Monday, September 26, 2011

Campaña por la no estigmatización social.

Por suerte, hay cosas en este nuevo Uruguay que descubro luego de mis dieciocho años de ausencia, que están sobrepasando mis propias expectativas. Confieso que mi satisfacción es doble, pues más allá de constatar los enormes cambios ocurridos en los sectores productivos y de servicios, tanto públicos como privados, relatados en mi libro “El país de lo posible”, compruebo los aciertos con que se están encarando aquellos temas más sensibles –y por ello más mediáticos –de nuestra sociedad. Y en este sentido me cabe un especial reconocimiento al trabajo del Ministerio del Interior, a cargo del Ministro Luis Bonomi y un destacado grupo de colaboradores, quienes decidieron enfrentar con tanta decisión como inteligencia, el tema de las “republiquetas independientes” que ha pretendido fundar la delincuencia en los barrios más carenciados de la capital. Un fenómeno de alta preocupación en casi toda nuestra América Latina, que he tratado en más de una oportunidad, y que mereciera un artículo especial bajo el título: “Para entender y enfrentar la criminalidad”, en este mismo blog:
El Ministro Bonomi, ha calificado este fenómeno como un "proceso de feudalización" en el país, y en particular en algunos barrios de Montevideo y del litoral, donde la delincuencia busca desplazar a la Policía. "Se trata de un hostigamiento a las autoridades constituidas", aclaró. Y por supuesto que ello ha dado lugar a una jugosa cobertura mediática, a través de la cual se pretende poner a prueba la capacidad de respuesta del gobierno, ante un tema tan sensible. “En los barrios considerados zonas rojas, la Policía solo ingresa para hacer procedimientos apoyada por fuerzas de choque, como coraceros y granaderos”, sensacionalizaba la prensa nacional. Mensajes que, por cierto, exacerban aún más tanto las percepciones negativas de la sociedad, como la audacia desmedida de los antisociales.
Ministro Bonomi inaugura nueva cárcel.
En respuesta a todo esto, el Ministerio del Interior comenzó entonces a implementar operativos policiales de saturación, desplegados en los barrios más conflictivos de la ciudad, a través de los cuales se han desbaratado lugares donde se desarmaban vehículos y motos robadas, se incautaron drogas, armas, y elementos procedentes de ilícitos, se ha recapturado algún fugado y se pudo esclarecer más de un hecho delictivo. Todo ello, además de devolver la confianza a aquellos ciudadanos honestos que lo merecen. Por supuesto que, siguiendo las más tradicionales costumbres uruguayas en todo aquello que signifique una ruptura con los arraigados y enmohecidos paradigmas vigentes, todas las voces todas (como dice la canción) salieron a hacer catarsis enarbolando todo tipo de argumentos y también bolazos.

No a la estigmatización. Alguien dijo que una característica muy particular y simpática de los uruguayos, es que al igual que lo que sucede en las cañadas, basta con que una rana comience a croar un poco más fuerte que las demás, para que toda la cañada se alborote, sumándose al concierto. Sin olvidar que tenemos más de tres millones de directores técnicos de fútbol, y otros tantos “arregladores de problemas” en reuniones familiares y charlas de café.. Por suerte, los que si evaluaron mayoritariamente como beneficiosos los operativos del Ministerio del Interior, fueron aquellos ciudadanos honestos afectados por los actos delictivos. Pero la sorpresa aún estaba por llegar. Les confieso que personalmente, confiaba en que los operativos de Bonomi, no terminaran allí. La duda estaba en cuál, cómo, y por qué, del siguiente paso. Duda que me fue aclarada pocos días atrás, a través de una excelente campaña comunicacional desplegada por el Ministerio y que –según mi visión -apunta a objetivos muy concretos:

1. Devolver la dignidad y el respeto a aquellas personas honestas -y que son mayoría - habitantes de las zonas más estigmatizadas socialmente a causa de los antisociales.

2. Reafirmar el papel de la policía y del gobierno en su conjunto, en su función de proteger los derechos de los ciudadanos responsables, ante los excesos de los inadaptados.

3. Dejar un claro mensaje de que en el país no hay lugar para establecer feudos fuera de la ley y la justicia. Y de que la “autoridad” no es materia negociable.

4. Fortalecer la motivación y autoestima del policía, reconociéndolo ante la sociedad como autoridad al servicio de los ciudadanos, de sus vidas y sus bienes.

5. Reforzar a nivel institucional y social, el concepto de pertenencia entre el policía y la comunidad.

En este sentido, cuatro piezas gráficas creadas en forma de afiches para ser colocadas en paradas de ómnibus y en el transporte colectivo, recogen claramente estos conceptos. En cada una de ellas hay un título llamador que involucra especialmente a la gente de los distintos barrios –cuatro en esta ocasión - la foto de un policía (dos con hombres y dos con mujeres) un segundo texto que involucra a los funcionarios con el mensaje “Yo los defiendo”, y al final un cierre que aclara “Campaña por la no estigmatización de los barrios”.

La campaña surge como “un complemento a los operativos de saturación” que la cartera comenzó a llevar a cabo este año en los barrios considerados “zonas rojas”, señaló a El Observador Fernando Gil, integrante de la Unidad de Comunicación del ministerio (Unicom).
Un barrio es propiedad de los vecinos y no de los que se hacen dueños”, aclaró, especificando que antes de los operativos los vecinos no vivían con tranquilidad, “ahora la recuperaron”. Aunque la campaña está centrada en cuatro barrios de Montevideo (40 semanas, Paso de la Arena, Borro y Marconi), Gil manifestó que de ninguna manera se circunscribe solamente a ellos. “Estos barrios fueron tomados a modo de ejemplo”, afirmó, aclarando además que la campaña fue ideada en el mismo ministerio, sin intervención de ninguna agencia de publicidad. Un doble mérito, agrego yo, que demuestra el compromiso asumido por los funcionarios.

