La Tercera Opinion

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Location: Cordón, Montevideo, Uruguay

Thursday, April 16, 2026

 


Tuesday, April 14, 2026

Este es el socio de Donald Trump, el representante del mayor país depredador de la humanidad..! 


 

Monday, April 13, 2026

 Vale la pena leer estas reflexiones de alguien que sabe lo que dice y por qué lo dice...


Saturday, April 11, 2026

 Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte.  


Coincido con la ministra Lustemberg, en que no puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños, no podamos tener el cruce de sistemas de información y la indispensable  trazabilidad, de ese niño, desde antes de que nazca. Lamentablemente, y teniendo en cuenta las circunstancias que rodearon el nacimiento de Jonathan Correa, y el proceso de su seguimiento, durante sus 15 años de edad, condicionado desde antes de nacer a una vida de sufrimientos, era esperable este triste e inhumano acontecimiento.

Es cierto que, humanamente, no podemos impedir estos nacimientos, casi que con  tragedia anunciada. También es cierto que, legalmente, no podemos quitarle a una madre su hijo, previendo una vida arruinada desde antes de su nacimiento. Por más cruel e injusto que sea, cada quien -pese a sus limitaciones -tiene el derecho de asumir sus decisiones. Pero también su responsabilidad. Tener un hijo es un regalo de la existencia humana, no de la suerte. De cada ser que nace, allí donde sea, puede y debe resultar un enriquecimiento para sí mismo, para su familia, y  para el resto de la sociedad.

Quién no se sienta capaz -por las razones que sean -de cumplir con este mandato sublime,  debe pedir ayuda al Estado. Y a su vez el Estado es responsable de hacerse cargo -de la forma que sea - de evitar las crueles circunstancias derivadas de una paternidad -o maternidad -irresponsable -que lleven al sufrimiento y posterior fallecimiento de un niño destinado, naturalmente, a disfrutar de una vida digna y a ser útil para su comunidad.

Jonathan, ni siquiera tuvo la oportunidad de enterarse de todo esto. Lo desechamos desde antes de su nacimiento, y sin tener siquiera la oportunidad de conocer y decidir, si quería quedarse a vivir entre nosotros. Sin tener el mínimo derecho a que alguien lo quisiera, y lo defendiera. No; estaba predestinado a ser culpable de una inequidad social, de la cual  nunca tuvo culpa, ¡y  ni siquiera protagonismo! 

Confieso que me duelen demasiado estos casos, de seres humanos tan inhumanos, que no merecen seguir viviendo dentro de nuestra sociedad. Porque son una mancha que no se quita, ni con la cárcel, ni con el perdón y la supuesta recuperación, de quien ha sido -por tanto tiempo -un depredador de su propia familia, y del resto de nuestra sociedad.


Me duele Jonathan, como si fuera mi hijo.
¡El Estado debió intervenir mucho más! “A grandes males, grandes remedios”, es una frase hecha, que, en estos casos, es muy aplicable. Si en el caso de Jonathan, esa madre que vio y soportó, durante tanto tiempo la laceración de su hijo, a manos de su vergonzoso padre, un padre que ella eligió, hubiera elegido separar a su hijo de esa salvaje convivencia, entregándolo al Estado, mientras ella no pudiera hacerse cargo, hoy Jonathan, ese niño de 15 años, buen alumno, de mirada triste, estaría entre nosotros encaminado a ser, un ser humano feliz, y una promesa para su nación.

Sin duda esa pobre mujer necesitaba ayuda para salir de esa brutal convivencia. No sabía cómo hacerlo. El Estado, a su vez, conociendo la situación, debió asumir esa paternidad destructiva, de quien nunca estuvo preparado para ser padre. Por las buenas, o por las malas. Por la ley de la justicia, o incluso, en estos casos, por la ley de la convivencia humana que exigía soluciones inmediatas, más allá de la lentitud de la ley y la justicia.  Nada de esto funcionó. Y ese hermoso chiquilín, que además siempre defendió a su pequeña hermana, tuvo el más aberrante fin, apenas comenzado su inicio.

