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Location: Cordón, Montevideo, Uruguay

Wednesday, May 05, 2021

 Cuando los niños no pueden ser niños.                                       


¿Es posible que exista un niño que no quiera vivir como niño? Para contestarlo, deberíamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Cuántos de nuestros niños siguen siendo víctimas de una orfandad social, familiar, comunitaria, que les impide desarrollar sus propias defensas emocionales y racionales frente a los peligros de una sociedad demasiado individualista, egoísta, absorbida por intereses y necesidades creadas por un consumismo acelerado que a su vez, nos impide a los mayores, dedicarles cada día el tiempo indispensable para hacerles sentir cuánto los amamos, cuánto nos importan, y cuánto somos capaces de protegerlos?. Porque eso es lo que los hijos esperan de sus padres, en cualquier especie del reino animal.

Hablándoles, escuchándolos, compartiendo caricias, abrazos, besos y sonrisas, aclarando las dudas e interrogantes existenciales que ellos no pueden entender, y mucho menos asimilar. ¡Cuánta necesidad tienen esas pequeñas almas de que nos transformemos en sus héroes favoritos reales, madres y padres, capaces de emular a sus héroes de fantasía, salidos de los libros de cuentos, o películas, y hacerles sentir cuánta importancia representan ellos para nosotros! Y cuánto y porqué -a su vez -ellos son los héroes que alegran nuestras vidas.

Y porque a esas edades tan tempranas, precisamente, es donde se graban las experiencias y circunstancias del crecimiento, que luego determinarán los valores que incorporarán a sus vidas. ¡Cuánto ellos necesitan de nosotros, y cuánto nosotros necesitamos de ellos, para desarrollarnos como sociedad y prosperar como nación!

Cuando un niño no puede ser niño.

El video circuló tan rápido como la indignación al ver en los noticieros de la TV, durante abril de 2021, a un niño de 11 años, armado, junto a dos mayores, cometer una rapiña. Que más tarde serían dos. Afortunadamente, en tiempo récord la Policía reunió información, y fue atando los cabos sueltos hasta identificarlo. Su madre, sabiendo que lo buscaban intensamente, lo llevó a la base de la Zona Operacional III de la Jefatura de Policía de Montevideo para que, luego, un juez de Familia decidiera sobre su destino: otra vez al Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU).

Los periodistas del diario El País, Guillermo Lorenzo y Paula Barquet, resumen muy acertadamente la situación: “Once años de vida le alcanzaron para unos cuantos tropezones. En su compleja trayectoria caracterizada por una fragilidad familiar, la contención no fue suficiente y el Estado falló en remediarlo, al menos por ahora. A los 11 años se dio el peor de sus tropezones, el que lo convirtió en noticia: una rapiña a una carnicería. Las imágenes del comercio ubicado en Cerrito de la Victoria lo muestran armado y apuntando a una empleada para asaltar el lugar”.

“Madre desbordada, padre preso, delincuencia y consumo: la desprotección detrás del niño que rapiñaba”, titulaba otra nota el País. “Con sus hermanas robó una boca de droga y consumían durante horas. Su madre pidió ayuda al INAU, que solicitó la internación urgente. Duró solo dos meses. Al regresar a su casa, todo empeoró”.

Ahora, el magistrado letrado de Familia Especializado de 6º Turno, Juvenal Javier, definió, además de su internación en un hogar de amparo, que realice un tratamiento para atender su consumo problemático de drogas.  A su vez, determinó que el INAU tome contacto con los abuelos maternos del niño para determinar si podrían hacerse cargo de él. Por su parte el presidente del INAU, Pablo Abdala dijo: “El juez habló de la presencia de sus abuelos e iremos por ahí. Iremos a buscar el apoyo familiar en los abuelos de este niño. Debe poder reinsertarse en un contexto familiar y comunitario”.

