“Buenos muchachos”.
“Goodfellas” en inglés; “Buenos muchachos”, en español, es una película dramática, criminal estadounidense de 1990, dirigida por Martin Scorsese. Y está basada en un libro sobre hechos reales. La película sigue el ascenso y caída de tres icónicos delincuentes mafiosos, durante tres décadas. Es protagonizada por Ray Liotta, Robert De Niro, y Joe Pesci, entre otros.
Y
es que ahora estamos viviendo otra película de mafiosos. Se trata de que los
buenos muchachos, ayatolas de Irán, respondiendo a las agresiones de Estados
Unidos (llevado de las narices por Israel y su enloquecida ambición de
conquistar medio oriente) han resuelto no entregar su patrimonio nacional, a
los “buenos muchachos”, imperialistas y
genocidas, Donald Trump y Benjamín
Netanyahu. Los iraníes tienen, ya de por si, su abultada agenda de represiones,
ahorcamientos, lapidaciones, y asesinatos, contra su propio pueblo. Sin olvidar
las vejaciones a sus mujeres; madres, esposas, hijas, hermanas, amigas,
compatriotas, y todas aquellas que no escuden la supuesta vergüenza de su
identidad de género, tras unos vergonzantes velos, llamados “hiyab”.
Nunca
los pude entender; siempre me pareció algo absolutamente deleznable, dado mi
enorme respeto hacia las mujeres, desde nuestro mundo occidental. Aun así,
pretendo respetar sus creencias y su ideología, siempre y cuando ellos respeten
las nuestras. No soy quien, dentro de
los 8 billones de seres humanos, que hoy poblamos este universo, para
juzgarlos.
Pero
también me cuesta entender el genocidio humano emprendido por Israel, cuyo
pueblo hoy vive ¿vive?, despertando cada noche y cada día, entre las alarmas,
las amenazas, las bombas, los misiles, las agresiones, las venganzas, y las mil
y una reivindicaciones de sus -ayer amigos y hoy enemigos – palestinos (los
únicos que accedieron a cederle una parte de su territorio para establecerse
humanamente) y ahora sus enemigos iraníes, y varios otros que “irán cosechando”.
Israel se ha encargado de procrear, criar, y alimentar, a sus propios enemigos.
Ahora no luchan contra los alemanes que produjeron su holocausto; luchan contra
sus vecinos, los únicos que les ofrecieron un espacio para asentar su
identidad, luego del desprecio de una buena parte de la humanidad.
Un
reportaje internacional en CNC 24, y Fox News, a su vez, nos dice que “las
sirenas ya no se detienen en Tel Aviv, sólo hacen una pausa suficientemente
larga para que la gente salga de sus refugios, se sacuda el polvo del yeso de
la ropa, y se convenza de que quizá ha terminado antes de que la alarma vuelva
a sonar. En las últimas cuarenta y ocho horas, los residentes de la ciudad más
grande de Israel, han escuchado más de treinta ciclos separados de alarma, 30
veces las familias han agarrado a sus hijos, sus teléfonos, quizás sus zapatos,
y han descendido a habitaciones en concreto reforzadas contra las explosiones.
Treinta veces han esperado en silencio mientas los interceptores de la cúpula
de hierro trazan líneas naranjas, en el cielo sobre ellos”. Así vive pues, hoy,
el pueblo de Israel. ¿Y esto es vida?
Y me temo que esas sirenas que hoy mantienen
en vilo cotidiano al pueblo de Israel, ya no se detendrán por muchos años más.
O quizá, incluso, indefinidamente. Porque
cuanto más se crea, se fomenta, y se cultiva, el odio entre nuestros hermanos
humanos, mayor será la sed de venganza y las creaciones tecnológicas,
militares, y creativas, para eliminarnos entre nosotros mismos.