Lo vuelvo a repetir; me duele profundamente, la triste historia de Jonathan Correa, a quien nunca conocí, pero es como si fuera uno más de mis cuatro hijos. Es inconcebible al día de hoy, y con las experiencias vividas, que el “padre Estado”, no sea más padre exigente y responsable de la vida o muerte de sus hijos, al par que es tan dispendioso para beneficiar -indirectamente – a quienes no lo merecen, ¡y lo destruyen todo! No sé, legalmente, las penas que les corresponden a unos padres/bestia como el de Jonathan; yo asumo las extremas decisiones que se tomen para separar -de una forma u otra -a estos depredadores sociales, del resto de la sociedad. 

Me duele Jonathan; me duele mucho esta parte de nuestra sociedad uruguaya, que no ha logrado hacerse cargo de esta responsabilidad. Te juro por Dios, Jonathan, allí donde estés, que si te hubiéramos conocido, yo, mi familia, mis amigos, y hasta quienes comparten las lecturas y locuras, en este medio  de relacionarnos todos, hubiéramos hecho lo imposible, por lograr lo que era posible -y no lo hicieron -en esa familia que te parió, pero  nunca te valoró.

Descansa en paz, por lo menos, descansarás…de tanto trato inhumano.

 

Tuesday, April 07, 2026

¿Somos un país de bestias humanas?


“A Jonathan Correa lo mató su padre después de una de las tantas palizas que le daba de forma cotidiana”, nos relata “la diaria”, el 14 de marzo de 2026. “Esta vez la excusa fue que no había sacado de su casa a unos cachorros de perros pitbull que la familia criaba para aportar a sus menguados ingresos. La golpiza ocurrió antes de dormir y el fallecimiento se consumó durante la madrugada. Al constatarlo, el agresor –su propio padre– tiró el cuerpo del adolescente de 15 años a la cañada que corre por enfrente de la precaria casa de la calle costanera que tiene el nombre de Aurelia Viera.
“Años de violencia, desigualdad, omisiones y descoordinación del Estado”, titula la diaria.

“Hay tantas lesiones internas que la forense no pudo constatar bien dónde había iniciado el sangrado”, dice el informe leído en la audiencia de imputación de su padre. La Escuela Técnica de Flor de Maroñas, a la que Jonathan concurría, se había percatado de la violencia y activó los protocolos de la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) en noviembre. Según dijeron fuentes de la ANEP a la diaria, al ver que la denuncia no había tenido tratamiento, desde la UTU se había comenzado a monitorear la situación.

Y es primordialmente muy importante lo que relata la diaria sobre el entorno y circunstancias dentro de las cuales se crio Jonathan. Según pudo reconstruir la diaria con base en testimonios de vecinos e integrantes de instituciones educativas del barrio, la familia de Jonathan está atravesada por décadas de violencia y vulneraciones de derechos. El clan tiene su origen en 15 hermanos, y una parte de la familia se la ha pasado transitando entre la precariedad, la informalidad laboral y la delincuencia.

En el caso de su padre, cuenta con anotaciones penales desde los 12 años y fue denunciado dos veces por violencia de género por la madre de Jonathan. En 2024, la última vez, cuando fue a buscar a su hijo a la escuela estando visiblemente golpeada, desde el centro educativo hablaron con ella y decidió hacer la denuncia. La Justicia dispuso medidas cautelares por 180 días, ¡sin tobillera ni custodia policial!”  Vecinos de la zona aseguran que la madre estaba al tanto de lo que pasaba y que nunca detuvo las golpizas propinadas a Jonathan por parte de su padre.  Testigos aseguraron que Jonathan solía ser golpeado por su padre y que, incluso, que se sentían los gritos de auxilio por parte del menor. ¡Cuánta bestialidad!

¡Me avergüenza esto en mi país! Desde hace doce años edito mensualmente un boletín titulado “Buenas Noticias Uruguay”. Lo hago y distribuyo totalmente gratis para quien quiera recibirlo o leerlo en mis redes sociales. Lo hago porque luego de regresar, viviendo 18 años en el exterior, me siento orgulloso de lo que ha logrado este país. ¡Pero estas heridas, profundas, dolorosas, vergonzantes, me avergüenzan y me sumen en la impotencia!


