Friday, April 15, 2011

Uruguay: el prestigio no tiene precio.

“Puedes comprar mis necesidades, pero no puedes comprar mi dignidad”. (Argenta)

En la edición del diario El País, de Uruguay, con fecha 10 de abril del 2011, el excelente periodista y escritor uruguayo Carlos Maggi desarrolló un resumen de los sucesos que dieron lugar a la brutal crisis financiera ocurrida en Uruguay durante el año 2002. El trabajo en cuestión, titulado “El prestigio vale más que el dinero”, analiza sus orígenes y la influencia nefasta de la desestabilización financiera argentina, que produjo un proceso de insolvencia afectando a más de la mitad de la banca comercial uruguaya, y el virtual colapso del sistema económico del país. Y pone en evidencia, además, la cuestionable idoneidad del FMI, a la hora de enfrentar crisis de relevancia. Coincide Maggi, precisamente, con los conceptos expresados en este mismo blog hace un mes atrás (09 de marzo, 2011) bajo el título: ”¿Para qué nos sirve el FMI?”, y en el cual cito una serie de errores en la gestión del organismo multilateral, reconocidos, incluso, por su unidad evaluadora. En mi artículo, refiero entre otros al caso argentino, bajo el subtítulo: “No hay dos, sin tres..”

“La primera vez –cito allí - fue a través de un documento revelado durante el año 2004, y titulado "Las lecciones de la crisis argentina" (1998-2003), el cual revela la discusión interna que generó el fracaso argentino, admitiendo que se debió salir de la convertibilidad mucho antes y que como Argentina era "la estrella" del organismo, su caída fue un hecho "perturbador". "La severidad de la crisis, el hecho de que ocurriera en un país que fue mostrado como el modelo para el mundo y que mantuvo casi ininterrumpidamente programas con el FMI desde principios de los 90 ha sido especialmente perturbador para el Fondo", confiesa el informe.

Maggi, a su vez, luego de recorrer los hechos políticos y sus protagonistas, nos recuerda en su nota: “Los argentinos desesperados ante el cierre de sus bancos, (por necesidad o por miedo justificado) empezaron a retirar sus fondos de los bancos uruguayos, en especial del BROU, donde la suma de depósitos en moneda extranjera, era muy abultada. El República (BROU) aguantó durante meses, pero llegó un punto en el cual necesitó liquidez de manera urgente. En ese momento, el Fondo Monetario Internacional (FMI), le dio un golpe de gracia: condicionó su ayuda a que el banco República publicara diariamente, el monto de sus reservas. Viéndose en los diarios, caer esas reservas a razón de 50 millones de dólares por día, la alarma se agudizó y la corrida se hizo arrolladora. El banco perdió la mitad de sus reservas. Después de ocho meses de sangría, se aprobó la ley del 5 de agosto del 2002, que postergó los vencimientos de los depósitos a plazo en el BROU.


A la caída del República –prosigue Maggi -se agregó la quiebra escandalosa del Banco Comercial -el banco local más grande del país-, provocada por una defraudación cometida por uno de sus directores. Arrastrados por la desconfianza de la plaza, cayeron otros bancos privados; y aparecieron otros delitos financieros. Por si fuera poco, un hecho natural gravísimo había desbaratado las exportaciones uruguayas: un foco de aftosa trabó la venta de carne. Las finanzas se resintieron a tal grado que se hizo imposible el pago de la deuda externa. El país había hecho uso para superar la crisis bancaria, de cuanto crédito pudo obtener y el desprestigio que lo rodeaba (el riesgo-país sobrepasaba los 3.000 puntos), hizo imposible colocar deuda nueva para cubrir la amortización y los intereses que se vencían. El FMI -responsable en parte del colapso del BROU- presionaba ahora, para que Uruguay siguiera la receta argentina y decretase el default. Era lo más fácil,… para "ellos".


Solo que el gobierno uruguayo –aclara Maggi -hacia cuestión de honrar su firma. Podía estar impedido de pagar, pero no estaba impedido de hacer todo lo posible para refinanciar. Disminuido ante el mundo por los hechos y por las opiniones provenientes del FMI, el gobierno uruguayo se propuso lo más difícil: canjear su deuda con la aprobación de los acreedores. Para lograrlo había que contar con la aceptación previa del FMI, principal acreedor; y luego, convencer a un gran porcentaje de los tenedores de títulos de deuda (80%) diseminados por todo el planeta. Hubo penosas entrevistas con los directores del FMI y por fin la institución estuvo de acuerdo: permitió salir a convencer a los acreedores.