Yo los defiendo. Por su parte, el asesor en comunicación y también integrante de la Unicom, Marcelo Barzelli, señaló que una mayor presencia policial es clave para disuadir el delito, pero el componente más efectivo para bajar las tasas de crimen es la convivencia ciudadana y la participación activa en la vida social. Barzelli explicó que la cartera está preocupada por la estigmatización hacia los habitantes de los barrios más vulnerables de la capital. “Proponemos recapacitar y reflexionar acerca de que hasta en los - aparentemente ‘lugares con más problemas’ - hay gente de trabajo, buenos vecinos, personas que intentan una convivencia armónica; hay chiquilines que quieren estudiar, que practican deportes, esas también son realidades de esas zonas y no hay que estigmatizar”.

Más allá de este objetivo principal, en la medida en que la campaña tiene varios públicos, cumple otros objetivos –aclara Barzelli - Hacia la interna policial, la campaña tiene un papel muy importante a jugar; el “Yo los defiendo” es un compromiso público que asume el policía. Muchos policías ven con agrado la campaña porque tiene un elemento inusual, que es poner la imagen del policía en primer plano, se sienten reivindicados. Ese es uno de los puntos de ruptura de esta campaña con lo que se podría haber pensado que era correcto para una campaña del MI. Ponemos al policía en primer plano, el policía asume un compromiso público. En estos días las jerarquías policiales les están trasmitiendo a todos sus subordinados eso: esta campaña, además de una reivindicación de la figura del policía como trabajador del Estado con una función, es un compromiso público que estamos asumiendo”.

El funcionario reconoce también –ante la extrañeza de muchos –que no es frecuente ver publicidad del Ministerio del Interior o de la Policía, y que no hay demasiados antecedentes sobre ello más allá de circunstanciales llamados, convocatorias, o campañas puntuales sobre algún servicio, lo cual no constituye un relato histórico ni permanencia en la comunicación. También reconoce que los operativos han generado una polémica muy fuerte, y que en la izquierda, en especial, han despertado objeciones, sobre todo por el lado de la estigmatización. Sobre ello, da, en mi opinión, una muy acertada y clarificadora respuesta: “Podemos ver que hay juicios críticos sobre los operativos de saturación que parten a veces de insuficiencia de información; pero la mayoría de las veces de una concepción muy arraigada en la izquierda que no le permite asimilar la acción policial, y menos cuando la acción policial es ostensible. Yo la circunscribo a ese ámbito –agrega - no la extiendo al resto de la sociedad. Es una concepción que victimiza la pobreza y, creo que por deformación, termina inhibiendo la capacidad del Estado de actuar. La policía es un auxiliar de la Justicia; cuando actúa cumpliendo órdenes judiciales es el Estado que está actuando”. Y pienso que ésta, es una magnífica definición!

En algún artículo de este blog afirmé que lo peor que le puede pasar a un gobierno socialista, es permitir que se confunda tolerancia con anarquía, e inclusión con inacción. Por otra parte, la sociedad toda debería comprender con urgencia que el delito no tiene paciencia, y que día a día inventa nuevas formas de penetración en nuestras sociedades y en especial en nuestra juventud, aprovechando nuestras dudas y debilidades.

Nota: En estos días anda circulando por Internet una entrevista de la cadena O Globo a Marcos Camacho, más conocido por el sobrenombre de Marcola; el máximo dirigente de una organización criminal de Sao Paulo (Brasil) denominada Primer Comando de la Capital (PCC). Y las respuestas de este personaje nos aproximan a lo que puede ser el futuro de la delincuencia común en América Latina. Entre otras cosas, el capo mafioso opina: “No hay más proletarios, o infelices, o explotados. Hay una tercera cosa creciendo allí afuera, cultivada en el barro, educándose en el más absoluto analfabetismo, diplomándose en las cárceles, como un monstruo Alien escondido en los rincones de la ciudad. Ya surgió un nuevo lenguaje. Es eso. Es otra lengua”. Inclusive, en otro momento de la entrevista, el propio capo mafioso se da el lujo de recordarnos –tanto las soluciones, como nuestras limitaciones.

“¿Solución, cómo? –repregunta -Sólo la habría con muchos millones de dólares gastados organizadamente, con un gobernante de alto nivel, una inmensa voluntad política, crecimiento económico, revolución en la educación, urbanización general y todo tendría que ser bajo la batuta casi de una "tiranía esclarecida" que saltase por sobre la parálisis burocrática secular, que pasase por encima del Legislativo cómplice. Y del Judicial que impide puniciones. Tendría que haber una reforma radical del proceso penal de país, tendría que haber comunicaciones e inteligencia entre policías municipales, provinciales y federales (nosotros hacemos hasta "conference calls" entre presidiarios.) Y todo eso costaría billones de dólares e implicaría una mudanza psicosocial profunda en la estructura política del país. O sea: es imposible. No hay solución”.
Y para finalizar, se da el lujo de citar a Dante: "Pierdan todas las esperanzas. Estamos todos en el infierno". ¿Deberemos creerle..?
Frente a ésto, a los operativos del Ministerio del Interior "Yo los defiendo"..
Argenta
Septiembre, 2011

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