unidos!
Otro
buen muchacho. Netanyahu,
a su vez, lleva en su país un juicio por corrupción desde 2020, y tres cargos
separados, soborno, fraude, y abuso de confianza. Además, en noviembre de 2024,
Jueces de la Corte Penal Internacional (CPI) emitieron órdenes de arresto
contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu,
su anterior ministro de Defensa Yoav Gallant, y contra Mohammed
Deif, un comandante militar de Hamás (supuestamente muerto.) Los jueces de
la CPI dicen que encontraron evidencia "razonable” para afirmar que los
tres son responsables de presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la
humanidad que habrían sido cometidos durante la guerra entre Israel y Hamás.
El
tercer buen muchacho.
Mohammed Deif, y Hamás, representan la furia extrema de una nación agredida, tras
oscuros conflictos de intereses regionales. Asesinaron a más de 1.200 hombres,
mujeres y niños inocentes, incluyendo a 46 estadounidenses, en uno de los
ataques terroristas más despiadado de la historia de Israel. Además de estos
asesinatos, Hamás tomó a 254 rehenes, entre ellos 12 estadounidenses. Por ello
es parte de los “buenos muchachos”, de esta nueva película.
Película cuyo
fin es impredecible; y más impredecible aun, su legado de odio y destrucción, dejando
a millones de seres humanos a la
intemperie, con hambre, y deseos de venganza.
Wednesday, March 04, 2026
Ustedes se lo buscaron.
Es cierto, si, y me niego a ignorarlo, que cada país tiene la potestad soberana de decidir su destino. Pero también es cierto, y así lo determina la imperfecta pero insuperable -hasta ahora -democracia, que cada sociedad humana tiene el derecho a ser escuchada, interpretada, y respetada, en sus expresiones y en sus decisiones. Algo que no ocurre, por cierto, en nuestra hermana república de Cuba.
Y
ustedes me peguntarán ¿por qué importa la realidad cubana, si ellos la han
digerido y asimilado por más de 60 años? Bueno, es que, según la RAE, WordRefrence.com,
y otros, Digerir, es sinónimo de asimilar, nutrir, deglutir. Sus antónimos
son indigestarse, asumir, comprender. Rechazar. También refieren
a sufrir o llevar con paciencia una desgracia o una ofensa.
Y
bueno, yo creo que, dentro de toda esta terminología, está encerrada la razón
de ser y existir del pueblo cubano a lo largo de sus últimas seis décadas.
Ellos, una isla pequeña y sin mayores defensas armadas ni grandes recursos
militares, tuvieron que sufrir, digerir, y asimilar, todo el proceso; desde ser
un refugio para la corrupción, la delincuencia mayor, el juego y la
prostitución, fomentada por delincuentes de” cuello blanco”, nacionales e
importados, hasta una indignada revolución.
Todo
el mundo llevaba sus sucios negocios a Cuba. Humillando a los cubanos, frente a
si mismos, y ante el resto de la comunidad mundial. Por ello, la razón de ser
de la revolución Castrista, trataba, en principio, de recuperar la dignidad
nacional, como sociedad, en manos de un dictador complaciente y unos cómplices socios,
indecentes. Y por ello, en su momento, su reivindicación fue un modelo que
revolucionó las desgastadas estructuras socioeconómicas que favorecían
únicamente, a los depredadores sociales de todo el continente. Pero pasó, lo
que no debió pasar. Esos famosos liberadores de la dictadura y la opresión se
transformaron, ellos mismos, en la nueva dictadura, y una nueva sumisión.
Cuando ya se les acababa la miel del dulce
encanto psicológico de la revolución -admirada a su vez, por buena parte de los
hermanos de su región – y había que mostrar beneficios concretos hacia la
población, comenzaron a montar la defensa contra sus propios compatriotas, y contra
cualquier contrarrevolución -también ideológica -que pudiera removerlos de su
zona de confort. Y fracasaron, una vez más fracasaron, con su nuevo paradigma excluyente,
en lugar del prometido, y más incluyente. La ambición personal, de protagonismo
y poder, se convirtió en un proceso de autofagia, alimentado por la destrucción
de su propio ser.
