“Los Mambas MK-7”, y los “Mambos” de la política uruguaya.
Durante su comparecencia en la Comisión Especial de Seguridad y Convivencia de la Cámara de Diputados, el ministro del Interior, Carlos Negro, reveló que su cartera se encuentra trabajando en un convenio con el Ministerio de Defensa Nacional para que vehículos blindados del Ejército, comiencen a realizar tareas de patrullaje en barrios de Montevideo donde se están llevando adelante los operativos "Dominio" y "Atenea".
¿De qué se trata? A finales de marzo, el embajador de
Estados Unidos en Uruguay, hizo entrega de la última unidad de 14
vehículos blindados Mamba MK-7 ,donados por el gobierno estadounidense
al Ejército Nacional, financiados a través de la Iniciativa Global de
Operaciones de Paz (GPOI, por su sigla en inglés) del Departamento de
Estado de los Estados Unidos, y valuados en unos US$ 11 millones. Como era
previsible, dirigentes de la oposición cuestionaron la iniciativa de la forma
más peyorativa posible. Simplemente, por estar en la oposición.
El diputado del Partido
Nacional Pablo Abdala, exsubsecretario de Interior durante el
gobierno anterior, señaló que "el gobierno, desbordado por la situación,
sigue dando bandazos y pegando manotazos en materia de seguridad". “Ahora
los militares a patrullar las calles, o algo parecido a eso. Puede compartirse,
pero no está claro el alcance del planteo. Con seguridad, ni el ministro lo
tiene claro”, aseveró, menospreciando el hecho. En línea con Abdala, el senador
nacionalista Javier García, exministro de Defensa que nos regaló la
vergüenza de la estafa del caso de las patrulleras de Cardama, indicó que “Policías
mandando soldados es romper mando y conflicto en puerta. Es imprescindible
que estén amparados legalmente".
También se opone furibundamente,
el viejo, resentido, y anquilosado, PIT-CNT, fiel a su ideología castrista,
comunista, de “que se mueran todos pero que se salve la revolución”. ¿Se
imaginan ustedes al Uruguay gobernado por las mentes preclaras de la sindical
obrera, (admiradora del modelo cubano) y que se ha opuesto siempre a todos los
mejores cambios y adelantos que han mejorado la vida de la población y el
reconocimiento a nivel mundial, de la nación? Vale la pena
destacar, que, la donación “histórica” como fue denominada por la
delegación norteamericana, se anunció en
julio de 2024, durante el gobierno de Joe Biden. O sea, no fue una de
esas maravillosas, geniales, extraordinarias, ni hermosas, obras del actual
presidente Donald Trump.
¿Cómo son los Mamba MK-7 y para qué se usan? Cuando fue
anunciada la donación en 2024, el comandante en jefe del Ejército, Mario
Stevenazzi, destacó que los vehículos son "de última generación",
"versátiles", "muy confiables", así como "muy
adecuados" para cumplir las misiones de paz. Los blindados, mejoran la "capacidad
operacional" del Ejército, pero sobre todo "garantizan la seguridad
personal de los efectivos", por la protección antiminas del
vehículo. A su vez, esta característica es uno de los requerimientos de ONU para
participar de otras misiones.
¿Cómo son los “Mambos” de la política
uruguaya? Recordemos
que el “Mambo” es un género musical y
de baile latino de origen cubano, que nace de la mezcla de música de tradicional cubana (surgida de influencias
africanas) con ritmos típicos americanos como el swing y el big band). Y en
nuestro Uruguay político, disfrutamos de un especial mambo nacido de mezclas de
ideologías y paradigmas existenciales del tipo cubano, y otras más liberales con
un swing y big band ) norteamericano, que nos mantienen bailando en la cuerda
floja entre lo humano y lo inhumano. A
los delincuentes uruguayos nos les gustan los policías en la calle; y a los
ciudadanos mas radicales de la izquierda uruguaya, no les gustan los militares
en la calle. Por ello la ministra Lazo salió a aclarar, antes de que comenzaran
a caer los palos desde su propio rancho, "Creo que la noticia se disparó
por un lugar que no era el correcto. No son los militares en la calle,
porque no es su misión, sino que es la cooperación con vehículos
para que la policía cumpla con su rol en la seguridad pública en aquellos
lugares donde es más complejo ingresar”.
Y los tiros intestinos desde el
propio gallinero no tardaron en llegar. Desde lo más rancio de la izquierda y
del Partido Comunista, el ahora Ministro de Trabajo, Juan Castillo, ex
secretario del Partido, salió a cacarear que “para el conjunto de la sociedad
la imagen de que las calles estén patrulladas por camionetas del Ejército, no
es una buena cosa”. Ante lo cual, el presidente Orsi, muy atinadamente,
respondió que “Acá no es un tema de imagen, es un tema de acción”. Está
equivocado Castillo, también en esto, como en tantas otras cosas.
Con toda seguridad que, si se
realizara una consulta a la ciudadanía sobre su percepción acerca de
“camionetas del Ejército patrullando las calles”, el resultado sería demoledor
en su aceptación. Nuestras calles, actualmente, están patrulladas e invadidas
por la delincuencia, el narcotráfico, y lo peor de nuestra sociedad.
No son de extrañar estas manifestaciones del
Ministro de Trabajo que, en realidad no está haciendo muy bien su trabajo,
desde el momento en que asistimos a un sindicalismo abusivo, envalentonado,
destructivo y decadente, que permite que funcionarios del puerto de Montevideo,
frecuentemente pongan en peligro las exportaciones tan necesarias para la
nación, o que la mejor Cooperativa lechera de Sudamérica, Conaprole, esté
frecuentemente jaqueada por la intransigencia de empleados que no respetan
convenios ni acuerdos laborales, que el mismo Ministro debería hacer cumplir.
No ayudan al gobierno tampoco,
las declaraciones de la integrante de su fuerza política, la senadora Constanza
Moreira, opinando que “La militarización de un conflicto implica pasar a una lógica
de guerra”, y también, según ella, que hay “resistencia” de los militares, que
“no quieren participar en la seguridad pública”. Opiniones muy subjetivas y de
dudosa credibilidad, puesto que, en primer lugar, ya estamos en una lógica de
guerra de “ellos o nosotros”, por un lado, y, por otro. cuesta creer en la
resistencia de los militares y su no querer participar en la seguridad pública,
puesto que, tanto por mandato legal, como por vocación, siempre han estado y
están, dispuestos a colaborar, en cuanto siniestro natural, crisis de
asistencia social, o auxilio a otras instituciones y exigencias que lo
demanden.
Un error existencialmente vigente,
en Uruguay, desde aquellas oscuras y vergonzantes situaciones derivadas de una
dictadura militar, es confundir aquellos hechos en los cuales, por miopía gubernamental
civil, o ineficiente política institucional, los militares fueron utilizados -con
sus excesos -para defender y proteger el orden constitucional, ante excesos ciudadanos
que ponen en peligro la paz social. En todo caso, recordemos que los militares,
en estados de democracia, responden al mandato del poder civil gubernamental.
No creo, pues, que los Mamba MK-7,
asusten a la población, ávida de soluciones que cambien sus percepciones de
inseguridad permanente, por otras de mayor protección “institucionalmente”. A
veces, los “Mambos” mentales de nuestra política, pueden ser más peligrosos que
los de una percepción militarista, la cual siempre -con inteligencia
democrática – podremos limitar, contra enemigos delincuenciales, que creamos nosotros
mismos.


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