Todo el mundo lo sabía.
La UTU, a la que concurría Jonathan, sabía lo que ocurría. La ANEP también lo sabía. Su madre y familiares lo sabían. Los vecinos y testigos circunstanciales, lo sabían. La justicia que dispuso medidas cautelares por 180 días, para su padre, sin tobillera ni custodia policial, también lo sabía. ¡Mucha gente lo sabía! Pero Jonathan, de 15 años, aquel chiquilín de mirada triste pero buen alumno, como lo definieron sus maestras, apareció muerto y reventado a golpes, en la cañada que corre frente a su precaria casa, asesinado por su propio padre.  ¡Parece imposible tanta bestialidad humana!  Me lo pregunto, y pregunto una vez más ¿en qué, donde, y por qué, estamos fallando tanto, como sociedad? ¿En un país que, en otros temas del desarrollo nacional, hemos avanzado tanto?

Tenemos enormes beneficios sociales  para los cuales, increíblemente, un pequeño país que no dispone de ninguna de las grandes riquezas naturales de otros países hermanos -  petróleo, acero, aluminio, litio, etc. - ni las famosas “tierras raras”, que tanto obsesionan al mundo de la tecnología, nos las ingeniamos para redistribuir la riqueza producida por nosotros mismos, gracias a la contribución de compatriotas y extranjeros, que apostamos al esfuerzo humano, y sus posibilidades, como gran riqueza universal. En definitiva, somos una “tierra rara”.

La trazabilidad humana indispensable.

En una entrevista con Montevideo Portal, la titular del Ministerio de Salud Pública, Cristina Lustemberg, repasó los principales avances de su gestión; reconoció las dificultades estructurales del sistema, y reflexionó sobre una gran paradoja: “No puede ser que en un país donde nacen tan pocos niños no podamos tener el cruce de sistemas de información; la trazabilidad de ese niño desde antes de que nazca. Con la ley, el Estado asume la mayor responsabilidad en este tema y ordena para que estas situaciones como la que ahora estamos lamentando no lleguen a suceder”. Y aquí, Lustemberg coincide con una de mis reiteradas propuestas, como apuesta al futuro, que debería emprender nuestra sociedad. La trazabilidad humana.

Esa trazabilidad indispensable que le de seguridades a cada niño que nace en  nuestro país,  y al resto de la sociedad. A nuestros niños, desde antes de su nacimiento, y el posterior seguimiento; desde su origen, su hábitat, sus condiciones de vida, sus valores, su formación, y sus expectativas. Esta es la trazabilidad indispensable para el objetivo de la formación de buenos ciudadanos. Nada más acertado que la definición de la AGESIC (Agencia de Gobierno Electrónico y Sociedad de la Información y Conocimiento) sobre “trazabilidad”, (en este caso referido a servicios), pero que bien encierra el mismo concepto cambiando el objetivo “servicio” por el de” ser humano”.

“La trazabilidad hace referencia al proceso de seguir y registrar las distintas etapas y actividades asociadas a un “servicio” (¿ser humano?)  en línea a lo largo de su ciclo de vida -nos dice AGESIC - esto permite tener un historial detallado y transparente de cada acción, desde la solicitud inicial hasta la resolución final ( ) ..la trazabilidad es importante para asegurar la eficiencia, el control y la transparencia del proceso”.

Los uruguayos hemos sido exitosos, aplicando este concepto de la trazabilidad a uno de nuestros principales rubros de exportación; la ganadería, con el objetivo de cumplir con las más exigentes normas de calidad, impuestas por la comunidad internacional. ¿Por qué no aplicarla a nuestra generación de seres humanos? Ese proceso de seguir y registrar las distintas etapas y actividades asociadas, esta vez a un “niño” -en línea, a lo largo de su ciclo de vida. Porque, en definitiva, un niño nacido en el país, es más importante que 11 millones de vacunos, también nacidos en el país. Los vacunos, los reponemos fácil: ¡los herederos del conocimiento, el talento, y la riqueza humana que ellos puedan producir, es mucho más difícil! Y por ello, la trazabilidad humana entre nuestros compatriotas es vital para conocer a donde irán nuestras futuras generaciones.

Un niño es parte de la riqueza que puede producir un país; pues de él dependerá su futuro como nación. ¿Cómo no aplicarle entonces la indispensable trazabilidad para asegurarnos que su vida sea un buen pasaje, y una mejor contribución a la sociedad?  Y para que no termine siendo otra bestia humana, que avergüence nuestra humanidad.

