“Disfruta tus últimos 35 años, antes de que todo termine”.
Este el título de un artículo en El Cronista, refiriéndose a las advertencias de Un Premio Nobel de Física que le puso fecha al fin de la humanidad. Nunca he creído en esos supuestos profetas que viven alertando sobre la próxima extinción de la humanidad. Un tema que tanto reditúa en los titulares y artículos de la prensa sensacionalista, y que puede producir un caos social de consecuencias inimaginables. Y ahí está, además, buena parte de la explicación de una posible autodestrucción.
Pero
David Gross, Premio Nobel de Física, 2024, y quien no es ningún profeta
iluminado, aplicando la lógica probabilística de la física a la geopolítica
global, concluye en que distintos factores han convertido el futuro en un
terreno mucho más frágil, y cree que a la humanidad solo le quedan 35 años, a
lo sumo 50. Por ello, muchos analistas detectan paralelismos entre la sociedad
actual y el mundo de “1984”, la obra de George Orwell, sugiriendo
que estamos comenzando a vivir en lo que se ha conocido como sociedad orwelliana, una
sociedad donde se manipula la información, y se practica
la vigilancia masiva, y la represión política y social. ¿Y
acaso esto no es aplicado ya, por países, tanto del capitalismo como del
comunismo?
«El
Partido te ordenó que rechazaras la evidencia de tus propios ojos y oídos».
En esta célebre frase, Orwell describe el peligro del control totalitario
absoluto, donde el régimen dictatorial altera el pasado, e impone su propia "verdad"
sobre los hechos reales, explicando la distopía que sigue siendo una advertencia.
Como escribe Samantha Senn, experta en justicia, derecho y criminalidad, esto
es producto de un esfuerzo concertado por parte de las agencias de inteligencia
allá por la década de 1950.
Pienso
que en estos conceptos sigue estando el verdadero peligro para la supervivencia
de la humanidad, cuando hemos puesto la responsabilidad de nuestros pueblos en
manos de insanos protagonistas, como Donald Trump, en Estados Unidos, o
Benjamín Netanyahu, en Israel. Estos son
los verdaderos y mayores peligros para nuestra humanidad. Uno de los factores que más preocupa al Nobel David Gross,
es la desaparición de los mecanismos de control nuclear construidos tras la
Guerra Fría; el Tratado New START, el último gran acuerdo entre Estados Unidos
y Rusia para limitar armas estratégicas nucleares, expiró el 5 de febrero de
2026 sin un relevo legal equivalente.
Recordemos, más acá, que, en 2018, el
descerebrado Donald Trump, confirmó que Estados Unidos abandonaba el acuerdo
nuclear con Irán, un acuerdo firmado por Teherán con el grupo formado por Alemania,
China, Estados Unidos, Francia, Reino Unido y Rusia, y que establece límites y
controles al programa nuclear iraní, a cambio del levantamiento de
sanciones internacionales. Según el Instituto Internacional de Estocolmo para
la Investigación de la Paz, a comienzos de 2025 había nueve Estados con
arsenales nucleares activos, con un total de 12.241 armas.
¿Y las fallas humanas? El peligro, por tanto, no reside solo
en una decisión deliberada de iniciar una guerra. También está en la cadena de
accidentes, respuestas precipitadas y sistemas de alerta que pueden
fallar bajo presión extrema. Recordemos que, en 2017, el
psicólogo John Gartner recopiló más de 41.000 firmas de profesionales
de la salud mental, afirmando que Trump padecía una grave enfermedad mental y
era "psicológicamente incapaz de desempeñar competentemente las funciones
de la presidencia”. Gartner calificó las discapacidades mentales de Trump, como
una mezcla de “narcisismo”, “paranoia”, “sociopatía”, y “sadismo”.
En
octubre de 2017, la Dra. Bandy Lee, psiquiatra forense y social, experta
mundial en violencia, que enseñó en la Facultad de Medicina y la Facultad de
Derecho de Yale, publicó The Dangerous Case of Donald Trump:37
psiquiatras y expertos en salud mental evalúan a un presidente". “Estamos profundamente
preocupados por el curso natural de esta presidencia, y cada día que pasa es
una progresión de peligro en muchos niveles” -advirtió Lee. Y aclaró que varios miles de
profesionales de la salud mental, miembros de la “Coalición Nacional de
Expertos en Salud Mental” comparten la opinión de que los códigos de
lanzamiento nuclear no deberían estar en manos de alguien que exhiba
tales niveles de inestabilidad”.
Adictos a las
guerras. Sumémosle a esto que, como declaró
Zhang Xiaogang, portavoz del Ministerio de Defensa Nacional de China. «Estados Unidos
es adicto a las guerras. A lo largo de sus 240 años historia, ha estado en
guerra todos los años, excepto en 16. Sus irresponsables acciones en materia de
control de armas, incluyendo la retirada de tratados y el incumplimiento de
compromisos, lo convirtieron en la mayor fuente de incertidumbre para el orden
nuclear internacional, la estabilidad estratégica global, e inestabilidad
mundial».
Y el otro adicto a las guerras, es el socio de
Donald Trump, Benjamín Netanyahu, quien más allá del genocidio y asesinato de
miles de mujeres y niños en Gaza, y aún en hospitales y escuelas del Líbano, ha
emprendido, junto con Estados Unidos una feroz guerra contra Irán, bajo el
pretexto de frenar el programa nuclear iraní y desmantelar su red de apoyo a
grupos regionales como Hezbolá y Hamás. ¡Abandonando, deliberadamente, el acuerdo
aprobado por Teherán con el grupo formado por seis países, que establecía
límites y controles al programa nuclear iraní!
Benjamín Netanyahu, enfrenta graves acusaciones
tanto a nivel nacional como internacional. En los tribunales israelíes está
siendo juzgado por corrupción en tres casos distintos, enfrentando cargos de soborno,
fraude y abuso de confianza. Además, la Corte Penal Internacional ha
emitido una orden de arresto en su contra por crímenes de guerra y de lesa
humanidad. Aunque los grandes medios no destacan lo que estas irresponsables
acciones le están costando a ese pueblo, este
30 de julio, Israel anunció el cierre de su único puerto en el Mar Rojo, Eilat,
una terminal vital, debido a la crisis de deuda provocada por el prolongado
bloqueo marítimo impuesto por el movimiento de resistencia yemení, paralizando
esa instalación estratégica.
Conclusión. Estados Unidos no logró doblegar a
Irán, pese a los millones de dólares invertidos, y las pérdidas y equipos
militares perdidos; malgastó los ahorros y encareció la vida de sus propios
ciudadanos, y sigue desangrando a su población, por caprichos de un enfermo
mental que pretende imponer su figura ante el mundo entero. Netanyahu es un poseído por sentimientos de
grandeza que -en lugar de buscar la paz para su pueblo -lo impulsa a sufrir las
consecuencias de una estúpida y eterna guerra, criminal y suicida. Hay personas
malas, en este universo; realmente malas.
¿Cuál
de estos peligros pondrá fin a nuestra existencia, en nuestros próximos 35
años?


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