La Tercera Opinion
Thursday, April 16, 2026
Tuesday, April 14, 2026
Monday, April 13, 2026
Saturday, April 11, 2026
Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte.
Coincido con la ministra Lustemberg, en que no puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños, no podamos tener el cruce de sistemas de información y la indispensable trazabilidad, de ese niño, desde antes de que nazca. Lamentablemente, y teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jonathan Correa, y el proceso de su seguimiento, durante sus 15 años de edad, condicionado desde antes de nacer a una vida de sufrimientos, era esperable este triste e inhumano acontecimiento.
Es cierto que, humanamente, no
podemos impedir estos nacimientos, casi que con
tragedia anunciada. También es cierto que, legalmente, no podemos
quitarle a una madre su hijo, previendo una vida arruinada desde antes de su
nacimiento. Por más cruel e injusto que sea, cada quien -pese a sus
limitaciones -tiene el derecho de asumir sus decisiones. Pero también su
responsabilidad. Tener un hijo es un regalo de la existencia humana, no de la
suerte. De cada ser que nace, allí donde sea, puede y debe resultar un
enriquecimiento para sí mismo, para su familia, y para el resto de la sociedad.
Quién no se sienta capaz -por las
razones que sean -de cumplir con este mandato sublime, debe pedir ayuda al Estado. Y a su vez el
Estado es responsable de hacerse cargo -de la forma que sea - de evitar las
crueles circunstancias derivadas de una paternidad -o maternidad -irresponsable
-que lleven al sufrimiento y posterior fallecimiento de un niño destinado,
naturalmente, a disfrutar de una vida digna y a ser útil para su comunidad.
Jonathan, ni siquiera tuvo la
oportunidad de enterarse de todo esto. Lo desechamos desde antes de su
nacimiento, y sin tener siquiera la oportunidad de conocer y decidir, si quería
quedarse a vivir entre nosotros. Sin tener el mínimo derecho a que alguien lo
quisiera, y lo defendiera. No; estaba predestinado a ser culpable de una
inequidad social, de la cual nunca tuvo
culpa, ¡y ni siquiera protagonismo!
Confieso que me duelen demasiado
estos casos, de seres humanos tan inhumanos, que no merecen seguir viviendo
dentro de nuestra sociedad. Porque son una mancha que no se quita, ni con la
cárcel, ni con el perdón y la supuesta recuperación, de quien ha sido -por
tanto tiempo -un depredador de su propia familia, y del resto de nuestra
sociedad.
Me duele Jonathan, como si fuera mi hijo. ¡El Estado debió intervenir mucho más! “A grandes males, grandes remedios”, es una frase hecha, que, en estos casos, es muy aplicable. Si en el caso de Jonathan, esa madre que vio y soportó, durante tanto tiempo la laceración de su hijo, a manos de su vergonzoso padre, un padre que ella eligió, hubiera elegido separar a su hijo de esa salvaje convivencia, entregándolo al Estado, mientras ella no pudiera hacerse cargo, hoy Jonathan, ese niño de 15 años, buen alumno, de mirada triste, estaría entre nosotros encaminado a ser, un ser humano feliz, y una promesa para su nación.
Sin duda esa pobre mujer
necesitaba ayuda para salir de esa brutal convivencia. No sabía cómo hacerlo.
El Estado, a su vez, conociendo la situación, debió asumir esa paternidad
destructiva, de quien nunca estuvo preparado para ser padre. Por las buenas, o
por las malas. Por la ley de la justicia, o incluso, en estos casos, por la ley
de la convivencia humana que exigía soluciones inmediatas, más allá de la
lentitud de la ley y la justicia. Nada
de esto funcionó. Y ese hermoso chiquilín, que además siempre defendió a su
pequeña hermana, tuvo el más aberrante fin, apenas comenzado su inicio.
Lo vuelvo a repetir; me duele
profundamente, la triste historia de Jonathan Correa, a quien nunca conocí,
pero es como si fuera uno más de mis cuatro hijos. Es inconcebible al día de
hoy, y con las experiencias vividas, que el “padre Estado”, no sea más padre
exigente y responsable de la vida o muerte de sus hijos, al par que es tan
dispendioso para beneficiar -indirectamente – a quienes no lo merecen, ¡y lo
destruyen todo! No sé, legalmente, las penas que les corresponden a unos
padres/bestia como el de Jonathan; yo asumo las extremas decisiones que se tomen
para separar -de una forma u otra -a estos depredadores sociales, del resto de
la sociedad.