 

Próximo artículo: “Trazabilidad o muerte; el futuro de nuestra juventud no depende de la suerte”.


Wednesday, April 01, 2026

 Estados Unidos, el país decadente.                                                               “No es Trump. Es Estados Unidos”.


Estados Unidos está permitiendo, con la influencia de Israel, lo mismo que Chávez en Venezuela, con la influencia de Cuba. Israel ha empujado a Estados Unidos a librar guerras que sus ciudadanos nunca hubieran permitido. Cuba penetró, vergonzosamente, en Venezuela, la totalidad del estamento político, hasta el punto de que sus principales asesores en política, educación, seguridad nacional, y planes sociales, eran todos cubanos. Se asegura que durante la intervención militar de Estados Unidos en Caracas, para la sutil “extracción de Maduro y su mujer” del gobernó venezolano, murieron, por lo menos 32 cubanos.

Y hoy, muchos ciudadanos que ayer vieron en Trump la férrea defensa del nacionalismo norteamericano, hasta el punto de enamorar a millones de votantes  independientes, inmigrantes residentes, latinos, afroamericanos, y otras varias naciones, a arriesgar su elección, en aras de un mayor bienestar, ven con desolación, como, a pesar de miles de millones de dólares y sacrificios, invertidos, hoy se les niegan sus derechos sociales, y van a engrosar monumentales cifras para apoyar guerras, invasiones, genocidios, y asesinatos en masa, contra la propia humanidad. Es triste, muy triste la realidad humana de esta gran nación.

Chávez en Venezuela, y sus seguidores posteriores, empobrecieron a su país paulatina y pacientemente. Con una metástasis cancerosa que los iba consumiendo lentamente.  Y Donald Trump, el mayor engaño norteamericano está haciendo lo mismo con su gran país, bajo un marketinero y populista “Make América Great Again”, que en realidad se transforma en un “Make Trump Great Again”. Es tan ridículo y payasesco todo esto, que cuesta entender como ese país norteamericano no ha aprendido nada de sus errores, y sigue las recetas que lo han avergonzado en las guerras contra Vietnam, Corea, Afganistán, Irak, y algunas otras.

 Pero es que el problema no es de él; sino de quienes, vergonzosamente, seguimos permitiendo -como dóciles corderos - que una nación con 360 millones de habitantes, en manos de un descerebrado presidente, siga perturbando y perjudicando a un universo humano de más de 8 billones, que conformamos este planeta.

Estados Unidos, el sirviente de Israel.

Algo muy malo, está sucediendo. Y si no nos ponemos de acuerdo, seguirá sucediendo. Trump está hundiendo a su país, económica y socialmente, y enemistándolo con el resto del mundo. El secretario de Estado, Marco Rubio, admitió que Israel obligó a Estados Unidos a entrar en la guerra con Irán durante una entrevista con la prensa. Explicó que el gobierno del primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, había acorralado a la administración Trump, quitándole la decisión  a Estados Unidos.

Por su parte el genocida Netanyahu afirmó que los ataques contra Irán se estaban llevando a cabo con "la ayuda de Estados Unidos, de mi amigo, el presidente estadounidense Donald Trump, y del ejército estadounidense". Describió cómo la segunda guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán en menos de un año era algo que había estado fomentando durante décadas. "Esta coalición de fuerzas nos permite hacer lo que he anhelado durante 40 años... Esto es lo que prometí, y esto es lo que haremos". Todo esto me huele a podrido. Porque los grandes impulsores de todo esto, sin duda, están podridos ¡Y el olor es insoportable!


Y mientras Trump pide 200.000 millones más para la guerra en Irán, un reciente artículo publicado recientemente por la revista Fortune, alerta que el Tesoro estadounidense ¡acaba de decretar la insolvencia contable del país! El ex contralor general de EE. UU. entre 1998 y 2008, David M. Walker, en colaboración con Steve H. Hanker ((Universidad Johns Hopkins),   aseguran que el Tesoro ha dejado una confesión a la vista de todos en sus estados financieros consolidados de 2025: ¡Estados Unidos es insolvente en términos contables! Los números son fríos y demoledores: ¡6,06 billones de dólares en activos frente a 47,78 billones en pasivos al 30 de setiembre de 2025!