De grupo en grupo y a veces de persona en persona, de Alemania a Japón, peregrinaron los representantes del Uruguay y lograron, no ya el 80% de aprobación sino el 92%. Trabajo brillante dirigido por Julio de Brun. El pesimismo y la modorra burocrática del FMI se expresa bien en los comentarios de Anne Krueger, la subdirectora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional. Dijo en una conferencia en Munich, hablando del Uruguay:

- “Si una proporción numéricamente significativa de acreedores elige no participar en la reestructura, si un cierto grupo desea oponerse, la reestructura inevitablemente va a fallar”.

Era la segunda autoridad del FMI la que continuó haciendo notar públicamente, que era mejor no pagar la deuda que aplazar el pago -continúa Maggi - En el momento en que se publicó el discurso de Anne Kruegger, el FMI ya había firmado el plan del Uruguay. Era el momento crítico; y mientas Uruguay hablaba con sus acreedores, para conciliar. Krueger se distanciaba de las acciones del Uruguay, para poder decir: "¡Yo se los dije!", si las cosas salían mal. No tuvo suerte. Aunque su cautela era comprensible, solo que dejaba de lado un factor que vale más que el oro: el prestigio de los países. Como dijo Carlos Sténeri*:

- "Nosotros estábamos tratando de implementar algo que nadie había hecho antes" (y el motivo era de orden moral).

Las discusiones más absurdas fueron las previas, con los directores del FMI. Ganada esa partida en un tablero de burócratas, el resto del mundo fue más inteligente. Muchos acreedores conocían la situación y solo reclamaron una confirmación sobre el monto y la tasa de interés. Y eso era fácil, puesto que Uruguay había decidido de antemano no hacer quitas. El plan procuraba obtener una espera; y punto. Félix Salmon, cuya nota usé para sintetizar esta historia-aclara Maggi - cierra su artículo con estas palabras:


- "Algo quedó bien sabido: el Uruguay pasó por una crisis que quemaba, y salió ileso. Transformó esa crisis paralizante en una de las más suaves y elegantes operaciones jamás vistas en las finanzas internacionales. Esto fue, sin duda alguna, "la" transacción en América Latina del año 2003”. Hasta aquí, el artículo de Maggi que, en buena medida, arroja más luces a mi artículo “¿Para que nos sirve el FMI?”


Es bueno recordar también, porque Maggi lo cita como referencia para su trabajo, el artículo publicado en la revista especializada Euromoney (Nueva York, febrero del 2004) titulado "La elegante transformación del Uruguay", cuya autoría es de Félix Salmón, el periodista llamado el rey de los bloggers financieros, quien ha escrito para Reuters y Euromoney, y ganó el premio de la Asociación Americana de Estadística, Excelencia 2010.

Prestigio salvado.
Lo rescatable para el país, de esta durísima experiencia que puso a prueba la solidez de sus principios y valores institucionales, no se hizo esperar demasiado. Apenas cuatro años más tarde, la prestigiosa revista "Euromoney" otorgó a Uruguay el premio al mejor tomador de deuda soberana de América Latina” en 2007, destacando que Uruguay, administrando una pesada deuda exterior contraída con el FMI y el Banco Mundial tras la crisis de 2002 y 2003, aprovechó las buenas oportunidades para tomar créditos sin condicionamientos y deshacerse de la deuda con condiciones y más cara. También destaca el canje de bonos, al que considera realizado de una manera muy amigable, y las posteriores y exitosas colocaciones en los mercados del mundo.


Y como si esto fuera poco, Euromoney eligió también en el mismo año al Nuevo “Banco Comercial” (propiedad entonces del fondo de inversión privado Advent International, con 56% de las acciones, Morgan Stanley con 23,78%, y dos minoritarios) como “Mejor Banco de Uruguay” en 2007. Esta distinción sería repetida luego, en 2008 y 2009, tras una minuciosa selección entre las instituciones financieras de plaza. El Euromoney Awards for Excellence define la excelencia de la banca en 110 países a lo largo de todo el mundo.

Conclusiones.

Si bien hubo decisiones políticas internas muy cuestionables en el manejo de la crisis 2002-2003, las cuales ocasionaron enormes perjuicios para la nación, lo destacable es que más allá de las profecías erróneas del FMI, Uruguay decidió –aún a costa de mayores sacrificios para los uruguayos – asegurar el futuro de la nación rescatando el mayor de sus valores: su prestigio. Lo cual da la razón a mi afirmación: “Puedes comprar mis necesidades, pero no puedes comprar mi dignidad”.

*Nota de Argenta: Sténeri, licenciado en economía de la Universidad de la República y Master en Economía de la Universidad de Chicago, era el representante financiero de Uruguay en Estados Unidos, y ocupaba el cargo de Director de la Unidad de Gestión de la Deuda Pública. Argenta Abril, 2011

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