Me duele Jonathan; me duele mucho
esta parte de nuestra sociedad uruguaya, que no ha logrado hacerse cargo de
esta responsabilidad. Te juro por Dios, Jonathan, allí donde estés, que si te
hubiéramos conocido, yo, mi familia, mis amigos, y hasta quienes comparten las
lecturas y locuras, en este medio de
relacionarnos todos, hubiéramos hecho lo imposible, por lograr lo que era
posible -y no lo hicieron -en esa familia que te parió, pero nunca te valoró.
Descansa en paz, por lo menos,
descansarás…de tanto trato inhumano.
Tuesday, April 07, 2026
¿Somos un país de bestias humanas?
“A Jonathan Correa lo mató su padre después de una de las tantas palizas que le daba de forma cotidiana”, nos relata “la diaria”, el 14 de marzo de 2026. “Esta vez la excusa fue que no había sacado de su casa a unos cachorros de perros pitbull que la familia criaba para aportar a sus menguados ingresos. La golpiza ocurrió antes de dormir y el fallecimiento se consumó durante la madrugada. Al constatarlo, el agresor –su propio padre– tiró el cuerpo del adolescente de 15 años a la cañada que corre por enfrente de la precaria casa de la calle costanera que tiene el nombre de Aurelia Viera.“Años de violencia, desigualdad, omisiones y descoordinación del Estado”, titula la diaria.
“Hay tantas lesiones internas que la forense
no pudo constatar bien dónde había iniciado el sangrado”, dice el informe leído en la audiencia de
imputación de su padre.
La Escuela Técnica de Flor de Maroñas, a la que Jonathan concurría, se había
percatado de la violencia y activó los protocolos de la Administración Nacional
de Educación Pública (ANEP) en noviembre. Según dijeron fuentes de la ANEP
a la diaria, al ver que la denuncia no había tenido tratamiento,
desde la UTU se había comenzado a monitorear la situación.
Y es primordialmente muy importante lo
que relata la diaria sobre el entorno y circunstancias dentro de las cuales se
crio Jonathan. Según pudo reconstruir la diaria con base en
testimonios de vecinos e integrantes de instituciones educativas del barrio, la
familia de Jonathan está atravesada por décadas de violencia y vulneraciones de
derechos. El clan tiene su origen en 15 hermanos, y una parte de la familia se
la ha pasado transitando entre la precariedad, la informalidad laboral y la
delincuencia.
En el caso de su padre, cuenta con
anotaciones penales desde los 12 años y fue denunciado dos veces por violencia
de género por la madre de Jonathan. En 2024, la última vez, cuando fue a buscar
a su hijo a la escuela estando visiblemente golpeada, desde el centro educativo
hablaron con ella y decidió hacer la denuncia. La Justicia dispuso medidas
cautelares por 180 días, ¡sin tobillera ni custodia policial!” Vecinos de la zona aseguran que la madre
estaba al tanto de lo que pasaba y que nunca detuvo las golpizas propinadas
a Jonathan por parte de su padre. Testigos aseguraron
que Jonathan solía ser golpeado por su padre y que, incluso, que se sentían los
gritos de auxilio por parte del menor. ¡Cuánta bestialidad!
¡Me avergüenza esto en mi país! Desde
hace doce años edito mensualmente un boletín titulado “Buenas Noticias
Uruguay”. Lo hago y distribuyo totalmente gratis para quien quiera recibirlo o
leerlo en mis redes sociales. Lo hago porque luego de regresar, viviendo 18
años en el exterior, me siento orgulloso de lo que ha logrado este país. ¡Pero
estas heridas, profundas, dolorosas, vergonzantes, me avergüenzan y me sumen en
la impotencia!
