La noche del payaso.
Todos los circos del mundo deben tener, obligatoriamente, un payaso que haga reír o llorar, con sus ocurrencias. Los he disfrutado, con mis hijos, en el sentido más real y presencial, años atrás. Porque los circos nos ofrecen todas las opciones para disfrutar de un hermoso y distendido espectáculo; entre la risa provocada por los payasos; el peligro del enfrentamiento con las feroces fieras, el arriesgado ejercicio de los motociclistas recorriendo la metálica esfera, los increíbles trapecistas que desafían las reglas básicas de la sostenibilidad aérea, o una bella domadora montada sobre el lomo de un elefante. Toda atracción sensorial, cabe en un circo.
Tradicionalmente,
las estructuras de nuestros adorados circos populares, que han sido y son el
disfrute familiar por excelencia, con el sacrificio de transportar su enorme
infraestructura de un país a otro, se desarrollan en amplias carpas de lona, o toldos de grandes
dimensiones usados como un edificio temporal.
Pero hoy, el más grande circo universal está montado en un cómodo y
lujoso palacio presidencial, dentro del cual, el payaso principal, domina todas
las demás actividades. Y sin duda, está instalado en el territorio de los Estados
Unidos de Norteamérica. Si; para mayor herencia de un protagonismo circense, dentro de sus interminables locuras y
payasadas, a Donald Trump se le ocurrió la construcción de un salón de baile, de 8.360 metros cuadrados, con un costo
estimado en más de U$S 400 millones.
Se
asegura que el ¡Salón de baile de Trump (su circo propio) será 3 veces más
grande que la residencia presidencial! Bernd Debusmann Jr, para BBC News, y
reportando desde la Casa Blanca nos relataba que persiste el misterio alrededor
de la identidad de los adinerados donantes y las corporaciones que lo
financian. El presidente estadounidense ha declarado que él mismo financiará
una parte importante de la construcción y ha sugerido que algunos donantes
amigos, aún anónimos, estarían dispuestos a gastar más de US$20 millones para
completar el proyecto.
Pero
un juez federal (Richard Leon) dictaminó que la construcción del salón de baile
de la Casa Blanca “¡tiene que detenerse!”. “El presidente de Estados
Unidos es el custodio de la Casa Blanca para las futuras generaciones de
Primeras Familias. ¡Sin embargo, no es el propietario!”, escribió el juez. El
modelo de financiación, a su vez, ha suscitado preocupación entre algunos
expertos legales, quienes afirman que podría equivaler a pagar, por conseguir
acceso a la administración. Entonces, Donald Trump fue autorizado para
construir el salón de baile en la Casa Blanca, pero la justicia mantiene
frenada la obra.
Nuevo “atontado” contra Donald
Trump.
Cole Tomas Allen, de 31 años, ingeniero
mecánico, máster en informática y profesor, es esta vez el sospechoso (“muy
perturbado”) según Donald Trump, de un nuevo atentado en su contra, durante la cena
de los Corresponsales de la Casa Blanca, en el Hotel Hilton. Ayer, fue Lee
Harvey Oswald (24 de noviembre de 1963) un ex infante de marina estadounidense
(supuestamente también “muy perturbado”, a quien le adjudicaron el asesinato
del presidente John F. Kennedy.
Funcionarios
de la Casa Blanca dijeron a CNN que familiares de Allen alertaron a las fuerzas
del orden sobre sus posibles planes de llevar a cabo un ataque, pero sigue sin
estar claro si la notificación ocurrió antes o después del incidente. La
nota que Allen “supuestamente” envió a familiares antes del ataque, decía
que pretendía atacar a funcionarios de la administración y expresaba su enojo
político, al tiempo que señalaba: “No espero perdón”. Y según aclara CNN, ahora
las autoridades están revisando la declaración que Cole “supuestamente”
envió, y su historial en redes sociales. Un poco tarde, ¿no? Collen había
recibido, incluso, un reconocimiento como “maestro del mes”, en diciembre de
2024 por la institución donde trabajaba.
La
historia es sospechosa. “Allen supuestamente viajó 4.000 km. en tren, desde su
casa en California hasta Washington, según el secretario interino de Justicia
Todd Blanche, (también asistente al evento) lo que le ayudó a transportar armas
sin un escrutinio de seguridad adicional en el aeropuerto”. También era huésped
del Washington Hilton, lo que le permitió estar dentro de la burbuja de
seguridad que rodea el evento.
¿Ni
en el tren, ni en el aeropuerto, ni en el hotel, se le ocurrió a alguien
revisar a Allen y encontrar su escopeta, su revolver, y sus varios cuchillos?
Pienso que tan solo la escopeta debería haber despertado alguna alarma. Los
investigadores creen (¿creen? que Allen disparó al menos un cartucho con
una escopeta, y los agentes respondieron con disparos, que” aparentemente no
lo alcanzaron”. ¡Solo un agente del Servicio Secreto recibió un disparo en
su chaleco antibalas!
¿Y
los tan celosos y profesionales guardias de seguridad, que normalmente hubieran
hecho un colador de Allen con sus disparos, esta vez, no acertaron ni una sola
bala? Además, Allen se paseó por un área donde se habían instalado máquinas de
magnetómetro para revisar a los invitados antes de que entraran al salón de
baile. ¿Las máquinas no advirtieron sus varias armas? ¿Tomó por sorpresa a los agentes
de la seguridad? “Eso
no debería haber ocurrido así; deberían haberlo detenido antes de que llegara
al área del vestíbulo”, dijo el funcionario federal de las fuerzas del orden.
Por su parte, el secretario interino de Justicia
Todd Blanche, ¡elogió ante CNN la respuesta de los agentes como “¡una enorme
historia de éxito en materia de seguridad!”.
“El
tercer atentado contra Trump deja en shock a unos Estados Unidos rotos:
"¿Por qué no hubo ningún control de identificación?" pregunta EL MUNDO de España. Realmente,
es tan poco creíble este nuevo atentado contra Trump, que más bien se me ocurre
llamarlo “atontado”, más que atentado. Porque ahora, tras el show (más que shock)
de este supuesto ataque contra su persona, el tercero durante sus presidencias,
Trump insiste y exige construir su salón de baile “militarmente seguro” en la
Casa Blanca. ¿Casualidad? ¿Causalidad?
“Lo
ocurrido anoche es precisamente la razón por la que nuestras magníficas Fuerzas
Armadas, el Servicio Secreto y todos los presidentes de los últimos 150 años
han estado EXIGIENDO que se construya un gran salón de baile seguro en los
terrenos de la Casa Blanca”, escribió el presidente de Estados Unidos”. (Pero
que sepamos, ¡ningún presidente anterior lo había propuesto!)
No
sé porqué - por algo será - que Donald
Trump, este personaje dantesco, más que a un payaso me recuerda y personifica al Chucky: ese muñeco diabólico e infernal de
una película de terror, que interpreta
a una madre viuda que le da un muñeco a su hijo, sin saber que el muñeco está poseído por el alma de un asesino en serie. O,
en este caso, de un loco en serie. ¡Y es que el mundo todo ya hace rato
que empezó a dudar de las mentiras y locuras de este payaso!
Esta noche colmó mis expectativas; este
circo ya no enamora ni a sus propios personajes. ¡Yo no compro más entradas!


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