Y yo me pregunto y les pregunto a ustedes: ¿Después de las relaciones familiares y comunitarias relatadas, es posible que a través de los abuelos pueda reinsertarse en un contexto familiar y comunitario? ¡Me parece un disparate! Si esos abuelos, a esta altura de la degradación social de “J”, no tuvieron ninguna incidencia, aún para apoyar a su hija, la madre del onceañero; ¿no es esta simplemente una forma legal e institucional de evadir una responsabilidad social que no condice con la verdadera realidad y profundidad del problema?

¿Reinsertarse en un contexto familiar que no existe ni se ha manifestado como tal, en su interrelación social? Se me ocurre que, una vez más, corremos la arruga para no involucrarnos demasiado, en un tema profundo, y que necesita demasiados esfuerzos por parte del Estado. Uruguay sigue teniendo un debe profundo, pese a lo mucho que se ha avanzado, en atacar desde sus orígenes las problemáticas de esos niños, hijos de la delincuencia, que luego será muy difícil enfrentar en sus consecuencias.

Cuando los niños no quieren vivir.

¿Es posible que exista un niño que no quiera vivir? El titular, ya de por sí, suena aterrador: “Niño de 11 años se suicidó “como regalo de Día de la Madre”. Según un texto publicado en El Diario de Nueva York, (Peter Kuper, Estados Unidos, 1958) el 17 de Mayo 2017, un niño de 11 años, presuntamente en México, se quitó la vida el Día de la Madre, y según reza una carta de despedida, para que su progenitora fuera feliz.

 “En este día de las madres, solo quiero que te sientas la mujer más feliz del mundo. Además, tú me decías a diario que tu felicidad se fue cuando yo nací. Pues fui la causa de que mi papá se marchara de la casa”.

Y continúa: “Hoy quiero remediar las cosas y que hagas de cuenta que nunca nací. Me dijiste que nunca me mirarías con amor, pero yo siempre te admiré y te vi como la mejor de las madres”.

Y así termina la carta: “Espero algún día te acuerdes de mí y en el cielo por fin me abraces. Creo que el mejor regalo que te pueda dar en este día es que yo me quite la vida. Pues siempre me decías que ojalá y nunca hubiera nacido. Pues hoy quiero hacerte la mujer más feliz del mundo. Te quiero mucho mami, feliz día de las madres”.

Según los limitados reportes sobre el caso, la madre huyó ante el temor de ser culpada por los hechos. Se desconoce a dónde o si las autoridades han dado con su paradero.

Pero es que, revisando Internet sobre el tema, nos encontramos con unos significativos y variados ejemplos del imperdonable descuido que ejercemos sobre nuestros niños. Según el diario digital EL ESPAÑOL, 16 marzo, 2021, Un niño de once años falleció la pasada madrugada en un hospital de París, donde fue ingresado en estado grave tras saltar por la ventana de su habitación, en la que dejó una carta de disculpa por haber acosado a un compañero de clase, informaron medios franceses.

Y una broma de mal gusto tuvo sus consecuencias fatales en Michigan, Estados Unidos, por la cual el niño Tysen Benz, de 11 años de edad, se ahorca, después de que su novia fingiera su propio suicidio. Mientras que en Nápoles, Italia, un niño de 10 años, se suicida lanzándose de un piso 11. Abrió la ventana de su casa, trepó por la barandilla del balcón y se dejó caer al vacío en medio de la noche. "Mamá, papá te quiero pero tengo que seguir al hombre de la capucha", fue el último mensaje que dejó en su pequeña habitación. El hombre con capucha negra y apariencia benévola es protagonista de un juego llamado "Jonathan Galindo", iniciado en las redes sociales, y que solicita amistad eligiendo casi siempre a menores, dando desafíos a sus seguidores.

Hay muchísimos casos más, pero me voy a detener sólo en éstos para dar una idea de la fragilidad existencial de nuestros niños y jóvenes, por falta de una contención familiar y social capaz de vigilar y estar atentas a estas amenazas sociales. Algunas que incluso nos amenazan a nosotros, los mayores, quienes nos creemos inmunes contra individuos de nuestra misma especie, que aprovechan nuestros descuidos para confundirnos, utilizarnos para sus miserables planes diabólicos, o simplemente para estafarnos.

 

Alberto Rodríguez Genta 

argentaster@gmail.com

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