Todo el mundo lo sabía. La UTU, a la que concurría Jonathan, sabía lo que ocurría. La ANEP también lo sabía. Su madre y familiares lo sabían. Los vecinos y testigos circunstanciales, lo sabían. La justicia que dispuso medidas cautelares por 180 días, para su padre, sin tobillera ni custodia policial, también lo sabía. ¡Mucha gente lo sabía! Pero Jonathan, de 15 años, aquel chiquilín de mirada triste pero buen alumno, como lo definieron sus maestras, apareció muerto y reventado a golpes, en la cañada que corre frente a su precaria casa, asesinado por su propio padre. ¡Parece imposible tanta bestialidad humana! Me lo pregunto, y pregunto una vez más ¿en qué, donde, y por qué, estamos fallando tanto, como sociedad? ¿En un país que, en otros temas del desarrollo nacional, hemos avanzado tanto?
Tenemos
enormes beneficios sociales para los
cuales, increíblemente, un pequeño país que no dispone de ninguna de las
grandes riquezas naturales de otros países hermanos - petróleo, acero, aluminio, litio, etc. - ni
las famosas “tierras raras”, que tanto obsesionan al mundo de la tecnología, nos
las ingeniamos para redistribuir la riqueza producida por nosotros mismos,
gracias a la contribución de compatriotas y extranjeros, que apostamos al
esfuerzo humano, y sus posibilidades, como gran riqueza universal. En
definitiva, somos una “tierra rara”.
La trazabilidad humana
indispensable.
En una entrevista con Montevideo
Portal, la titular del Ministerio de Salud Pública, Cristina
Lustemberg, repasó los principales avances de su gestión; reconoció
las dificultades estructurales del sistema, y reflexionó sobre una gran
paradoja: “No puede ser que en un país donde nacen
tan pocos niños no podamos tener el cruce de sistemas de información; la
trazabilidad de ese niño desde antes de que nazca. Con la ley, el Estado asume la mayor
responsabilidad en este tema y ordena para que estas situaciones como la que
ahora estamos lamentando no lleguen a suceder”. Y aquí, Lustemberg coincide
con una de mis reiteradas propuestas, como apuesta al futuro, que debería
emprender nuestra sociedad. La trazabilidad humana.
Esa trazabilidad indispensable que
le de seguridades a cada niño que nace en nuestro país,
y al resto de la sociedad. A nuestros niños, desde antes de su
nacimiento, y el posterior seguimiento; desde su origen, su hábitat, sus
condiciones de vida, sus valores, su formación, y sus expectativas. Esta es la
trazabilidad indispensable para el objetivo de la formación de buenos
ciudadanos. Nada más acertado que la definición de la AGESIC (Agencia de
Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y Conocimiento) sobre “trazabilidad”,
(en este caso referido a servicios), pero que bien encierra el mismo concepto
cambiando el objetivo “servicio” por el de” ser humano”.
“La trazabilidad hace referencia al proceso de seguir y registrar las distintas etapas y
actividades asociadas a un “servicio” (¿ser humano?) en línea a lo largo de su ciclo de vida
-nos dice AGESIC - esto permite tener un historial detallado y transparente de
cada acción, desde la solicitud inicial hasta la resolución final ( ) ..la trazabilidad
es importante para asegurar la eficiencia, el control y la transparencia del
proceso”.
Los uruguayos hemos sido exitosos,
aplicando este concepto de la trazabilidad a uno de nuestros principales rubros
de exportación; la ganadería, con el objetivo de cumplir con las más exigentes
normas de calidad, impuestas por la comunidad internacional. ¿Por qué no
aplicarla a nuestra generación de seres humanos? Ese proceso de seguir y
registrar las distintas etapas y actividades asociadas, esta vez a un “niño” -en
línea, a lo largo de su ciclo de vida. Porque, en definitiva, un niño nacido en
el país, es más importante que 11 millones de vacunos, también nacidos en el
país. Los vacunos, los reponemos fácil: ¡los herederos del conocimiento, el
talento, y la riqueza humana que ellos puedan producir, es mucho más difícil! Y
por ello, la trazabilidad humana entre nuestros compatriotas es vital para
conocer a donde irán nuestras futuras generaciones.
Un niño es parte de la riqueza
que puede producir un país; pues de él dependerá su futuro como nación. ¿Cómo
no aplicarle entonces la indispensable trazabilidad para asegurarnos que su vida
sea un buen pasaje, y una mejor contribución a la sociedad? Y para que no termine siendo otra bestia
humana, que avergüence nuestra humanidad.
