¿Antiargentina? ¡Esto es
verdaderamente estúpido!
Estas infantiladas entre hermanos, deberían haberse acabado. Cada uno de nuestros países hermanos sudamericanos, y los del Mercosur, hemos vivido épocas de grandes tensiones, guerras civiles, conflictos políticos, muertes entre hermanos, y sin duda algo han tenido que ver los supuestos amigos de una u otra ideología. Pero no aprendemos; poque jugamos siempre a ser, y prometer ser, los nuevos Mesías protagonistas de una restauración nacional, a través de visiones tan distintas como el “yo gano, tu pierdes”, el lugar de “ganemos todos”. En realidad, el pueblo les importa un carajo. Primero el endiosamiento personal y partidario, repleto de promesas y mentiras, que, inevitablemente, fracasarán una vez más. Y para ello, intentarán a toda costa mantener a sus pueblos subyugados, iluminados, y prisioneros de sus propias emocionalidades.
Hemos tenido fracasos tras fracasos;
nos hemos aplaudido, y nos hemos odiado, profundizando una brecha social como única
forma de trascender unos sobre otros. No llegamos a entender, nunca, que la
unión y la fuerza están, primero, entre los de adentro, y luego con los de
afuera. "Los
hermanos sean unidos, porque esa es la ley primera; decía el Martín
Fierro -tengan unión
verdadera, en cualquier tiempo que sea, porque si entre ellos pelean, los
devoran los de afuera". ¿Y
acaso no ha sido así? ¿Acaso no nos ha devorado, tanto los imperialistas
consumistas, como los consumados comunistas?
Ahora el díscolo y libertario
presidente de la muy querida hermana república Argentina, Javier Milei, va a alcahuetear una vez más la derecha
más extrema de la política internacional, visitando a nuestra hermana Brasil, para respaldar la campaña de Flávio
Bolsonaro, el hijo del golpista hoy juzgado y condenado por la justicia de
aquel país, por atentar contra la constitución y la leyes. Lo mismo que hizo su
“magnífico”, admirado, y fracasado, presidente norteamericano, Donald Trump,
pretendiendo burlar, engañar y desprestigiar a su país, poniendo en serio peligro
su institucionalidad. Y pretendiendo intervenir vergonzosamente en las
elecciones de otros países hermanos con amenazas de estúpidos aranceles y
ridículas bravatas.
Javier
Milei partirá hacia San Pablo para participar de una agenda de
alto voltaje político en Brasil, con la que el mandatario argentino da
inicio a una serie de viajes internacionales destinados a apoyar a dirigentes
de derecha en la región. ¡Mi Dios! ¡Peor que su amigo Trump! ¿La comitiva
argentina representará a la mayoría de los argentinos? La Casa Rosada encuadró
el viaje como una visita orientada a “fortalecer los vínculos” entre Argentina
y el estado paulista, aunque el perfil de los encuentros previstos deja en
claro el componente político del desplazamiento: apoyar al principal
contrincante de las próximas elecciones del mandatario Lula da Silva, a quien
no visitará. ¿No es estúpido?
¡No
sería de extrañar que en algún momento, el libertario Milei decidiera
castigarnos con aranceles a los demás miembros del Mercosur que no comulguemos
con sus ideas y las de Donald Trump! Se informa que el gobernador paulista, Tarcísio
de Freitas recibirá a Milei con honores militares en la Plaza Cívica. Y
que allí tendrá lugar la Ceremonia de
Imposición de la Orden de Ipiranga en el grado de Gran Cruz, la máxima
distinción que otorga ese estado. ¡Vaya! ¡Y todavía lo condecoran por
desestabilizador!
¿Tiene
alguna necesidad institucional Milei, para ir a enemistar a su país, y a los
países hermanos, con el hermano Brasil? ¿O es sólo por un mesianismo ideológico
personal? ¿Será porque Trump le facilitó la obtención unos mendrugos en dólares
para escapar de un vencimiento internacional? Mendrugos que Argentina nunca
hubiera necesitado, y hoy le hubieran sobrado, con una mínima gestión
responsable, y aprovechando sus inmensos recursos renovables. Su amigo Donald
Trump, mentiroso y narcisista iluminado, está protagonizando la mayor de las
vergüenzas mundiales, enemistándose con sus ayer aliados, sacrificando a su
pueblo con nuevas contribuciones – más allá de la inmensidad de recursos apropiados
-para financiar torpes y erráticas guerras, y para probar su enfermiza voluntad
de ser lo que nunca fue, ni es, ni será: un gran presidente de quien fue una
poderosa nación, hoy muy debilitada.
Lula
da Silva, presidente dos veces electo democráticamente de Brasil, ha advertido
sabiamente que espera que Milei, no cruce una “línea roja”. Por otra parte, el
candidato del Partido Liberal a quien apoya el presidente argentino, no es, ni
mucho menos, el favorito en las encuestas. ¡Absolutamente al pedo, pues!
Hoy, finalizado en Mundial de fútbol
2026, se habla por ahí de una campaña antiargentina; un fenómeno de polarización mediática
y digital que cobró fuerza en redes sociales y medios internacionales. Curiosamente,
la campaña antiargentina fue una estrategia publicitaria utilizada
por la dictadura cívico-militar, aupada por los principales periódicos y periodistas argentinos, antes y durante la
celebración de la Copta Mundial de Fútbol de 1978, para manipular a la
población frente a las denuncias internacionales por las sistemáticas y masivas
violaciones a los derechos humanos del régimen. Los medios de comunicación masiva se
caracterizaron por la desinformación a través del ocultamiento de
hechos, el silenciamiento de opiniones, y la censura explícita.
La
actual supuesta campaña antiargentina, se basa en: acusaciones masivas de
racismo y xenofobia contra la selección y los hinchas; denuncias sobre
supuestos amaños arbitrales bajo consignas como "ArgenFIFA"; cruces
políticos e ideológicos vinculados a la imagen global del gobierno de Javier
Milei y su alineación internacional.
Siempre
habrá personas y personajes que, por distintas razones (y más bien
“antirrazones”) realizan a través del fútbol su catarsis personal,
descalificando, negando, insultando, a sus oponentes, y con lo cual lo único
que logran es mostrar su bajo nivel de cultura y tolerancia, ante hechos de
particular relevancia. Nadie podrá negar el fenómeno del seleccionado
argentino, campeón mundial en la anterior competencia, y vice - campeón en
ésta, perdiendo por tan solo un gol, estando muy cerca de empatar la final,
tras dos extenuantes alargues. ¡Nadie podrá negar, tampoco, la soberbia
presencia de Lionel Messi, ese gran capitán, un jugador extraordinario, rodeado
además de una habilidad, una modestia, y una sencillez, que sólo demuestran los
más grandes porque ya se han tuteado con la gloria!
Amigo,
además, profesional y familiarmente. con nuestro ídolo, Luis Suárez, otro
ejemplo con las mismas condiciones. Por todo ello, no me cierran las
estupideces del presidente Milei. Le faltan aptitudes como éstas. Messi juega
para el país, y para la felicidad de su gente. Milei juega para sí mismo y para
un grupo de intolerantes, que solo comparten la ambición de los prepotentes. Es
verdaderamente estúpido.







