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Saturday, January 23, 2021

 Periodismo, virus, y virulencias.

El periodista Stefano Casini escribió un interesante artículo en Uypress del 13.01.2021, titulado “LO MALO Y LO BUENO QUE OCULTA EL COVID”. Y Stefano no es cualquier chanta periodista como puedo ser yo. Comenzó en Radio Clarín, su primer noticiero en 1968. Después continuó por L'Eco D'Italia, L'Ora D'Italia, Guía Financiera, suplementos en El País, El Observador, La República, fue 23 años Corresponsal de RAI, Gente dItalia, 5 años de Radio TV Suiza Internacional y 2 años de CNN.

Pero me llamó mucho la atención la afirmación de Stefano cuando dice: “Todo periodista, como lo hemos señalado en otras ocasiones, por disciplina profesional, debe resaltar las malas sobre las buenas noticias”. ¡Vaya! Y a continuación nos regala una serie de acontecimientos sobre lo peor sucedido durante el 2020 en USA, como el ataque al Capitolio en Washington, el asesinato de un hombre de color que provocó furibundos disturbios sociales; los cinco años de guerra en Yemen, escenario de una de las peores crisis humanitarias de la humanidad, y la peor hambruna del último siglo en el mundo. 

Pero también nos recrea con la situación de Irak, donde el conflicto entre grupos armados y fuerzas "gubernamentales" produjo solamente en 2018 la friolera de 1,8 millones de desplazados y el 53% son niños. La guerra de Siria, la más larga y cruenta de la región, con 6,1 millones de personas que en 2020 siguen desplazadas de sus hogares y 5,6 millones son refugiados en otros países de la región.

Ni que hablar de Sudan del Sur con sus millones de personas en la peor miseria y sus 4,2 millones de desplazados forzosos; o Somalia, uno de los países más emblemáticos por ser considerado de los que viven la peor situación en la Tierra, y sus 5.1 millones de refugiados. ¡Ufff!; la verdad que si esta es la principal tarea del periodismo, Stefano, me meto en la bañera y me corto las venas! ¿Pa’ que mierda vivo en este mundo cruel? Mas vale me agarre el Coronavirus y terminamos la función!

Obviamente, no les hablé de buenas noticias, aclara Stefano! “Muchas siguen siendo muy malas” -y enumera un poco de mierdas más. “Pero una buena noticia la hay. Hace más de 12 meses que no hay grandes enfrentamientos bélicos de consideración y que, de gripe común y de pulmonía, en 2020, en lugar de 4 millones de personas, por el uso de las mascarillas, fueron un poco más de 3 millones!! A reflexionar”.

Ah, bueno; así que me das una aspirina cuando tengo una metástasis total!  ¿Y cómo no van a bajar los enfrentamientos bélicos si todo el mundo está metido en su casa y la orden es “quédate en casa”? Sólo los virus andan de paseo y haciendo compras! Y hasta los rifles y los tanques de guerra se están oxidando.

Pero bueno, si para justificar y honrar tu profesión de periodista necesitas andar por ahí juntando y regando las peores noticias del planeta, lamento decirte que yo, desde mi pequeño Uruguay, me dedico adversamente a lo otro; a juntar y desparramar por el mundo las buenas noticias que se producen, todos los meses, aquí en esta hermosa “tacita del Plata”. Y hago todos los meses -honorariamente -un boletín llamado “Buenas Noticias Uruguay”. ¿Porque sabes qué? Ya está bueno con eso de que las malas noticias son las que les dan el mayor rating a las televisoras y alimentan el negocio de sus dueños. Es cierto si, que los seres humanos tenemos un especial sentido de avidez por la violencia y lo morboso y todo lo que active nuestra adrenalina.

Y no es que yo no esté de acuerdo en que se nos informe sobre los acontecimientos jodidos que se viven en este planeta, simplemente advierto contra los excesos de seguir colonizando las mentes humanas con el masoquismo de que nos importe más la reseca muerte que la savia de la vida, o que nos asombre más la vergüenza humana que la virtud. Porque allá en el fondo de mi alma, sigo soñando con que el periodismo llegue a un grado de servicio social tal, que priorice el bien sobre el mal, y no que “por disciplina profesional, debe resaltar las malas sobre las buenas noticias”. Y porque con esto me das a entender algo así como que si no existieran las malas noticias, el periodismo perdería su principal atractivo profesional!

En fín, Stefano, como periodista me considero un virus más a la hora de contradecirte; pero creo que si no comenzamos por crear nuestra propia inmunidad intelectual, cualquier virus nos va a matar con su virulencia. Y virulencia, en latín, significa “lleno de veneno”. ¡Y yo me resisto!

Chau, Stefano,

 

 

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