Próximo
artículo: “Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de
la suerte”.
Wednesday, April 01, 2026
Estados Unidos, el país decadente. “No es Trump. Es Estados Unidos”.
Estados Unidos está permitiendo, con la influencia de Israel, lo mismo que Chávez en Venezuela, con la influencia de Cuba. Israel ha empujado a Estados Unidos a librar guerras que sus ciudadanos nunca hubieran permitido. Cuba penetró, vergonzosamente, en Venezuela, la totalidad del estamento político, hasta el punto de que sus principales asesores en política, educación, seguridad nacional, y planes sociales, eran todos cubanos. Se asegura que durante la intervención militar de Estados Unidos en Caracas, para la sutil “extracción de Maduro y su mujer” del gobernó venezolano, murieron, por lo menos 32 cubanos.
Y
hoy, muchos ciudadanos que ayer vieron en Trump la férrea defensa del
nacionalismo norteamericano, hasta el punto de enamorar a millones de
votantes independientes, inmigrantes
residentes, latinos, afroamericanos, y otras varias naciones, a arriesgar su
elección, en aras de un mayor bienestar, ven con desolación, como, a pesar de
miles de millones de dólares y sacrificios, invertidos, hoy se les niegan sus
derechos sociales, y van a engrosar monumentales cifras para apoyar guerras,
invasiones, genocidios, y asesinatos en masa, contra la propia humanidad. Es
triste, muy triste la realidad humana de esta gran nación.
Chávez
en Venezuela, y sus seguidores posteriores, empobrecieron a su país paulatina y
pacientemente. Con una metástasis cancerosa que los iba consumiendo
lentamente. Y Donald Trump, el mayor
engaño norteamericano está haciendo lo mismo con su gran país, bajo un
marketinero y populista “Make América Great Again”, que en realidad se
transforma en un “Make Trump Great Again”. Es tan ridículo y payasesco todo
esto, que cuesta entender como ese país norteamericano no ha aprendido nada de
sus errores, y sigue las recetas que lo han avergonzado en las guerras contra
Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, y algunas otras.
Pero es que el problema no es de él; sino de
quienes, vergonzosamente, seguimos permitiendo -como dóciles corderos - que una
nación con 360 millones de habitantes, en manos de un descerebrado presidente,
siga perturbando y perjudicando a un universo humano de más de 8 billones, que
conformamos este planeta.
Estados Unidos,
el sirviente de Israel.
Algo
muy malo, está sucediendo. Y si no nos ponemos de acuerdo, seguirá sucediendo.
Trump está hundiendo a su país, económica y socialmente, y enemistándolo con el
resto del mundo. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que Israel
obligó a Estados Unidos a entrar en la guerra con Irán durante una entrevista
con la prensa. Explicó que el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín
Netanyahu, había acorralado a la administración Trump, quitándole la decisión a Estados Unidos.
Por
su parte el genocida Netanyahu afirmó que los ataques contra Irán se estaban
llevando a cabo con "la ayuda de Estados Unidos, de mi amigo, el
presidente estadounidense Donald Trump, y del ejército estadounidense".
Describió cómo la segunda guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en
menos de un año era algo que había estado fomentando durante décadas. "Esta
coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado durante 40 años...
Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos". Todo esto me huele
a podrido. Porque los grandes impulsores de todo esto, sin duda, están podridos
¡Y el olor es insoportable!
Y mientras Trump pide 200.000 millones más para la guerra en Irán, un reciente artículo publicado recientemente por la revista Fortune, alerta que el Tesoro estadounidense ¡acaba de decretar la insolvencia contable del país! El ex contralor general de EE. UU. entre 1998 y 2008, David M. Walker, en colaboración con Steve H. Hanker ((Universidad Johns Hopkins), aseguran que el Tesoro ha dejado una confesión a la vista de todos en sus estados financieros consolidados de 2025: ¡Estados Unidos es insolvente en términos contables! Los números son fríos y demoledores: ¡6,06 billones de dólares en activos frente a 47,78 billones en pasivos al 30 de setiembre de 2025!
Unión
Europea: ¿una servil y obediente aliada de Trump?
