La esencialidad esencial. ¿O nos vamos pal’ comunismo?
En agosto de 2015, en el marco de las huelgas y de las luchas en todos los sindicatos y gremios de la educación, el gobierno del Frente Amplio, con Tabaré Vázquez a la cabeza, decretaba la esencialidad en la educación pública. La dirección del PIT-CNT, todavía no estaba en manos de los comunistas. Por ello, lo más radical y salvaje del movimiento, afirmaba que la dirección burocrática del PIT-CNT cumplió un rol lamentable (que derivó, en la declaración de persona no grata de Fernando Pereira, en varias asambleas), sosteniendo al gobierno y buscando contener la bronca, en lugar de canalizarla y unificarla. O sea, se resistió a echarle más leña al fuego, evitando mayores daños sociales, en lugar de apoyar la intolerancia y la agresividad de estos movimientos.
Hoy,
Fernando Pereira es el presidente del Frente Amplio (FA), el PIT-CNT quedó en
manos del comunista Marcelo Abdala, y el Ministerio de Trabajo en las del
comunista Juan Castillo. Y bueno, esto
de por sí marca las diferencias entre un sistema democrático y la dictadura mal
entendida, y peor atendida, de “los trabajadores al poder”, pretendiendo que
los que deben dirigir las políticas gubernamentales son, únicamente, los
trabajadores. Pero a su vez, no todos los trabajadores; porque, al fín y al
cabo, trabajadores somos todos los que, de una forma u otra, desde una
profesión o actividad, u otra, debemos ganarnos la vida decentemente,
ejerciendo alguna forma de trabajo, y teniendo todos, los mismos derechos y
obligaciones.
Desde
una empleada doméstica que cumple una labor de servicio porque su preparación
no le permite otra, hasta un dirigente ejecutivo de una gran empresa que aporta
trabajo, salarios, impuestos, y divisas para el país, y que, en definitiva, es parte
de lo que enriquece y sustenta la identidad y la supervivencia de la nación. No
nos confundamos entonces con esos puños en alto y consignas como “el
proletariado al poder”. Porque la misma definición de “proletariado”, define a “una clase social formada por
los trabajadores o asalariados que no poseen los medios de producción (como
fábricas, tierras o herramientas), por lo que deben vender su fuerza de trabajo
a cambio de un salario para poder vivir”.
Nada
más claro pues que esta definición, para entender por qué, en este mundo,
existimos los unos y los otros. Y el
tema o problema está, en cuando unos se sienten más representantes,
importantes, merecedores, o dictadores, que los otros. Así no puede haber igualdad; esta no es la
manera. Todos conocemos historias de emprendedores que, saliendo de unos
hogares modestos, y teniendo que ayudar a sus familias, salen a vender mermeladas,
diarios, alfajores, paños de piso, toallas, o detergentes removedores, y que
luego, gracias a su perseverancia y su ambición de ser mejores, logran levantar
empresas que valen millones de dólares. ¿Acaso miento? ¿Acaso no hay ejemplos
reveladores?
Basta
consultar a la Internet para encontrarlos con sus historias de ganadores. Por
ello no acepto que quienes no tengan, ni quieran tener, oportunidades mejores,
pretendan inculcarnos el modelo de ser, simplemente, sindicalizados aprovechadores.
¡Uruguay, hoy, por suerte, está plagado de emprendedores de todo tipo de
actividades, que marcan la presencia, la identidad, y las capacidades de los
uruguayos, exportando servicios y bienes a los países más desarrollados del
mundo! A nadie se le impide ser empresario. A cualquiera se le facilita serlo. Aquellos
de ustedes que me conocen, saben que viví, durante 18 años, la siniestra
historia de convertir a uno de los países más ricos del planeta, a ser el más
pobre, necesitado, inútil y fracasado, como última expresión del comunismo
consagrado.
Venezuela,
un pueblo simple, solidario, amable, trabajador incansable, al cual le dijeron
que “ser rico es malo”, y ser pobre es ser soberano. Y por ello, hoy, luego de tantas
tantas crisis y conflictos existenciales, me resisto y me resistiré, a que mi
querido Uruguay, después de tanto remarla, vuelva a morir en la orilla. Uruguay
tiene aproximadamente 1.764.000 trabajadores ocupados y cuenta con cerca
de 1.605.000 cotizantes, según el Banco de Previsión Social (BPS). Por
ello no podemos permitir que grupos del PIT-CNT, que en total cuenta con una
cifra estimada de 300.000 trabajadores afiliados, y de los cuales solo una
parte menor (alrededor de 240.000) aporta de forma regular como cotizante, nos
quieran dictar las normas a un país soberano, democrático, modelo de inclusión
social, y ejemplo de estabilidad social, ante el mundo entero.
Este
año 2026, en especial, estamos viviendo uno de los más peligrosos ataques
contra nuestra democracia. Tenemos miles de horas de trabajo y dólares perdidos
en sectores claves como el puerto y la construcción (dos de los más favorecidos
en la contratación y los mejores jornales) e incesantes conflictos en el sector
lácteo, la pesca, los servicios sociales, e innumerables abusos sindicales. Mientras
el mundo nos mira con preocupación.
Ahora,
el ministro Castillo afirmó que tener que declarar una esencialidad sería
“uno de sus límites” para continuar al frente del Ministerio de Trabajo. Pero
recordemos que ya, en aquel 2015, Castillo, quien ocupaba la dirección de
Trabajo, afirmó que, si seguía la esencialidad, renunciaría a su cargo: "Quiero
estar tranquilo conmigo mismo, para poder caminar con la frente en alto, y no
como que ya sucedió en una manifestación en el MTSS, que cantaban entre otras
cosas contra mí, me decían traidor. Es muy fuerte para mí. Cala hasta los
huesos”, declaró. Y renunció; pero antes se aseguró que el Partido
Comunista lo eligiera nuevamente como su máxima autoridad.
¡Evidentemente,
para Juan Casillo, es preferible ser comunista que ser uruguayo! Prefiere
seguir siendo representante de un partido político extranjero que se ha
distinguido por llevar a la miseria a todos sus habitantes, que parte de un
gobierno nacional, incluyente y ejemplarizante. Y aquí no pueden coexistir dos
Uruguay; “Si ese es el límite de Juan y si hay que declararla, renunciará - dijo
el prosecretario Alejandro Sánchez, al referirse a la posibilidad de un
nuevo decreto de esencialidad, en la actividad portuaria. “Es un tema de
Juan, no es un tema del gobierno. El gobierno está dispuesto a hacerlo”. ¡Y
la mayor parte de los uruguayos estamos dispuestos a acompañarlo! Nos preocupa
más el país para todos, que los caprichos sindicales de unos pocos. ¡Esencialidad
esencial pues, para mantener nuestra esencia democrática!
Nota: El Partido Comunista tuvo, en
su último Congreso unos 1.200 delegados, entre titulares y suplentes, con tan
solo 625 votantes entre ellos. ¿Y nos
quieren cambiar el país?


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