Y
detrás de todo esto hay un hombre. Un hombre que simultáneamente, mientras está
librando la campaña militar mas trascendente en la historia israelí, está
condenado -a su vez, -en un juicio por corrupción que lo ha seguido por más de
seis años en su país. ¡Y navegando con un cómplice presidente estadounidense,
que llama vergüenza a sus aliados, por no aprobarle rápidamente un indulto a su
compinche israelí! El corrupto israelí, se llama Benjamín Netanyahu.
Y
su cómplice, que sigue al pie de la letra las decisiones de su socio israelí,
es el presidente de la supuestamente mayor potencia mundial, que también
amenazó a Brasil, con imponer aranceles del 50%, en represalia por cómo se
trata a su simpatizante, el expresidente Bolsonaro, acusado por un intento de
golpe de Estado, se llama Donald Trump. ¡Buenos muchachos!
Un
buen muchacho. Donald
Trump, el socio servil de Netanyahu, ha sido condenado en su país, Estados
Unidos, por 34 cargos contra la moral y la leyes, por intentar manipular a su
favor una elección presidencial, por azuzar a unos inadaptados a tomar el
congreso, y condenado -junto a sus hijos -por un juez de Nueva York a pagar más de U$S 355 millones por fraude al Estado, inflando la valorización
de sus bienes en mas de un 2.000%, para lograr préstamos bancarios que lo han
oxigenado. ¡Un buen muchacho!
En
2017 el psicólogo John Garner recopilo más de 41000 firmas de profesionales de
la salud mental afirmando que Trump padecía una grave enfermedad mental y era psicológicamente
incapaz de desempeñar competentemente las funciones de la presidencia. Gartner
califico las discapacidades mentales de Trump como una mezcla de “narcisismo”,
“paranoia”, “sociopatía”, y “sadismo”. Mientras que la Dra. Bandy Lee, Psiquiatra
forense y social, experta mundial en violencia, publicó The Dangerous Case
of Donald Trump:37 psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un
presidente".
Los
profesionales argumentaron que los problemas del presidente afectaban la salud
mental de la población estadounidense, y que ponía al país en grave riesgo de
guerra debido a sus rasgos patológicos. “Estamos profundamente preocupados
por el curso natural de esta presidencia, y cada día que pasa es una progresión
de peligro en muchos niveles”. “De hecho - afirmaba la Dra. Lee - mi
preocupación es que ya estamos presenciando un nuevo aspecto del estado mental
del Presidente, especialmente a medida que la frecuencia de sus mentiras
aumenta y el fervor de sus presentaciones públicas se intensifica”. ¡Y este
es el presidente, una vez más, de los poderosos Estados Unidos!
Otro
buen muchacho. Netanyahu,
a su vez, lleva en su país un juicio por corrupción desde 2020, y tres cargos
separados, soborno, fraude, y abuso de confianza. Además, en noviembre de 2024,
Jueces de la Corte Penal Internacional (CPI) emitieron órdenes de arresto
contra el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu,
su anterior ministro de Defensa Yoav Gallant, y contra Mohammed
Deif, un comandante militar de Hamás (supuestamente muerto.) Los jueces de
la CPI dicen que encontraron evidencia "razonable” para afirmar que los
tres son responsables de presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la
humanidad que habrían sido cometidos durante la guerra entre Israel y Hamás.
El
tercer buen muchacho.
Mohammed Deif, y Hamás, representan la furia extrema de una nación agredida, tras
oscuros conflictos de intereses regionales. Asesinaron a más de 1.200 hombres,
mujeres y niños inocentes, incluyendo a 46 estadounidenses, en uno de los
ataques terroristas más despiadado de la historia de Israel. Además de estos
asesinatos, Hamás tomó a 254 rehenes, entre ellos 12 estadounidenses. Por ello
es parte de los “buenos muchachos”, de esta nueva película.
Película cuyo
fin es impredecible; y más impredecible aun, su legado de odio y destrucción, dejando
a millones de seres humanos a la
intemperie, con hambre, y deseos de venganza.


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