Mientras
tanto, recién ahora Europa está preocupada, porque este prestidigitador, mago,
ilusionista, psicópata, o lo que sea, los está acusando de cobardes, maricos, y
lo que sea, por no plegarse a su insensatez de acompañarlo, sacrificando sus
soldados, para ser reventados por los iraníes en el estrecho de Ormuz. ¡Qué
pelotudez! En una guerra que no es de ellos, y que la inventó él, y su
compinche Netanyahu. Pensar que este país fue, durante las guerras mundiales,
su paraguas y su sombrero. Y hoy los prepotea, aplicándoles aranceles
comerciales, insultos y descalificaciones, si no se apegan a su reverencia
personal.
Qué
triste para la gran Europa y sus grandes conquistas militares, culturales,
intelectuales, artísticas, y tanto más, ser hoy menospreciada por un
deshilvanado mental (comprobado) fraudulento, y estafador de su propia nación.
Pero es que Europa se durmió en laureles ajenos, y acomodó su zona de confort.
“Me están lamiendo el culo”, dice Trump, refiriéndose a las
negociaciones de su “fenomenal, única, impresionante y maravillosa política de
aranceles”, hoy, cuando gran parte de nuestro mundo occidental, e incluso
países demográficamente pequeños, como nuestro grande y pequeño Uruguay, se han
abierto atrevidamente, a competir con quien sea, y como sea.
Y
bueno, en algún momento, la humanidad tendrá que revisar, analizar, y juzgar
sus errores, cometidos a través de estas bestias. Y redefinir sus roles. Porque
por suerte, ellos son circunstanciales; pero evitemos que no se transformen en
existenciales. Y porque los derechos aceptados internacionalmente, y en su
momento, en la ONU, la OTAN, la OEA, y tantos otros, para ampararnos de los
grandes abusos entre nosotros mismos, no pueden depender, predominantemente, de
quienes, por pagar una mayor contribución económica para su mantenimiento, nos
abusan impunemente. ¡Sino para quienes aporten lo mejor de su humanidad, y sus
conocimientos!
Nota: recomiendo leer el artículo de la
periodista Lydia Polgreen, publicado el 27 de marzo de 2026 -The New York Times,
titulado “No es Trump, es Estados Unidos”. “Como muchos otros estadounidenses, en estos
tiempos sombríos he oscilado entre dos polos emocionales- asegura Polgreen - En
algunos momentos, me digo a mí misma que Donald Trump es una figura
singularmente malévola que se ha apoderado de hilos del poder que ningún
presidente anterior se había atrevido a tomar. El relato no detiene la
violencia estatal en las calles ni las operaciones militares ilegales en el
extranjero. Sin embargo, tiene su consuelo. Una vez que Trump desaparezca de
escena —como exigen las leyes de la naturaleza, si no las de la política— podrá
suceder algún tipo de restauración del proyecto democrático y constitucional
estadounidense”.
Tuesday, March 24, 2026
¡Menos revolución, y más alimentación!
“Abajo la dictadura de los Castro”, dicen en estos momentos los carteles pintados mano, y sobre cartones, en varias localidades de la hermana república de Cuba. Tras mas de 60 años de una prometedora revolución (de la cual yo también me enamoré en su momento) hoy, como dice el dicho, es lamentable “haber remado tanto, para morir en la orilla”. Y son una vergüenza los Castro y los Díaz Canel, que tanto han diezmado y empobrecido a la hermosa Cuba. Como también lo es, la famosa Revolución Bolivariana en Venezuela, iniciada por el Mesías Hugo Chávez, y seguido por su discípulo directo, el inepto y payasesco Nicolás Maduro, y su entorno familiar. Yo viví en carne propia los engaños de esta enorme estafa social.
En
un reciente reportaje en el diario El País, Yanitze, una venezolana, casada con
un uruguayo, que en 2018 transformó su casa en UruVene, una
asociación civil que entre muchas otras cosas les consigue a los migrantes,
donaciones de artículos para el hogar, nos aclara sobre los cubanos, que cada
día llegan más al Uruguay. “Llegan flacos”, afirma, y agrega que “lo
mismo afecta a los abuelos y a los niños pequeños que también están llegando; “uno
los ve y se da cuenta de que están con desnutrición”.