Unión Europea: ¿una servil y obediente aliada de Trump?

Mientras tanto, recién ahora Europa está preocupada, porque este prestidigitador, mago, ilusionista, psicópata, o lo que sea, los está acusando de cobardes, maricos, y lo que sea, por no plegarse a su insensatez de acompañarlo, sacrificando sus soldados, para ser reventados por los iraníes en el estrecho de Ormuz. ¡Qué pelotudez! En una guerra que no es de ellos, y que la inventó él, y su compinche Netanyahu. Pensar que este país fue, durante las guerras mundiales, su paraguas y su sombrero. Y hoy los prepotea, aplicándoles aranceles comerciales, insultos y descalificaciones, si no se apegan a su reverencia personal.

Qué triste para la gran Europa y sus grandes conquistas militares, culturales, intelectuales, artísticas, y tanto más, ser hoy menospreciada por un deshilvanado mental (comprobado) fraudulento, y estafador de su propia nación. Pero es que Europa se durmió en laureles ajenos, y acomodó su zona de confort. “Me están lamiendo el culo”, dice Trump, refiriéndose a las negociaciones de su “fenomenal, única, impresionante y maravillosa política de aranceles”, hoy, cuando gran parte de nuestro mundo occidental, e incluso países demográficamente pequeños, como nuestro grande y pequeño Uruguay, se han abierto atrevidamente, a competir con quien sea, y como sea.

Y bueno, en algún momento, la humanidad tendrá que revisar, analizar, y juzgar sus errores, cometidos a través de estas bestias. Y redefinir sus roles. Porque por suerte, ellos son circunstanciales; pero evitemos que no se transformen en existenciales. Y porque los derechos aceptados internacionalmente, y en su momento, en la ONU, la OTAN, la OEA, y tantos otros, para ampararnos de los grandes abusos entre nosotros mismos, no pueden depender, predominantemente, de quienes, por pagar una mayor contribución económica para su mantenimiento, nos abusan impunemente. ¡Sino para quienes aporten lo mejor de su humanidad, y sus conocimientos!

Nota: recomiendo leer el artículo de la periodista Lydia Polgreen, publicado el 27 de marzo de 2026 -The New York Times, titulado “No es Trump, es Estados Unidos”.  “Como muchos otros estadounidenses, en estos tiempos sombríos he oscilado entre dos polos emocionales- asegura Polgreen - En algunos momentos, me digo a mí misma que Donald Trump es una figura singularmente malévola que se ha apoderado de hilos del poder que ningún presidente anterior se había atrevido a tomar. El relato no detiene la violencia estatal en las calles ni las operaciones militares ilegales en el extranjero. Sin embargo, tiene su consuelo. Una vez que Trump desaparezca de escena —como exigen las leyes de la naturaleza, si no las de la política— podrá suceder algún tipo de restauración del proyecto democrático y constitucional estadounidense”.

 

 

Tuesday, March 24, 2026

 ¡Menos revolución, y más alimentación!


“Abajo la dictadura de los Castro”, dicen en estos momentos los carteles pintados mano, y sobre cartones, en varias localidades de la hermana república de Cuba. Tras mas de 60 años de una prometedora revolución (de la cual yo también me enamoré en su momento) hoy, como dice el dicho, es lamentable “haber remado tanto, para morir en la orilla”. Y son una vergüenza los Castro y los Díaz Canel, que tanto han diezmado y empobrecido a la hermosa Cuba.  Como también lo es, la famosa Revolución Bolivariana en Venezuela, iniciada por el Mesías Hugo Chávez, y seguido por su discípulo directo, el inepto y payasesco Nicolás Maduro, y su entorno familiar.  Yo viví en carne propia los engaños de esta enorme estafa social.

En un reciente reportaje en el diario El País, Yanitze, una venezolana, casada con un uruguayo, que en 2018 transformó su casa en UruVene, una asociación civil que entre muchas otras cosas les consigue a los migrantes, donaciones de artículos para el hogar, nos aclara sobre los cubanos, que cada día llegan más al Uruguay. “Llegan flacos”, afirma, y agrega que “lo mismo afecta a los abuelos y a los niños pequeños que también están llegando; “uno los ve y se da cuenta de que están con desnutrición”.