Pero ¿es lógico, humanamente, que un
grupo de no más de cuatro de sus ciudadanos, decidan de por vida, los sueños,
las esperanzas, las ambiciones, las posibilidades y las oportunidades de crecimiento
y superación, de una enorme mayoría de millones de ciudadanos que despiertan y
quieren reivindicar sus derechos? ¿Y que para ello concienticen y moneticen, a
una gran parte de sus ciudadanos a enfrentarse militarmente armados, a sus
propias familias, amigos, y conciudadanos?
Y esto ha sucedido, tanto en
nuestra hermosa hermana Venezuela, como también -desde ya hace más de 60 años, en
nuestra ya desgastada, cansada, aprisionada, destruida, e ignorada, sociedad
cubana.
Pienso que aquí está, una vez más, la
interminable diatriba de la soberanía de los pueblos. Si unos dirigentes
coyunturales - elegidos en su momento ante los escasos beneficios de una
anterior administración – abusan de los derechos legales, corrompiendo a parte
de su población, para impedir la soberana expresión, esto es un atentado a la
propia identidad. ¡Y una disminución de su dignidad nacional! Claro; me dirán, y es cierto, que, en, en
última instancia, todo esto se debe a decisiones erradas, o no, de sus propios
pueblos soberanos. Lo cual no justifica el abuso de poder, de quienes han sido
depositarios de la confianza de su gente. Y la han engañado, una y otra vez.
Recordemos, entonces, las sabias
palabras del maestro venezolano Simón Rodríguez, a quien mucho admiro, bautizado
en su momento como párvulo expósito, (hijo de nadie) pero que ha sido
considerado el más cuerdo hijo de la América hispánica. Maestro, incluso del
gran Simón Bolívar, cuando advertía: «Alborotar a un pueblo por
sorpresa, o seducirlo con promesas, es fácil; constituirlo es muy difícil: por
un motivo cualquiera se puede emprender lo primero; en las medidas que se tomen
para lo segundo se descubre si en el alboroto o en la seducción hubo proyecto, y
el proyecto es el que honra o deshonra los procedimientos; donde no hay
proyecto no hay mérito”. “Huid del país donde uno solo ejerce
todos los poderes: es un país de esclavos,” agregaba. ¡Qué gran profecía!
En castigo a su cordura, a Simón
Rodríguez lo llamaban El Loco. Él decía que nuestros países no son libres,
aunque tengan himno y bandera, porque libres son quienes crean, no quienes
copian, y libres son quienes piensan, no quienes obedecen. Enseñar, decía El
Loco, es enseñar a dudar”. ¡Lo admiro! Cuando se desgasta y empobrece suficientemente
a una sociedad, y no se le permite su más elemental derecho a expresar su
voluntad, cualquier exabrupto legal, o aún inconstitucional, originado desde
afuera, puede ser celebrado como un adelanto hacia su liberación”.
Y esto es lo que ha sucedido hoy, con
la invasión del descerebrado presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en
Venezuela. No quisieron creer en las denuncias y advertencias de nuestros
representantes en nuestra regional OEA (Organización de Estados Americanos), ni
en la ONU (Naciones Unidas), ni en los informes sobre violación de derechos
humanos y abusos en la Corte Internacional Penal. Y entonces hoy, ¿con que
derechos se golpean el pecho, frente a la supuesta liberación por parte de un país
que ha sido la vergüenza de nuestra americana sociedad?
Estados Unidos de Norteamérica nunca
fue un gran amigo de América Latina; siempre fue un aprovechador, de las
circunstancias que lo pudieran favorecer. Como en tantas partes del mundo. Pero
los revolucionarios chavistas, y los legendarios frustrados socialistas
cubanos, hoy pagan el precio por denigrar y empobrecer a sus conciudadanos. Hoy
fue Venezuela; mañana será Cuba. Y muchos más lo van a festejar. ¡Ustedes se lo
buscaron! ¡Lo que no pudieron ganar desconociendo, o prohibiendo, las elecciones
internas entre sus ciudadanos, hoy lo van a pagar a
través de quienes ni siquiera les interesa su identidad como país soberano!