Lo
mismo ocurrió con mi gran amigo Jorge Haralambides, viviendo en Venezuela por
más de 50 años, quien decidió, hace unos pocos años atrás, junto con su esposa,
regresar al Uruguay, dado las miserables condiciones de vida que les ofrecía el
gobierno de Nicolás Maduro. Los dos volvieron tremendamente desnutridos, al
punto tal, ¡que ambos fallecieran apenas un año después de su llegada!
“En
la Cuba que hoy dejan por miles los cubanos, de distintas edades, que llegan a
Uruguay, hay poca disponibilidad de alimentos - sigue el relato- Los que se
encuentran, además de estar limitados son muy caros, y después está la
dificultad para poderlos cocinar. En los 90, Fidel Castro decidió que
las cocinas se conectaran a la corriente eléctrica. Pero hoy, con los
permanente apagones, resulta que no funcionan. Tampoco la refrigeración, y los
alimentos se pudren. Y además de todo, la falta de combustible restringió los
traslados. La comida, como el resto de
las cosas, no circula”.
El
hambre está por todos lados, pero cuanto más lejos de La Habana peor
es. A Frank León su madre le contó en una videollamada que en
un asilo los ancianos están comiendo plátano hervido y un pedazo de pan. Eso en
todo el día. Mucho más que expresar sus pensamientos, para Frank la libertad
“es comer lo que quieras comer, cuando lo quieras comer”.
La relación “amor-odio” entre Cuba/Estados unidos. En esto quedó la famosa y prometedora revolución Castrista, luego de más de 60 años, abusando y destratando, a sus conciudadanos. Podrán sentirse felices, entonces, aquellos cubanos que ya, desde el éxodo de Camarioca (octubre-noviembre 1965) aprovecharon la primera salida marítima masiva autorizada por el gobierno cubano de Fidel Castro (buscando aliviar tensiones internas y forzar a EE.UU. a organizar la emigración) y resultando en un puente marítimo que dio paso a los "Vuelos de la Libertad" (1965-1973), puente aéreo que llevó a más de 260,000 cubanos al exilio.
Y
también aquellos que luego protagonizaron el éxodo del Mariel, un movimiento en masa de cubanos, que
partieron del puerto Mariel, en Cuba, hacia los Estados
Unidos, entre el 15 de abril de 1980 y el 31 de octubre de 1980, y a
quienes se les conoce como los “marielitos”. Más de 125 mil cubanos
salieron por el puerto Mariel (aproximadamente el 1,3 % de la población
según censo de la Oficina Nacional de Estadísticas cubana, 1981), cifra que
superó el éxodo de Camarioca del año 1965.
Hoy,
más de 1.7 millones de cubanos se encuentran en el exterior, representando
cerca del 15% de la población. ¿Cuántos más serán, y cuántos cubanos quedarán
en Cuba, luego de esta vergonzosa inmigración? La inmigración cubana a
Uruguay alcanzó un récord histórico en 2025, convirtiéndose en la
principal nacionalidad que solicita cédulas uruguayas. Más de 22.000 cubanos
ingresaron en 2025, impulsados por la crisis económica en la isla y buscando
estabilidad en Uruguay, superando ampliamente a los inmigrantes de otras
nacionalidades.
Entre
Fidel y Donald Trump.
Debido a las olas migratoria, en su momento, la estrategia del gobierno cubano
fue advertir a los Estados Unidos, que la mayoría de
los disidentes eran” indeseables que habían sido considerados
como un peligro para la sociedad”. ¡Vaya! ¡Qué bien se hubieran entendido
Fidel Castro y Donald Trump, ya que este último usa los mismos términos, en su
brutal y despiadada política antimigratoria, acusándolos como «millones de
criminales, de terroristas, delincuentes» y «narcotraficantes»! ¿Qué tal?
Lamentablemente,
algunos hermanos latinoamericanos, con su ineptitud, su estúpido y cadavérico
dogmatismo, y sus negaciones hacia la apertura de un mundo distinto (sin duda
que imposiblemente peor) le estamos entregando el país, el hambre, las
necesidades, y hasta nuestra otrora hermosa dignidad nacional, a los caprichos
de un descerebrado, maniático, ególatra, y el peor presidente, de esos Estados Unidos,
a quienes hemos ayudado tanto para ser lo que es, pese a su estupidez.