Lo mismo ocurrió con mi gran amigo Jorge Haralambides, viviendo en Venezuela por más de 50 años, quien decidió, hace unos pocos años atrás, junto con su esposa, regresar al Uruguay, dado las miserables condiciones de vida que les ofrecía el gobierno de Nicolás Maduro. Los dos volvieron tremendamente desnutridos, al punto tal, ¡que ambos fallecieran apenas un año después de su llegada!

“En la Cuba que hoy dejan por miles los cubanos, de distintas edades, que llegan a Uruguay, hay poca disponibilidad de alimentos - sigue el relato- Los que se encuentran, además de estar limitados son muy caros, y después está la dificultad para poderlos cocinar. En los 90, Fidel Castro decidió que las cocinas se conectaran a la corriente eléctrica. Pero hoy, con los permanente apagones, resulta que no funcionan. Tampoco la refrigeración, y los alimentos se pudren. Y además de todo, la falta de combustible restringió los traslados.  La comida, como el resto de las cosas, no circula”.

El hambre está por todos lados, pero cuanto más lejos de La Habana peor es. A Frank León su madre le contó en una videollamada que en un asilo los ancianos están comiendo plátano hervido y un pedazo de pan. Eso en todo el día. Mucho más que expresar sus pensamientos, para Frank la libertad “es comer lo que quieras comer, cuando lo quieras comer”.


La relación “amor-odio” entre Cuba/Estados unidos
. En esto quedó la famosa y prometedora revolución Castrista, luego de más de 60 años, abusando y destratando, a sus conciudadanos. Podrán sentirse felices, entonces, aquellos cubanos que ya, desde el éxodo de Camarioca (octubre-noviembre 1965) aprovecharon la primera salida marítima masiva autorizada por el gobierno cubano de Fidel Castro (buscando aliviar tensiones internas y forzar a EE.UU. a organizar la emigración) y resultando en un puente marítimo que dio paso a los "Vuelos de la Libertad" (1965-1973), puente aéreo que llevó a más de 260,000 cubanos al exilio.

Y también aquellos que luego protagonizaron el éxodo del Mariel,  un movimiento en masa de cubanos, que partieron del puerto Mariel, en Cuba, hacia los Estados Unidos, entre el 15 de abril de 1980 y el 31 de octubre de 1980, y a quienes se les conoce como los “marielitos”. Más de 125 mil cubanos salieron por el puerto Mariel (aproximadamente el 1,3 % de la población según censo de la Oficina Nacional de Estadísticas cubana, 1981), cifra que superó el éxodo de Camarioca del año 1965.

Hoy, más de 1.7 millones de cubanos se encuentran en el exterior, representando cerca del 15% de la población. ¿Cuántos más serán, y cuántos cubanos quedarán en Cuba, luego de esta vergonzosa inmigración? La inmigración cubana a Uruguay alcanzó un récord histórico en 2025, convirtiéndose en la principal nacionalidad que solicita cédulas uruguayas. Más de 22.000 cubanos ingresaron en 2025, impulsados por la crisis económica en la isla y buscando estabilidad en Uruguay, superando ampliamente a los inmigrantes de otras nacionalidades.

Entre Fidel y Donald Trump. Debido a las olas migratoria, en su momento, la estrategia del gobierno cubano fue advertir a los Estados Unidos, que la mayoría de los disidentes eran” indeseables que habían sido considerados como un peligro para la sociedad”. ¡Vaya! ¡Qué bien se hubieran entendido Fidel Castro y Donald Trump, ya que este último usa los mismos términos, en su brutal y despiadada política antimigratoria, acusándolos como «millones de criminales, de terroristas, delincuentes» y «narcotraficantes»! ¿Qué tal?

Lamentablemente, algunos hermanos latinoamericanos, con su ineptitud, su estúpido y cadavérico dogmatismo, y sus negaciones hacia la apertura de un mundo distinto (sin duda que imposiblemente peor) le estamos entregando el país, el hambre, las necesidades, y hasta nuestra otrora hermosa dignidad nacional, a los caprichos de un descerebrado, maniático, ególatra, y el peor presidente, de esos Estados Unidos, a quienes hemos ayudado tanto para ser lo que es, pese a su estupidez.