La furia española y los
abrazos venezolanos.
Bueno, pues, vamos…que entre tanto dolor y tristeza con que nos castiga la naturaleza, soy capaz hasta de perdonarle a la furia española (la selección de fútbol) que nos haya ganado por un gol (tampoco fueron tantos) en este campeonato Mundial de la FIFA 2026, y que nos dejara afuera. Porque los españoles tienen eso: cuando son cerrados y turros, no hay burro que les iguale; pero cuando hay que ser solidarios y abiertos al mundo, demuestran su furia también fuera de una cancha de fútbol. Y rompen récords en otros campeonatos. Así como nos jodieron hace más de 500 pirulos atrás con su inmisericorde conquista (y aquello no fue un campeonato) hoy asumen su responsabilidad histórica y humana, con el pueblo de Venezuela.
Como como nos lo relata el periódico
EL MUNDO, en su edición del 9 de julio 2026, bajo el título “El hospital de campaña español que
rompe récords en Venezuela: "Estamos dando apoyo al sistema sanitario". Y es que esta vez, la furia
médica, atacó con todo. “La instalación médica rompe a diario sus récords de
asistencia a ciudadanos comunes y víctimas de la tragedia”, dice el reportaje,
refiriéndose al hospital de campaña levantado por la Agencia Española
de Cooperación Internacional (AECID) en el caraqueño Parque del Este,
donde se atienden a cientos de pacientes, traídos en autobuses de
los refugios, y también otros que han escuchado la noticia de la instalación.
Ese
mismo hermoso Parque del Este, que tantas veces visité y disfruté, durante mi
larga estadía en Caracas, y dentro del cual estaba la réplica caraqueña de la carabela
o nao española, Santa María, y en la que Cristóbal Colón llegó a América en
1492, ya parcialmente destruida por el paso del tiempo, y la falta de
mantenimiento. Y que más tarde Chávez ordenara desmantelar, como parte de su
campaña independentista.
“Desde
que abriera de par en par sus puertas, en enormes carpas con casetas aledañas,
los 30 integrantes del equipo central (médicos, enfermeros, auxiliares), 10
bomberos madrileños del SUMA y dos cocineros de la ong CESAL trabajan a destajo
durante 12 horas. -nos relata EL MUNDO. Al
tratarse de un hospital del tipo uno no hay hospitalizaciones, pero la
condición es que sea autogestionado y automantenido, por eso existe una zona de
vida donde descansan los miembros del equipo, con placas solares y agua
potabilizada. Traumatología, un cirujano para las heridas más graves,
ginecología, Rayos X, laboratorio y un gabinete psicológico y psiquiátrico,
con muchos niños como víctimas.
"Los niños vienen con más
temor, aparecen cogidos al pantalón de sus padres, o si no, de la mano. Muy
calladitos, retraídos. No quieren dormir solos, han vuelto a las camas de sus
padres. Hay ataques de ansiedad, de pánico, insomnio. Son síntomas de trauma
psicológico por la inminente sensación de pérdida de la vida. Todos los casos
son muy parecidos", precisa el reconocido psiquiatra Ricardo Angora,
directivo de Médicos del Mundo y presente en guerras y catástrofes.
"Rescatar personas (de entre
los escombros) es increíble, pero aquí tenemos un impacto mayor en la
sociedad", se congratula el bombero de San Blas, Ramón Chaparro, quien
también forma parte de Bomberos Unidos. El bombero madrileño, junto a sus
compañeros, trabaja a toda velocidad para expandir el hospital con nuevas
instalaciones. El tema de debate durante el desayuno de hoy adelanta que pese a
las urgencias el grupo de españoles ya conoce de primera mano el espíritu de
estas gentes, algo que también transmitieron a este reportero los miembros de
las brigadas de la Unidad Militar de Emergencias (UME) durante
su despliegue en la zona cero de La Guaira.
"Lo hemos hablado entre
nosotros, que venimos dispuestos a ayudar y nos encontramos con una
gente que te da todo lo que tiene y más. Es chocante. Y no sólo agua,
alimentos, también abrazos. Esta humanidad nos fascina", confiesa Chaparro, quien pese al poco tiempo que lleva en Caracas
ya ha descubierto uno de los secretos de estas tierras: los abrazos
venezolanos.
¡Carajo!
A veces la fiebre histórica de los acontecimientos, no nos permite visibilizar
las enormes transformaciones sociales, durante las cuales los ayer
colonizadores, hoy deciden entender, aprender, y colaborar (a su modo) con esa
parte de la humanidad que nos necesita a todos.
Por
este ejemplo humano hacia mi comunidad de hermanos venezolanos, momentáneamente
dejaré de lado mis reivindicaciones viscerales, y aún las futbolísticas deportivas,
para reconocer este ejemplo de solidaridad, ante el cual, el bombero Ronaldo
Chaparro, quien pese al poco tiempo que lleva en Caracas ya ha descubierto -al
igual que yo, durante mi estadía -uno de los hermosos secretos de estas
tierras: ¡los abrazos venezolanos!
¡Vamo’arriba,
Venezuela!


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